Agricultura

Ni viejos ni poco formados: retrato del campesinado en Cataluña

Los datos rompen los tópicos sobre un sector en plena transformación

BarcelonaEl discurso se ha extendido por todas partes: el campo catalán se muere. No hay relieve. Las últimas generaciones de campesinos irán desapareciendo. Una fuerte crisis de precios, sumada a la dura sequía que afecta a Catalunya desde hace tres años, ha acabado de poner contra las cuerdas agricultores y ganaderos. Y el futuro no es mucho más brillante: el cambio climático acabará de asolar un sector que, pese a ser romantizado por la gran mayoría de la población como protector del territorio, está condenado a hacerse más pequeño.

El pasado mes de febrero, los campesinos catalanes, como los del resto de Europa, mostraron su indignación con protestas en todo el país. Después de ocupar el centro de Barcelona con una tractorada masiva, las manifestaciones continuaron para hacer oír sus demandas: menos burocracia, más comprensión por su trabajo, más ayudas para hacer frente a la sequía y más controles sobre las importaciones de alimentos que no cumplen los estándares que sí se exigen a los productores europeos.

Ahora bien, ninguna de las reclamaciones hacía referencia a la edad de los agricultores. Tampoco abordaban los planes de choque para incentivar la entrada de juventud en las explotaciones. Ni hacían peticiones de ayudas extraordinarias a ganaderos jóvenes oa campesinos menores de 30 años.

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De hecho, los datos reales desmienten de pies a cabeza el discurso catastrofista sobre el envejecimiento del campesinado. El campo catalán se encuentra, sin duda, en una situación de transición, pero en ningún caso puede hablarse de falta de campesinos jóvenes. Ahora bien, para darse cuenta es necesario analizar a fondo los datos.

El equívoco surge de que a menudo se habla del envejecimiento del campesinado con los datos de los beneficiarios catalanes de la Política Agraria Común (PAC), el sistema de subsidios en el sector primario de la Unión Europea. La PAC ha ido cambiando mucho con los años y ahora se centra, sobre todo, en "garantizar un futuro sostenible para los agricultores europeos" y "proporcionar un apoyo más especializado a las explotaciones de menor tamaño", según la Comisión Europea. En Catalunya, en 2023 la Generalitat repartió 123 millones de euros de ayudas procedentes de estos fondos, según datos del Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural.

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En 2020, el último con datos disponibles de los beneficiarios, en Cataluña un total de 41.951 personas y 5.991 sociedades recibieron algún tipo de ayuda procedente de la PAC. Las cifras muestran que más de la mitad de las mujeres y más del 37% de los varones beneficiados con estos pagos tenían más de 65 años. En contraste, sólo un 5,4% de las mujeres y un 10,5% de los hombres que recibieron apoyo financiero de las PAC en Catalunya se encontraban por debajo de los 41 años.

Els treballadors del camp són joves...
Ocupats al sector agrari a Catalunya, per edat. Dades del 2022 en percentatge
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Éste es uno de los puntos que más despistan a la hora de analizar el campesinado catalán, ya que un gran grueso de las personas que piden estos subsidios superan la edad de jubilación. Para ser titular de la PAC es necesario que la administración reconozca a los beneficiarios el derecho a cobrar las ayudas, pero "estos derechos no se vincularon al trabajo, sino a la persona", explica Francesc Reguant, presidente de la comisión de economía agroalimentaria del Colegio de Economistas de Cataluña. Es decir, quien cobra la PAC son los propietarios de las explotaciones, pero no necesariamente quien las explota. "Esta estadística desprestigia a la agricultura, porque todo el mundo habla de lo viejos que son los campesinos, cuando esto no es verdad", remacha.

Reguando, pues, cree que hay que mirar a quien trabaja la tierra para entender cómo es el campesinado del siglo XXI. Si se observan los datos de la Seguridad Social de empleo del sector agrario en Cataluña en 2022 –el último disponible–, se puede observar cómo sólo un 4% de los trabajadores del campo superan los 65. La gran mayoría son personas de media edad, y casi uno de cada cinco son menores de 34 años. "Entre los 30 y los 50 años están casi todos. Jubilados no hay casi ni uno", comenta Reguant.

... i els beneficiats per la PAC són grans
Titulars d’explotacions agrícoles beneficiàries de la PAC a Catalunya, per edat. Dades del 2020 en percentatge
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De hecho, sólo había que echar un vistazo a los perfiles de los miles de manifestantes que han salido a las carreteras estos últimos meses para darse cuenta de que la mayoría eran profesionales jóvenes o de mediana edad, en ningún caso grupos de jubilados. Y la mayoría lo hacían conduciendo tractores y vehículos agrícolas que requieren grandes inversiones que no casan con la imagen de un sector en bajón demográfico.

Reestructuración

Este experto tampoco valida la imagen de un sector que está en vías de extinción, pero eso no quiere decir que el campo catalán deba vaciarse y no sea viable. "El sector se está reestructurando, y mucho", apunta Reguant.

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"Cada vez se pasa más al arrendamiento", explica el presidente de la comisión agroalimentaria del Colegio de Economistas. Esto significa que un único labrador trabaja su propia explotación –o bajo titularidad de un familiar cercano, como un progenitor o un abuelo–, pero además añade parcelas de otros propietarios que no las trabajan, a través de un contrato de arrendamiento.

La consecuencia de este fenómeno de agrupamiento de tierras es que "hay muchas menos explotaciones" que hace unos años, dice Reguant, pero la superficie de cada explotación ha ido aumentando. En 1982, una explotación agraria catalana tenía de media 9,5 hectáreas de superficie agrícola utilizada, una cifra que fue aumentando hasta las 19,9 hectáreas de media de 2020, según datos del Censo Agrario de la Generalitat recogidos por el Idescat .

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El grupo de terrenos es el que ha abierto la puerta a mucha gente joven a trabajar en el campo. Además, hace años que el acceso a estudios superiores se ha democratizado. Cuatro universidades catalanas ofrecen grados de ingeniería agrícola, además de otras muchas titulaciones relacionadas, de manera directa o indirecta, con el sector primario, como por ejemplo veterinaria, biología o ciencias ambientales.

Menys superfície conreada, però explotacions més grans
Explotacions i superfície agrícola utilitzada (SAU) en hectàrees a Catalunya

Agricultores y, sobre todo, empresarios

De los casi 51.000 ocupados agrarios en Cataluña en 2020, más de 29.000 son asalariados, mientras que unos 21.000 son autónomos. Estos últimos son los que a menudo la sociedad identifica como campesinos y son el grueso de quienes protestaron. La evolución del sector avanza, además, hacia la creación de empresas: entre 1995 y 2020 el número de sociedades dedicadas a la explotación agrícola en Cataluña pasó de 1.156 a más de 4.000, casi cuatro veces más, según el Idescat. Es decir, además de ser jóvenes y formados trabajadores, los campesinos cada vez más gestionan explotaciones que son empresas.

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La gestión de estas sociedades –o también en el caso de los campesinos que son autónomos puros– pasa por fuertes inversiones en maquinaria y mecanización. Un tractor con camarote de segunda mano puede costar 80.000 euros; si es nuevo, aún más. Según Reguant, en un 21% de las granjas de vacas catalanas ordeñan con robots y en un 80% la gestión de la granja se realiza a través de un ordenador. Un 50% de las explotaciones de regadío tienen sistemas de riego eficiente, una cifra todavía baja a juicio de Reguant, pero que crece año tras año. "Con respecto a la innovación, se está entrando en la digitalización", comenta. Los campesinos hoy "tienen la mejor tecnología" que se controla a través del móvil y está financiada con créditos bancarios, añade.

La modernización del sector afecta a todos por igual, pero a pesar de ello todavía hay "dos agriculturas" en Catalunya, explica Reguant: por una parte, la que es más intensiva y "altamente competitiva", que es claramente mayoritaria, y , por otro, "la de desarrollo rural".

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La primera es el grosor del campo catalán: explotaciones medianas y grandes dedicadas exclusivamente a la producción de alimentos, ya sea carne, fruta o verdura. Los campesinos que las llevan vienen directamente la producción a empresas del sector alimentario. Por ejemplo, viticultores que venden la uva a grandes bodegas o granjeros que venden la carne del ganado en cadenas de distribución. Las explotaciones más pequeñas pueden agruparse en cooperativas locales para vender mejor los productos y muy a menudo exportar.

Dentro de este grupo se encuentra el principal subsector del campo: la ganadería intensiva. Este sector prácticamente no ha protestado recientemente, puesto que "está muy vinculado a la industria" y justamente esta integración "le ha funcionado", explica Reguant.

En cambio, el segundo tipo de agricultura es la que más apuesta por la calidad del producto y por integrar toda la cadena de valor: desde la producción de la materia prima hasta la venta final de productos, a menudo elaborados. Son los casos de pequeñas explotaciones que elaboran aceite de oliva de primera calidad, queserías artesanas, horticultores que venden verdura de kilómetro cero o fincas que incluyen viñedos, bodegas y una casa rural. Son negocios "multiproducto y multiservicio", a menudo ubicados en zonas más alejadas de Barcelona. "Vale la pena que estén. Tenemos un país muy diverso y son las empresas que dan color", concluye Reguant.