¿Necesita talla grande de sujetadores? ¡Hacia Singuerlín!
La saga de corseteros dio nombre a un barrio de Santa Coloma
Singuerlín, tantos años pasando por delante de la corsetería de la calle de Aribau 130 y tantos años repicándome dentro el nombre como si fuera una campana. ¿Puede que tenga que ver con el barrio de Santa Coloma de Gramenet? Era evidente que sí, que debía tener relación con ella. Y sí, claro, nos saca de dudas Pepita Simó y Singuerlín, de 84 años, trabaja tras el mismo mostrador desde que tenía 13 y conserva una energía y una elocuencia envidiables. Sin duda renovadas porque desde hace unos años trabaja codo con codo con sus limpias, Marta y María, y tiene la satisfacción de que se hayan implicado tanto en el negocio familiar. Marta será la continuadora cuando Pepita decida plegar. Pero diría que todavía le queda cuerda para un buen rato.
Las dudas, pues, quedan desvanecidas. El abuelo de Pepita, Emili Singuerlín, había comprado en los años veinte unos terrenos de Santa Coloma de Gramanet que fueron urbanizados y quedaron para siempre bautizados Singuerlín. Desde hace 16 años llega el metro –una gran conquista– y Pepita estuvo feliz de poder asistir a la inauguración de la parada de la L9 Nord. El iniciador de la saga de corseteros es Víctor Singuerlín Lamotte, bisabuelo de Pepita, un alsaciano que vino a Catalunya y fundó una fábrica de corsés.
La tienda se abrió en 1955 gracias al empuje de la madre de Pepita, Pepita Singuerlín Giménez, a quien le hacía mucha ilusión poder trabajar de cara al público en una tienda que sería la extensión y continuación natural del negocio de fornitura, fajas y sujetadores que ya habían iniciado. Estaban especializados en todos los materiales y prendas que componen las fajas y los sujetadores: la ropa, los ribetes, las gomas, los cordones, los corchetes de abrochar... Abrir la tienda de la calle de Aribau fue un salto muy importante. Primero con la confección a medida y después, con el paso de los años, con lo que es hoy la gran especialidad de la casa: las tallas grandes. Ahora ya no hacen piezas a medida, pero sí que adaptan y arreglan las que tienen para que todas las clientas encuentren lo que necesitan. Vienen de todas partes de Barcelona, de Cataluña y del Estado. El mercado de las tallas grandes de ropa íntima es muy limitado y Singuerlín es un referente inexcusable.
Vienen sujetadores, fajas –hoy todo el mundo lo llama bodies–, bragas y bañadores. Todo el mundo puede encontrar su talla, pero mientras las tallas estándar están normalizadas y hay muchas opciones de encontrarlas en todas partes, las grandes pueden llegar a ser un problema para la persona que las necesita. En Singuerlín ese problema no existe. Disponen de todo tipo de modelos que se adaptan a senos y cajas torácicas y espaldas grandes o muy grandes. Y ayudan a combinar la copa –la bolsa de ropa que aguanta el pecho– y el contorno con la mayor precisión posible.
"El asesoramiento es clave", confirman abuela y limpia. Y ellas son expertas. Nuestras clientas esenciales son personas que quieren llevar el pecho bien puesto y quieren una buena prenda y un buen asesoramiento. "Nosotros vemos todo tipo de casos y debemos poder darles servicio y que salgan contentas". Desde tallas estándar hasta sujetadores reductores. Desde prendas sexis a las más puramente funcionales y cómodas. Desde hace unos años también lo hacen con la venta online. Vieron claro que al negocio le convenía esa expansión. Y funcionó. Disponen de página web propia y realizan un gran trabajo de redes sociales para dar a conocer los servicios y productos que ofrecen. "Aquí sólo tenemos piezas de calidad", se apresuran a destacar. En contraste evidente con el producto reventado de precio y de dudosa calidad que se ofrece en comercios de venta al por mayor.
Pepita lleva más de setenta años trabajando en Singuerlín. Es, nunca mejor dicho, su casa. Recuerda ese día de los años cincuenta en que un cura del vecino Colegio Sant Miquel entró a decirles que los anuncios del escaparate –modelos mostrando los sostienes y las fajas– eran indecentes. "Es lo que nosotros vendemos, ¿qué quiere que hagamos?", le despachó la madre de Pepita. Y fin de la conversación, pase un buen día.