El marinero que fundó Trasmediterránea
Ernesto Anastasio presidió también Unión Naval de Levante y dirigió Campsa
El verano de 1980 los españoles asistieron con perplejidad al estallido del que sería uno de los casos más recordados de la crónica negra peninsular en toda su historia. Hablamos del asesinato de los marqueses de Urquijo, una pareja de aristócratas que fue víctima de los disparos de unafigura misteriosa mientras dormían en su mansión de Somosaguas (Madrid). Etiquetamos al asesino como misterioso porque, a pesar de que la justicia dictó sentencia y condenó al exyerno del matrimonio, las especulaciones sobre los participantes en el crimen no se han detenido nunca a lo largo de los últimos cuarenta y seis años. De hecho, el mismo tribunal abrió la puerta a hipótesis diversas cuando en la sentencia afirmó que quien disparó fue indudablemente Rafael Escobedo Alday, “solo o en compañía de otros”. Este añadido parecía apuntar a un gran número de individuos, todos ellos miembros de una caterva grotesca de personajes que durante años fueron protagonistas en los medios de comunicación: los hijos de los marqueses, el iracundo administrador de los bienes, el mayordomo amanerado, Dick el americano (segundo marido de la hija), el marqués de Torrehermosa o Javier Anastasio de Espona, que es quien realmente nos interesa.
Ernesto Anastasio Pascual Catedrático y empresario
- (1880-1969)
Si Javier Anastasio formaba parte del círculo de amigos de Rafael Escobedo y concebía su vida como una fiesta sin final es gracias al patrimonio construido por su abuelo, Ernesto Anastasio Pascual, personaje clave en el mundo naviero, del petróleo y también del derecho. Nacer en el barrio del Cabañal, en Valencia, le proporcionó un vínculo con el mar que marcaría su vida. Cuando tenía doce años, la familia se instaló en Barcelona y una vez terminado el bachillerato empezó a estudiar náutica. A los veintitrés ya era capitán de barco, lo que le permitió convertirse, en 1907, en práctico del puerto de Barcelona –el más joven de España–, una etapa de su vida que duraría más de una década. Como en paralelo a su actividad marina estudió la carrera de derecho, muy pronto empezó a impartir clases de derecho marítimo en la Escuela Oficial de Náutica de Barcelona, de la cual en 1914 fue nombrado catedrático.
Uno de los trabajos como asesor jurídico de compañías navieras resultó providencial, porque teniendo como cliente a la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, trabó una buena amistad con su propietario, José Juan Dómine. Este, impresionado por sus capacidades, no tardó en proponerle que formara parte de sus proyectos, y el principal era constituir una gran compañía de cabotaje que permitiera al sector un salto de escala. Así es como nació, en 1916, la Trasmediterránea. Además de Anastasio y Dómine, en la fundación de la empresa intervinieron Joaquín María Tintoré Punyed y Vicente Ferrer Peset, pero no Joan March Ordinas, como se acostumbra a decir. La realidad es que, al magnate mallorquín, la Trasmediterránea le pareció un proyecto interesante desde buen comienzo, de manera que invirtió recursos en comprar acciones de la firma hasta conseguir ser su propietario unos años más tarde.
El siguiente gran proyecto del tándem Anastasio-Dómine fue la creación de unos astilleros en el puerto de Valencia y que bautizaron como Unión Naval de Levante (UNL). El mismo Anastasio fue nombrado presidente, un cargo que ocupó hasta que murió. Para la constitución de la empresa, en 1924, tuvieron el apoyo de los alemanes de Krupp, una industria de acero con gran prestigio en la fabricación de armas. La condición de neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial fue un factor de peso para que los alemanes decidieran asociarse con la UNL. Más tarde, en plena fiebre monopolista del gobierno de Primo de Rivera, salió a concurso la gestión del monopolio del petróleo, una contienda en la que se impuso un pool de bancos que contaban con la participación de Anastasio y Dómine. Este fue el nacimiento de Campsa (1927), que tuvo a Dómine como primer presidente y a Anastasio como director general. El currículum empresarial de nuestro protagonista es casi inacabable, porque, además de todo lo que hemos visto, también dirigió, entre 1932 y 1967, la aseguradora Unión y el Fénix, una de las más grandes del panorama estatal.
Prueba de la importancia capital de Anastasio en el sector de la navegación es que algunos expertos lo consideran el marino civil más importante de España de los últimos dos siglos. Además, entre 1955 y 1980 un gran barco de carga propiedad de la Trasmediterránea y fabricado por la UNL surcó los mares con el nombre de Ernesto Anastasio.