El húngaro que puso las bases de British Airways
Frederick Szarvasy fue el financiero más conocido de la City, pero dejó una escasa herencia
La primavera de 2022 explicamos vida y milagros del banquero Alfred Loewenstein en un relato que comenzaba, precisamente, con su muerte en extrañas circunstancias. El 4 de julio de 1928, cuando su Fokker Trimotor atravesaba el canal de la Mancha, el magnate abrió la puerta que daba al exterior de la nave y se precipitó al vacío. Como las causas del accidente no se aclararon nunca, la sombra de la sospecha planeó sobre todos los personajes que lo rodeaban. Inevitablemente, a la hora de buscar beneficiarios de un eventual asesinato, las miradas apuntaron a dos hombres, Albert Samuel Pam y Frederick Szarvasy, ambos socios de Loewenstein.
- 1875-1948
Se sabe poco de los primeros años de vida del húngaro nacionalizado checoslovaco Szarvasy, un hombre con un aire de misterio que lo acompañaría, como veremos, hasta después de la muerte. Hijo de un banquero, de joven vivió un tiempo en Sudamérica y en 1901 se instaló en Londres, donde trabajó en un banco de descuento llamado Montagu Oppenheimer, lo que le permitió hacer una amistad muy estrecha con el barón Charles Montagu, una relación que le abriría muchas puertas. Al poco tiempo prosperó tanto en los negocios como en su influencia y se hizo un nombre en el ámbito de la reestructuración y el rescate de compañías muy endeudadas. En 1919 ya había escalado lo suficiente para ser presidente y director general de la British Foreign and Colonial Corporation, una sociedad creada nueve años antes especializada en sacar empresas a cotizar en bolsa. Cuando Szarvasy tomó el control de la compañía, los propietarios eran diversos aristócratas británicos, entre los cuales se encontraba el mismo barón de Rothschild.En 1921 los servicios de Szarvasy fueron solicitados para intentar salvar al fabricante de neumáticos y caucho Dunlop Rubber Company, que se encaminaba hacia la quiebra. En la operación de rescate, que resultó un éxito, Szarvasy hizo intervenir al despacho experto en crisis empresariales con el que colaboraba, Clifford, Turner & Hopton, que hoy en día es la prestigiosa firma Clifford Chance. A lo largo de aquellos primeros años de la década, nuestro protagonista también fue contratado por la Marconi Wireless Telegraph Company y por la empresa del sector del acero William Beardmore & Company.Los intereses del húngaro, que también se nacionalizó británico, se ampliaron hacia las minas de carbón, la banca, los seguros y la prensa. En el ámbito de la minería, en 1928 adquirió United Anthracite Collieries, lo que le abrió las puertas al control del 80% del suministro de antracita del sur del País de Gales. En 1923, a través de la British Foreign and Colonial Corporation, lideró la fusión de varias líneas aéreas privadas que existían en aquel momento en el Reino Unido, para crear la British Imperial Airways, que después de una serie de fusiones, en 1974 se convertiría en la actual British Airways, una de las dos compañías –junto con la española Iberia– que formaron el consorcio IAG (International Consolidated Airlines Group) en el año 2011.A través de International Holdings and Investments, la firma de inversiones que había creado el mencionado Loewenstein en 1926, Szarvasy entró en contacto con otros grandes financieros del momento, como Albert Samuel Pam y el mismo Loewenstein. El trío de magnates colaboró en muchas operaciones tanto en Europa como en Sudamérica. En paralelo, Szarvasy fue asesor financiero de la Panama Corporation, que se dedicaba a las prospecciones de oro en aquel país a finales de la década de los años veinte. En 1932 la compañía quebró y el húngaro tuvo que afrontar acusaciones de fraude. Los pactos para cerrar el conflicto le acabaron costando una pequeña fortuna.Fuera del ámbito de los negocios, Szarvasy era un apasionado de la ópera, en la que invirtió mucho dinero. Creó el Covent Garden Opera Syndicate (CGOS) con la intención de conseguir fuentes de financiación para esta disciplina artística. A finales de la década de los años veinte, consiguió que llegaran dinero a través de la grabación de discos, de las retransmisiones de conciertos y de las subvenciones públicas. Su afición por la música no era solo como melómano, sino que también se dice de él que era un violinista bastante digno.Cuando murió, el misterio que siempre le había acompañado aún creció más, porque a pesar de ser el financiero más conocido de la City de Londres, propietario aparente de empresas importantes y titular de una gran colección de arte, su herencia fue de unos pocos miles de libras esterlinas.