Los mejores restaurantes para comer bien en la Garrotxa este otoño
Desde la cocina volcánica más tradicional a las propuestas contemporáneas, la comarca ofrece restaurantes para combinar una excursión por los volcanes, la Fageda o los valles con una buena comida
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OlotEl otoño es una de las épocas más atractivas para descubrir la Garrotxa. Los colores de la Fageda d’en Jordà, que Joan Maragall inmortalizó en uno de sus poemas, los caminos de la zona volcánica, pueblos con encanto como Santa Pau o Besalú y paisajes de postal como los de la Vall d’en Bas o la Vall de Bianya convierten la comarca en un destino especialmente adecuado para una escapada. Y, después de caminar, una de las mejores maneras de acabar la jornada es sentarse a la mesa.
Cuando se habla de alta gastronomía en la Garrotxa, hay dos restaurantes que destacan especialmente. Se trata de Les Cols, en Olot, y de Ca l'Enric, en la Vall de Bianya. Son indiscutiblemente los grandes nombres de la gastronomía garrotxina. Pero la comarca tiene una oferta de restaurantes mucho más amplia y diversa y quizás no tan conocida. El otoño, además, trae a los platos algunos de los productos más asociados a la cocina de montaña, como las setas. Olot, Santa Pau, les Preses, la Vall d’en Bas o la Vall de Bianya concentran propuestas para todo tipo de gustos y ocasiones.
La Moixina, cocina volcánica en medio de la naturaleza
Para encontrar una cocina bien tradicional no hace falta ir muy lejos. La Moixina es uno de los clásicos de Olot y está situada en un entorno natural que permite combinar la comida con un paseo. El restaurante abrió en 1890 y actualmente ofrece una cocina tradicional catalana puesta al día, basada en productos de proximidad y vinculada al colectivo Cocina Volcánica. En la carta están las patatas de Olot rellenas de carne asada con hummus de alubias de la comarca. Y, para una visita en otoño, también encaja especialmente la pasta fresca de ceps y setas con crema, queso Mas Farró y crujiente de jamón de Can Mateu, que forma parte del menú de temporada.
La Deu, una parada obligatoria para probar las patatas de Olot originales
Hay platos que han acabado convirtiéndose en símbolos de un territorio. En la Garrotxa, uno de los más conocidos son las patatas de Olot, y La Deu es el restaurante más vinculado a su origen. El establecimiento, fundado en el año 1885 y situado en los parajes de la Moixina, creó las patatas Bretxa en el año 1943, que con el tiempo se convertirían en las populares patatas de Olot. El origen del plato está relacionado con una comida del entonces alcalde de Olot, Pere Bretcha, con el gobernador civil de Gerona. Bretcha pidió a La Deu que preparara un plato diferente y la cocinera Maria Reixach elaboró unas patatas rellenas de carne, inspiradas en unas patatas que había probado en Mallorca. El plato tuvo éxito y durante años se conoció como patatas Bretcha. Las patatas de La Deu continúan siendo una de las especialidades de la casa y actualmente se presentan como las patatas Bretxa o patatas artesanas de La Deu. La carta, sin embargo, va más allá de este plato e incorpora otras propuestas, como las alubias de la Vall con butifarra esparracada.
Quince Huevos, producto de temporada en las Preses
Para una propuesta más contemporánea, Quinze Ous, en les Preses, apuesta por una cocina sin complejos basada en el producto y la temporada. El restaurante nació en 2017 y trabaja con una carta que se adapta a la disponibilidad del mercado. La propuesta también pone el acento en los pequeños productores y en la autoproducción. El restaurante elabora su propio pan y dispone de un huerto en Riudaura, de donde provienen parte de las hortalizas que utiliza en la cocina. Es una opción para continuar el recorrido gastronómico hacia les Preses y la Vall d’en Bas antes de regresar a Olot.
Malespina, una barra japonesa en el centro de Olot
Pero la Garrotxa no vive de espaldas al mundo. La globalización también ha llegado a su cocina, incluso en una comarca con una identidad gastronómica tan arraigada al territorio. Un buen ejemplo es el Malespina, que forma parte del grupo Quinze Ous y que traslada esta mirada más abierta al centro de Olot. El restaurante abrió en 2022 en un espacio con mucha historia en la ciudad: el antiguo bar, pub y hostal de Can Xalegre, un establecimiento mítico de Olot que durante años fue punto de encuentro de diversas generaciones y conocido por su "xampanillo", un vino gasificado que se servía en las antiguas copas de cava. Hoy aquel local ha cambiado el vino gasificado por el sake y la barra japonesa.
El Malespina es una barra japonesa que combina técnica nipona y producto del territorio, en una simbiosis poco habitual en la comarca. Liderado por Julio Valverde y Munts Soldevila, tiene el sushi y la cocina japonesa como ejes de la propuesta. La cocina parte de la tradición japonesa, pero incorpora productos de kilómetro cero de la Garrotxa y de la Costa Brava. La carta incluye sushi, nigiris, sashimis y platos calientes. Una muestra de cómo una gastronomía profundamente vinculada al paisaje y al recetario propio también puede incorporar influencias de fuera sin perder el vínculo con el territorio. Las crestas japonesas de butifarra con vaquetes y kabayaki de ratafía, por ejemplo, son una combinación que lleva algunos de los sabores más reconocibles de la comarca a una elaboración japonesa.
La Quinta Justa, cocina volcánica en el centro de Olot
La Quinta Justa es una alternativa para quien quiera descubrir la Cocina Volcánica sin salir del centro de Olot. Situado en el emblemático paseo de Barcelona, el restaurante combina la cocina tradicional catalana con elementos de la Garrotxa, influencia mediterránea y productos de proximidad. Su menú de recorrido volcánico propone un recorrido por algunos de los productos más identificativos de la comarca, como las alubias de Santa Pau, el trigo sarraceno de Batet de la Serra, las setas y la patata de Olot. Es una opción para quien quiera pasar el día en la capital de la comarca y combinar una visita por el centro de la ciudad con una comida de cocina de territorio.
Can Guix, la fonda de toda la vida
En el corazón de Olot, junto al mercado municipal, Can Guix es una de esas fondas que parecen haber quedado al margen del paso del tiempo. Regentado por la familia Parerols desde hace más de cuatro décadas, el restaurante mantiene una cocina casera y tradicional catalana, sin concesiones a las modas ni a las sofisticaciones. Los desayunos de tenedor son uno de sus rasgos distintivos, con platos como las alubias con tocino, el capipota o el bistec con patatas. Tampoco puede faltar el bocadillo de sepia. La carta mantiene también platos de toda la vida, como las alubias con butifarra esparracada, las albóndigas o el capipota, mientras que el menú del día continúa siendo una de las puertas de entrada a esta cocina de fonda. Can Guix es, en este sentido, más que un restaurante: es una pieza de la memoria gastronómica de Olot, un lugar donde todavía se puede comer como antes y donde la cocina continúa teniendo más importancia que cualquier tendencia.
Hostal del Sol, pan con tomate y embutidos de la Garrotxa
Para aquellos que buscan la cocina auténtica de toda la vida, campesina y vinculada al territorio, a la salida de Olot en dirección a Ripoll, el Hostal del Sol es un restaurante de toda la vida que mantiene una propuesta sencilla y muy vinculada al producto de la comarca. Su especialidad es la tabla de embutidos y quesos de pequeños productores de la Garrotxa y el entorno, todo ello acompañado de pan con tomate. El pan de payés y el pan de coca son del Forn la Fogaina. La carta se completa con ensaladas de la huerta y fondues elaboradas con quesos de la comarca. Es una de esas paradas en las que la gracia no es buscar una cocina sofisticada, sino sentarse a la mesa y comer algunos de los productos más sencillos y típicos de la gastronomía de la Garrotxa.
B-CREK, cocina informal y brasa con producto local
Para una propuesta más informal, B-CREK tiene dos establecimientos en Olot. El local de la plaza Josep Clarà, el primero que abrió la marca en el año 2001, está especializado en bocadillos, hamburguesas, platos combinados y ensaladas. En B-CREK Solfa, abierto en 2006, la propuesta gira más alrededor de la brasa y de una carta amplia con productos de proximidad. En el de la Solfa, situado en la entrada de la ciudad, la brasa es una de las especialidades, con una selección de carnes de la Garrotxa, pero la carta también incluye platos del territorio, ensaladas, pasta, hamburguesas, pizzas con pan de coca y tostadas. Otra opción sin renunciar al producto de proximidad y con una carta lo bastante amplia para ir tanto en familia como con amigos.
El Celler, más de 60 barquitas después de una película
Justo al lado de los cines de Olot, El Celler es una opción informal para terminar la noche comiendo algo sin complicarse mucho. El local está especializado en barquitas (montaditos) y tiene más de sesenta variedades, tanto frías como calientes, que se van renovando en la barra. El funcionamiento es parecido al de un bufé: coges un plato y te sirves los que quieres, tantas veces como te apetezca. Al final, solo hace falta llevar los palillos a la barra para que cuenten el número y te hagan la cuenta. Una alternativa para terminar una tarde de otoño en Olot: una película, unas cuantas barquitas y dejar que sean los palillos los que hagan los números.
Hostal dels Ossos, cocina tradicional junto a la Fageda
La Fageda d'en Jordà es uno de los grandes destinos de la Garrotxa durante el otoño. Y, después de caminar entre hayas, volcanes y caminos de tierra, un buen plan es terminar en la mesa. El Hostal dels Ossos es una de las opciones tradicionales de la zona. Su cocina también está estrechamente vinculada al recetario de la comarca, con platos como las alubias de Santa Pau con morcilla esparcida y setas, los pies de cerdo con caracoles, la ternera con setas o los macarrones de la abuela.
Los caracoles son una de las especialidades de la casa y tienen incluso presencia en la decoración del restaurante, con una casa hecha con conchas de caracol que preside uno de los espacios. Los macarrones de la abuela son otro de los platos emblemáticos: una receta de salsa de tomate, cebolla, sofrito y carne picada que la tercera generación mantiene prácticamente intacta.
Pero el Hostal de los Osos también tiene una historia que va más allá de la cocina. A lo largo de los años han pasado por allí artistas y personajes vinculados al mundo de la cultura, pero es la figura de Xavier Cugat la que ha dejado una huella más visible en el restaurante. El músico y artista frecuentó el establecimiento y dejó diversos dibujos e ilustraciones que aún hoy decoran las paredes de uno de los comedores. Una huella que, como su cocina, explica la historia de un restaurante que ha sabido mantenerse arraigado a la Garrotxa durante medio siglo.