Explican los libros de aventuras y los buenos meteorólogos que en el ojo del huracán hay una cierta calma. El ojo es la región central y más calmada de los ciclones, allí donde baja la presión y los vientos son suaves. Está rodeado por torres de tormenta verticales. Más o menos como las vacaciones. Terminado el periodo estival comenzará a llover a cántaros, y quedará negada la idea de que la vida es un lugar lento, acogedor, donde se comen helados. El curso promete emociones fuertes y diversas tormentas huracanadas.
En Cataluña, el gobierno del presidente Illa comienza el curso con los mismos problemas con los que lo acabó y con los socios en la Moncloa más debilitados. El principal escollo, el más inmediato, es la tensión laboral en el mundo de la enseñanza, en un país donde los resultados de la escuela son muy malos. ¡Eso cuando los tenemos! Esta semana, la consejera presentará su plan de vuelta a las aulas y los resultados de la investigación interna del fiasco de las pruebas PISA. Veremos si hay alguna explicación más allá de la dejadez y la incompetencia. Pero sobre todo necesitamos saber cómo se evitará que se repita y qué medidas realmente transformadoras se aplicarán para que la escuela se prepare para el futuro. Cataluña ha llegado al límite de las propuestas bienintencionadas que no dan resultados. Si queremos que los adultos tengan capacidad crítica deberán saber leer, sumar e idiomas. Si queremos que los recién llegados se integren deberán entender la lengua y tener profesores que les ayuden. Y si queremos un sistema inclusivo se deberán tener medios suficientes y dedicarlos a los estudiantes en un entorno que respete y se adecúe a la complejidad sin penalizaciones a unos y otros. Sin medios suficientes, la escuela inclusiva solo es un concepto vacío abocado al fracaso. También necesitaremos sindicatos responsables que entiendan que la competición por sus elecciones de marzo no puede cargar otro curso de unos estudiantes que van perdiendo tiempo de capacitación.
Si la enseñanza es lo más urgente y concreto antes de que despierte un sistema de salud ultratensionado, el movimiento político de fondo se verá a través de las urnas. Municipales y generales pondrán de manifiesto el humor o, más bien, el mal humor de la sociedad. Las encuestas indican que ni Cataluña ni España quedarán fuera de la ola de extrema derecha que se alimenta de la falta de gestión, el desconcierto por la rapidísima transformación tecnológica y laboral, la inflación, y la manipulación y la desinformación sistematizadas. El odio al diferente se va alimentando imparablemente y desacomplejadamente, poniendo difícil la aplicación de políticas templadas que se basen en el conocimiento de la historia. Nadie podrá decir que no sabía que determinadas actuaciones desencadenan resultados repugnantes. Pero aquí estamos.
Este curso Pedro Sánchez convocará elecciones, y del reagrupamiento de la izquierda y de la fuerza de Vox dependerá el futuro de todos. Previsiblemente Salvador Illa se convertirá en la reserva socialdemócrata de Occidente y podrá endurecer sus demandas al Estado. Pero la credibilidad de las demandas dependerá de la credibilidad que se haya ganado antes el PSOE y de la fuerza con que haya apostado por aprobar el sistema de financiación, la inversión en la todavía tercermundista Cercanías o la aplicación de la amnistía.
Europa continuará en modo gestión de sus miserias. La guerra de Ucrania necesita una mayor apuesta común para derrotar a Putin, un espía con ínfulas imperiales sin escrúpulos que no detiene su enriquecimiento personal y el empobrecimiento de un pueblo que no ha llegado a saber qué es la democracia.
Putin comparte esta visión de desdén de la democracia liberal con Trump y Xi, el resto de los líderes que marcan la geopolítica mundial.
Pero si algo nos transformará de manera rapidísima e imparable es la aplicación, casi la inundación, de la inteligencia artificial en todos los ámbitos de nuestra vida. Explicamos la situación de cambio de era en el dossier de este domingo. En periodismo convendría no ser luditas ni ingenuos, la IA mejorará nuestra capacidad de producir información y también dará alas a los manipuladores. Para los ciudadanos, nunca como ahora será tan importante elegir bien en qué socios queremos depositar la confianza para formarnos un criterio sobre la realidad que nos rodea. En caso de que queramos tener criterio y no entregarnos sin resistencia a la somnolencia de la imbecilidad. Este es nuestro verdadero huracán.