¿Puede China hacer caer la economía alemana?
Hace unas semanas, tomando un té en una cafetería de Berlín, una sinóloga alemana me explicaba con preocupación la decadencia de la economía de su país. La industria de Alemania, que hace años era de las más potentes del mundo, ahora va con el agua al cuello para resistir la competencia china. El choque más fuerte es en el sector del automóvil, el principal motor económico alemán –y también europeo–. China se ha alzado como el líder mundial del vehículo eléctrico, mientras que el motor de combustión alemán es cada vez más una pieza de museo. Volkswagen ha anunciado que recortará 100.000 puestos de trabajo a nivel mundial. Cada mes se pierden 10.000 empleos industriales en Alemania, buena parte de ellos en el Mittelstand, el tejido de empresas exportadoras medianas y pequeñas del país. En parte, esta caída industrial de Alemania está causada por China. Las empresas industriales chinas ahora fabrican los productos complejos, caros y avanzados que antes solo manufacturaba la industria occidental. El gobierno chino ha dado subvenciones, devaluado el yuan y extraído transferencias tecnológicas de las empresas europeas que invertían en China. Pero también ha sido fuertemente innovador y previsor a nivel tecnológico. Ante esto, el gobierno alemán quiere que la Unión Europea imponga más restricciones y condiciones a los productos y empresas chinas que llegan a la UE, para así poder proteger su tejido industrial.Detener a China, sin embargo, no hará reflorecer la economía alemana. El principal problema del modelo económico de Berlín es interno. Alemania no tiene un Google, una Nvidia o un Huawei: la gran mayoría de sus grandes empresas actuales se crearon a finales del siglo XIX y principios del XX. Durante décadas, ha habido una actitud complaciente en la clase política y la población alemana, creyendo que estas grandes empresas tirarían eternamente de la economía y la innovación. Pero el resultado ha sido el contrario: más enfocadas en pagar dividendos a los socios que en invertir en I+D, las grandes empresas alemanas han perdido carreras clave como la del coche eléctrico. La economía alemana está poco digitalizada y altamente burocratizada, un ambiente donde nuevas empresas tecnológicas tienen difícil hacerse un lugar. Berlín pide restricciones
Alemania debería haber reaccionado antes. Hasta hace poco, las empresas alemanas hacían lobby para mantener el mercado chino abierto para sus exportaciones; ahora, buena parte de ellas piden restricciones hacia Pekín. Berlín pide ahora que se tomen medidas contra el poder industrial chino, pero cuando este afectó en los años 2000 a las economías del sur de Europa, la respuesta alemana fue que estas se habían de adaptar a la globalización.La posición alemana nos puede parecer oportunista. Pero las consecuencias que la primera economía europea entrase en crisis serían bien reales y perjudiciales para toda Europa. El sector del automóvil dominado por los alemanes continúa siendo el principal motor industrial del continente. El 10% de las exportaciones españolas van al mercado alemán. Una caída económica tendría consecuencias políticas. La extrema derecha de Alemania ha crecido en las zonas más deprimidas del país y un proceso de desindustrialización aún le daría más fuerza. Si la AfD ganase el poder, esto generaría una ola que irradiaría al resto de estados de la Unión Europea. Nos guste o no, nuestro futuro está bien ligado al de Alemania.