Salud mental

Marcos Franz: "Durante 'Merlí' tuve comportamientos superagresivos con fans porque estaba completamente alterado"

Actor y escritor

19/09/2026 - 08:01 h.
6 min

Marcos Franz (Mataró, 1993) se hizo famoso gracias a su participación en Merlí, donde interpretaba a Gerard. Era su puerta de entrada a la televisión y al mundo de la actuación, pero no la disfrutó porque en aquel momento estaba atrapado en una relación de manipulación que le destrozó psicológicamente. El actor habla ahora de esta experiencia en el libro Cuando dejé de ser yo (Alienta Editorial).

En tu libro explicas que cuando empezaste a hacer Merlí era, en teoría, tu gran momento profesional. Tú lo viviste como tu peor momento. ¿Por qué?

— Sí, porque justo cuando empezábamos los ensayos de Merlí, que los hacíamos en una casa de colonias, conecté con una persona con quien parecía que tendría una relación que iba a ser de colegas y amigos. Nos juntábamos de forma creativa porque él había estudiado guion y yo era actor, y parecía que quizás nos podríamos entender, crear proyectos y cosas. Y, poco a poco, con los meses, se volvió todo bastante turbio, bastante oscuro. El tipo lo hacía muy bien, muy poco a poco, no me lo escupía todo en cinco minutos. Me explicaba que venía de una familia que estaba en unos círculos de poder, en ciertas élites que controlaban el mundo. Me explicaba que todos los artistas, músicos, actores, científicos, personas que forman parte de la historia y del relato de la humanidad vienen de aquí y que están todos controlados para transmitir ciertos discursos a la sociedad. Todo esto me trastocó muchísimo, me hizo pensar que el mundo que yo había conocido hasta aquel momento era completamente falso, que todo era artificial. Me desconecté muchísimo. Me generó despersonalización y, finalmente, depresión.

Defines esta relación como una relación de manipulación y abuso psicológico. ¿Tardaste mucho tiempo en llegar a esta conclusión?

— Sí, no llegué a esta definición hasta después de un largo viaje de abandono de esta persona, de bloquearlo e irme solo, a Madrid. Finalmente, cuando volví aquí e hice terapia, sí que me di cuenta de que había sido una relación de abuso psicológico.

¿Él controlaba de alguna manera cómo tú veías el mundo?

— Sí, exacto. Dependía de él al 100%. Yo sentía que todo era hostil. Me decía que era mejor que no escuchara a los compañeros de la serie, que no escuchara a los directores, porque ellos no conocían la verdadera historia de la humanidad y cómo funcionaba el engranaje. Eran personas dormidas y él, en cambio, sí que conocía todo aquello. Me decía que eran peones de la sociedad y que no los debía escuchar porque si no acabaría como ellos. Si realmente quería liberarme, lo debía escuchar a él y seguirlo. Esto me hizo dudar de todos, odiar a todos y solo estar bajo los pies de esta persona. No escuchaba a nadie más.

En medio de todo esto, Merlí te hizo famoso. ¿Era fácil gestionar la popularidad en este contexto?

— Era muy difícil porque se juntaban diversos componentes. Por un lado, estaba la ansiedad que te puede dar un poco el fenómeno juvenil fanático, que no era lo más agradable del mundo. No es lo mismo que te reconozca una persona adulta y te felicite por el trabajo que un grupo de chicas gritando y persiguiéndote. Esto sumado a toda la ansiedad y paranoia que tenía... Realmente, tuve unos comportamientos superagresivos con fans, de gritarles y decirles que no quería hacerme una foto, que me dejaran, que no sabían nada de mí. Yo estaba completamente alterado.

¿En todo este descenso a los infiernos había alguien de tu entorno que se diera cuenta de lo que te estaba pasando?

— Sí, en el libro hablo mucho de dos personas. Una es Adrian Grösser, que también es actor de Merlí. Él sí que conoció a esta persona cara a cara y fue de las primeras personas que me dijo: "Huye de este tío como sea". Me intentó ayudar como podía, pero yo estaba muy atrapado. Y el otro es Mauri, un muy buen amigo mío desde la adolescencia que también me ayudaba bastante a intentar hacerme ver la realidad de las cosas, pero yo estaba completamente ciego.

¿Tus padres también llegaron a conocerlo? ¿Cómo lo vivían ellos?

— Sí, mis padres lo conocieron y mi madre me hizo algún comentario, pero no fue más allá. Con mi familia yo intentaba disimular mucho. Era muy extraño, porque, por una parte, yo creía firmemente en el discurso de esta persona, pero después cuando estaba con mi familia intentaba que no se me notara. Él también me decía que intentara no hablar de esto con nadie y que lo callara porque me tildarían de loco. Su relato era que no estaba loco, sino que estaba despertando.

El escenario que describes tiene puntos de conexión con comportamientos sectarios. ¿Es así?

— Sí, yo sentía que estaba en una secta, sí. Pero no estaba dentro de un grupo, ni había una sala, ni una logia, o como le digan. Era una relación de dos personas, en la que él era mi maestro. Y hablábamos constantemente por WhatsApp, me advertía sobre qué hacer, qué no hacer, cómo vestir, cómo no vestir. Lo controlaba absolutamente todo, yo no tenía voz.

Lograste cortar el contacto con esta persona, pero tú continuaste sin estar bien psicológicamente.

— Exacto. Cortar con esta persona no significa automáticamente cortar con todo lo que te ha metido en la cabeza, claro. Yo lo llamo el parásito. En cierta manera, hay un parásito que sigue comiéndote la cabeza. Y sí, por mucho que cortara con esta persona, yo seguía todavía con aquellas ideas. Cada día me decía: "No te lo creas, no le hagas caso, elimina eso de la cabeza, arráncalo como sea". Hablaba conmigo mismo constantemente, incluso pensé en volver a llamarle y hablar con él porque me veía superperdido en el mundo y completamente solo.

En esta etapa también tuviste problemas de consumo de drogas. ¿Era la manera de evadirte de ti mismo?

— Sí, consumía muchísimo alcohol. Quizás me emborrachaba tres días a la semana, pero borracheras bestiales. Me tomaba una cerveza y sentía que me calmaba la cabeza. Todo lo que hacía, como consumir fármacos como diazepam u otras drogas, eran parches para tapar todo el volcán que tenía en la cabeza. Una vez se acababa el efecto del parche, el dolor seguía ahí. Era un bucle de caer, levantarme, caer, levantarme. Tenía que frenar todo aquello de alguna manera.

En el libro hablas de tu ego y de la necesidad de poder.

— De pequeño sufrí acoso. Me sentí muy pequeño, muy menospreciado, muy solo, con muchas dudas. Todo esto hizo que cayera fácilmente en el relato de una persona que me decía que podía entender todo lo que me había pasado y que me explicaba que todo era a causa de unos círculos de poder que controlaban la humanidad. Me decía: "Tú eres una persona sensible y eres capaz de acceder a un estado más elevado. Tú eres una persona especial". Con este relato me enganchó.

¿Cómo ha sido el proceso de escribir el libro?

— Comencé en 2019, mucho antes de la terapia. Cuando me ponía a escribir temblaba, lloraba, no podía hablar del tema. Me bloqueaba muchísimo. Dejé de escribir el libro y volví a empezar en 2022. Comencé terapia en 2023, más o menos, y en 2025, después de dos años, me sentía mucho más fuerte mentalmente. Y dije, ahora sí, voy a escribir el libro. Ahora no siento culpa, no siento vergüenza, no siento todos estos estados emocionales que me impedían poder compartir esto con el mundo.

Más allá de esta relación de manipulación, en el libro hablas del mal rato que te hizo pasar un actor de Merlí de quien no dices el nombre real.

— Sí, le llamo Miguel para que no se parezca ni un poco a ninguno de los nombres de los actores. Tenía ganas de contarlo, porque es una persona que también me hizo mucho daño, me hizo bullying, no solo en el rodaje, sino también fuera del rodaje. También fue uno de los motivos por los cuales me desencanté un poco de la actuación y estuve unos años, de hecho, sin trabajar ni ir a castings. Quiero decir, estuve quizás tres años sin dedicarme a ello.

Cuando ahora ves imágenes de Merlí, ¿qué sientes?

— [Cuando las veo] Reacciono y no del todo positivamente. Mi sistema todavía relaciona Merlí con toda aquella época. Y yo no me puedo ver actuando. De hecho, la segunda temporada es la peor de todas porque es cuando estaba más dentro de la relación. Puedo ver quizás una escena de otros actores, ningún problema, pero si me veo a mí lo paso fatal porque no me reconozco, la verdad.

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