Natàlia Garcia: “Los dos últimos años recibí el triple de Instagram que de la gimnasia rítmica”

La gimnasta explica su relación con el trabajo y el dinero

3 min
Natalia García
Júlia Riera Rovira
29/10/2026 - 07:04 h

Lo que empezó como un juego, con pelotas y cintas que le regalaban por los cumpleaños, se convirtió en una vocación para la gimnasta rítmica Natàlia Garcia (Barcelona, 1994). Con trece años fue seleccionada para representar a España en el Europeo júnior individual: "Se presentan decenas de niñas y eligen a dos. Allí dije: «Ostras, ya no es broma»". Continuó entrenando en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Cataluña y llegó a ser cinco veces campeona de España.

Con dieciséis años empezó a recibir las becas Podium, que era el equivalente a un sueldo mensual. Las ayudas federativas y las becas son una de las principales fuentes de ingresos de los deportistas. “Creo que fui la primera gimnasta, de todo el mundo, que tenía seguidores en las redes sociales”, explica. Las marcas le pagaban por promocionar productos: “Estaba ocho horas entrenando cada día y compitiendo por todo el mundo por unas becas de mil y pico euros. Y por enviarme una crema a casa y hacerme una foto me estaban pagando lo mismo”. La iniciativa topó con incomprensión: “Mira esta, está desconcentrada”, le decían. “Veía que me hacía mayor y no podía trabajar y, vi la luz. Pero me costó mucho porque me cayeron muchas críticas”.

“Después de las ocho horas al día de deporte físico, tenemos el entrenamiento invisible que involucra toda nuestra vida, el descanso, la alimentación, los fisioterapeutas, los psicólogos y los médicos”, asegura la gimnasta. Por eso lamenta que las ayudas continúen siendo escasas y denuncia la desigualdad respecto a otros deportes, sobre todo masculinos.

Las lesiones evidencian la fragilidad del sistema, ya que las becas dependen de los resultados del año anterior: "Me he roto las caderas entrenando ocho horas para defender mi bandera y mi trabajo. Es muy fuerte que al año siguiente me quiten las becas". Perdió las Podium y se quedó con una ayuda federativa equivalente a una tercera parte de lo que cobraba: "Los dos últimos años recibí muy poco de mi deporte y el doble o el triple de Instagram".

A la precariedad económica se sumaron la presión competitiva y la exigencia estética. En gimnasia rítmica, el resultado depende de un jurado: “No es como la natación, donde gana quien llega antes. Nos ponemos delante de unas juezas”. Garcia considera que los contactos, las políticas y los amiguismos también pueden influir en las puntuaciones. A pesar de haber ganado dos campeonatos de Europa, nunca llegó a participar en unos Juegos Olímpicos.

Control del peso

El control del peso también dejó una huella profunda: "Lo viví muy mal. Tuve un trastorno de la conducta alimentaria". Mientras el cuerpo le cambiaba durante la adolescencia, la pesaban cada lunes y viernes: “Si un día pesabas más, no te hablaban, te regañaban y te decían que no irías a entrenar, que pasarías el día en la elíptica”. “Te decían que no te puntuarían bien porque estabas gorda”, añade.

La gimnasta seis veces subcampeona de España en la categoría de honor destacó por llevar el deporte al límite, hacer cosas únicas e innovar. Pero el desgaste acumulado la llevó a acabar quemada del deporte. Creó una empresa de actividades extraescolares para acercar la rítmica a los centros educativos. El proyecto llega a 13 escuelas y organiza campus de verano y de invierno. También imparte clases magistrales internacionales y desde hace tres años es seleccionadora en el CAR: “Económicamente es mucho mejor la vida postfederación. No tiene color”.

También participa en proyectos extraordinarios como La Travessa, de TV3: “Me ha encantado la experiencia con los compañeros. Hemos vivido cosas muy intensas en muy pocos días”. El programa le ha permitido combinar su pasión por el deporte con una remuneración por cada día de grabación: “Dejé el CAR, y eso implica mucha responsabilidad. Pero pienso que está bien pagado”.

García destina parte de los ingresos a restaurantes y viajes: "No me duele gastarme dinero en una buena cena". A pesar de trabajar intensamente, comprarse una vivienda le será difícil: "Tengo muchos gastos empresariales y de autónoma, y aquí hay muchos impuestos". Además, los ingresos dependen de su disponibilidad: "Si estoy enferma, no puedo dar clases magistrales y no cobro". Lo comprobó cuando pasó un mes ingresada en el hospital por una enfermedad grave: "Me dieron unos 300 euros. Y perdí muchas oportunidades".

Esta vulnerabilidad le genera indignación. “Creo que el gobierno debería ayudar a los emprendedores. Es bueno para el país que la gente joven se mueva, haga cosas e innove”.

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