El sistema educativo catalán está peor de lo que parece. O no. Se han escrito ríos de tinta al respecto. A los no versados en la materia, como yo, las cifras nos pueden ayudar a ordenar las ideas. Un estudio reciente de la OCDE obliga a matizar el diagnóstico y, sobre todo, a revisar las respuestas necesarias. De hecho, el estudio plantea recomendaciones que conectan con retos compartidos por muchos otros sectores que, como el educativo, se encuentran inmersos en transformaciones aceleradas y profundas.Uno de los elementos que activan la atención sobre el sistema educativo catalán es el descenso de los resultados de PISA. Cataluña partía de una posición relativamente aventajada, pero acumula un retroceso persistente y pronunciado, y ahora se sitúa por debajo de otros referentes. Estos titulares ayudan a que cuaje una sensación de decadencia. Sin embargo, hay aspectos que han recibido menos atención y que matizan –si no cambian– el diagnóstico. El primero: el descenso de los resultados es generalizado. Esto obliga a buscar parte de la explicación en fenómenos compartidos con otros países, probablemente fuera del alcance directo de nuestro sistema educativo. Algo ha cambiado que dificulta el aprendizaje.Un dato nos da pistas: la proporción de alumnos con necesidades de apoyo especiales ha pasado de menos del 10% en 2017 a casi el 40% este año. Lo has leído bien: cuatro de cada diez alumnos requieren una atención diferenciada. Es una media para el conjunto de Cataluña; en algunos centros es inferior y en otros, superior. Entre los factores que más crecen destaca el autismo, con un aumento del 155%. Ahora bien, parte de estos incrementos responden a una mejor capacidad de detección del apoyo que necesita cada alumno, y el sistema educativo tiene la voluntad de ofrecer una atención más personalizada, justo al contrario del relato de un sistema decadente. Datos como estos deberían activar debates e investigación que van más allá del ámbito educativo.Los factores socioeconómicos
Segundo, el descenso de los resultados de PISA es más intenso en Cataluña que en el conjunto de países de la OCDE o en otras regiones de referencia. Pero, si se tiene en cuenta el cambio en la composición socioeconómica del alumnado, el diferencial se reduce sustancialmente. Dicho de otra manera: el retroceso es mayor porque ha aumentado la proporción de alumnos con condiciones socioeconómicas desfavorables. La OCDE, y otros estudios académicos, lo vinculan en parte al aumento de la pobreza infantil y a los flujos migratorios. Una vez más, conviene evitar simplificaciones: no es que estos alumnos tengan menos potencial académico, sino que se encuentran con condiciones económicas y familiares más difíciles, incorporaciones tardías al sistema y barreras lingüísticas. La suma de estos factores dificulta la tarea docente y repercute en el rendimiento escolar. Los resultados de los alumnos con entornos socioeconómicos acomodados son similares a los de otras regiones de referencia.El foco, pues, debe ponerse en cómo adaptar el sistema educativo a un entorno que ha cambiado rápidamente y se ha hecho más complejo. Así, se aleja el fantasma de la decadencia, se recuerda la necesidad de huir de los titulares simplistas y, al mismo tiempo, se interpela a la acción. El estrés bajo el que vive el sistema educativo requiere más recursos y, según el informe de la OCDE, también hay que mejorar la eficacia con que se utilizan. Hay que ajustar el apoyo a cada centro según sus necesidades cambiantes y, al mismo tiempo, garantizar equipos docentes estables que conozcan y puedan acompañar al alumnado.Este mismo entorno exige también un impulso al sistema de formación de los profesionales y la creación de mecanismos para detectar y difundir las mejores prácticas. Son retos que no son exclusivos de la educación. Ningún sector escapa de la transformación social y tecnológica acelerada que vivimos. Ninguna empresa puede evitar repensar sus procesos, identificar buenas prácticas o mantener a los trabajadores formados en un contexto de cambio y recursos limitados. A todos nos resulta familiar el desconcierto y la inquietud que esta situación genera, y que alimenta, a menudo, la resistencia al cambio y la desconfianza.Ahora bien, el sistema educativo no es un sector más. Es la piedra angular sobre la que se articula la sociedad. Si queremos que continúe siendo próspera, justa y libre, debe dar un paso adelante: asumir el liderazgo y marcar el camino. Necesitamos que el sistema educativo nos vuelva a dar una lección.