Energía

Nucleares de récord: Reino Unido paga los precios más altos por las centrales nuevas

Francia y Alemania, cara y cruz del modelo energético: el 70% de producción nuclear versus el apagón total de hace dos años

21/03/2026

LondresReino Unido afronta una década decisiva para su futuro energético en un momento en que la mayor parte de su parque nuclear está a punto de desaparecer por envejecimiento. Actualmente, el país genera aproximadamente el 15% de su electricidad a partir de la energía nuclear, gracias a una capacidad instalada de unos 6,5 gigavatios, que se generan en nueve reactores de cuatro plantas. Pero todos menos uno deben dejar de funcionar antes de 2030. Esto ha obligado al gobierno británico a acelerar una apuesta política y financiera por una nueva generación de centrales que llega rodeada de controversia y dificultades.

Hoy por hoy, Reino Unido construye dos grandes proyectos: Hinkley Point C, en Somerset, y Sizewell C, en Suffolk. Ambos, los primeros de nueva planta desde 1988, simbolizan tanto la ambición como las dificultades del modelo nuclear británico. Con unos costes estimados que pueden alcanzar los 54.570 millones de euros en el primero y los 43.230 millones en el segundo, estas centrales se han convertido en algunas de las infraestructuras energéticas más caras del mundo, según advertía a finales de noviembre del pasado año el Grupo de Trabajo sobre Regulación Nuclear establecido por Keir Starmer en febrero anterior.

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Los sobrecostes y los retrasos han sido tan significativos que EDF, la empresa pública francesa encargada de la construcción de Sizewell C, ha acumulado pérdidas multimillonarias y ha exigido al gobierno británico que asuma casi todo el riesgo financiero para que el proyecto pueda salir adelante. Hinkley Point C debería entrar en servicio entre 2030 y 2031; Sizewell C, en 2035-36.

El Grupo de Trabajo advertía también que el Reino Unido se ha convertido en el país más caro del mundo para construir una central nuclear, no tanto por la tecnología utilizada como por una acumulación de procesos ambientales, de seguridad y administrativos que, según el informe, a menudo no aportan beneficios reales en términos de salud pública o protección del medio. El documento denunciaba una cultura reguladora excesivamente reacia a asumir riesgos, que ha acabado traduciéndose en miles de páginas de estudios de impacto ambiental y en procesos de planificación cada vez más largos e imprevisibles.

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La comparación con Francia es inevitable, tanto por el modelo industrial como por los resultados sobre el consumidor final. Al otro lado del canal de la Mancha, la energía nuclear sigue siendo la columna vertebral del sistema eléctrico. Con 57 reactores operativos y la generación de unos 63 gigavatiosFrancia genera alrededor del 70% de su electricidad con energía nuclear, una proporción sin equivalente en Europa. Esta capacidad permite al país disponer de una producción estable y baja en emisiones, pero también se refleja en el precio que pagan los consumidores.

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Los datos más recientes –finales del 2025– indican que el precio medio de la electricidad doméstica en Francia se sitúa en torno a los 0,23–0,24 euros por kilovatio-hora, impuestos incluidos, mientras que en Reino Unido el coste medio ronda los 27–28 peniques por kilovatio2. En términos prácticos, esto significa que un hogar británico paga sensiblemente más por su electricidad que una francesa con un consumo similar. La diferencia no sólo responde a la presencia masiva de nucleares en Francia, sino también a una regulación tarifaria más directa del Estado. Por su parte, el mercado eléctrico británico está fuertemente liberalizado y carga en la factura costes de infraestructura, red y financiación de nuevos proyectos.

Aun así, es en Alemania donde la electricidad es más cara y representa el extremo opuesto del modelo francés. Tras un largo proceso político y social, el país culminó el apagón de sus centrales nucleares en el 2023. La decisión formaba parte de una estrategia de transición energética basada en las renovables, pero reabrió el debate sobre la seguridad del suministro y el impacto sobre los precios, especialmente en momentos de tensión en el mercado energético europeo, a raíz de la invasión rusa de Ucrania y todas sus derivadas. Si se añade la guerra a Irán y la crisis energética potencialmente catastrófica que se está incubando, el debate puede hacer aún más ruido. El caso alemán, de hecho, lo utilizan tanto defensores como detractores de la nuclear de ejemplo de los riesgos y oportunidades de abandonar esta tecnología.

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En la UE, menos del 25% de la electricidad

En el conjunto de la Unión Europea, la energía nuclear sigue aportando aproximadamente entre el 22% y el 24% de la electricidad total, aunque su peso tiende a reducirse. El envejecimiento de los reactores, la progresiva retirada en algunos estados miembros y la lentitud en la construcción de nuevas centrales contrastan con la expansión acelerada de la energía eólica y solar. Francia sigue siendo, con diferencia, el principal actor nuclear del blog, mientras que muchos países han optado por una combinación de renovables, importaciones y, en algunos casos, gas como fuente de apoyo. Y ahora, el suministro de gas está, al menos, amenazado.

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Los retos de la industria nuclear son en gran parte compartidos en Reino Unido y en la UE. El principal es el financiero, ya que los reactores requieren enormes inversiones iniciales y plazos de construcción muy largos, lo que hace casi inevitable la participación del Estado. El segundo es regulador, con un delicado equilibrio entre seguridad, aceptación social y agilidad administrativa. Y el tercero es estratégico, porque la nuclear debe encontrar su sitio en un sistema eléctrico cada vez más dominado por las renovables, el almacenamiento y la digitalización.

Sin embargo, el gobierno británico defiende que la nuclear es imprescindible para garantizar la soberanía energética y alcanzar los objetivos climáticos. Los planes oficiales apuntan a alcanzar los 24 gigavatios de generación de capacidad nuclear en 2050, lo que permitiría cubrir cerca del 25% de la demanda eléctrica. En este horizonte también entran los reactores modulares pequeños, que prometen un mayor control de costes, y la investigación en fusión nuclear, un campo de alto riesgo pero con un potencial transformador enorme. En este sentido, el gobierno Starmer ha comprometido 2.800 millones de euros para desarrollo inicial de un pequeño reactor modular diseñado por Rolls-Royce en Anglesey, en el norte del País de Gales.

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El debate, tanto en Reino Unido como en Europa, ya no es sólo tecnológico, sino político. Decidir cuánta energía nuclear se quiere, quién asume su coste y cómo se refleja en la factura de la electricidad es, en última instancia, una elección sobre qué modelo energético e industrial quieren construir los estados en plena transición climática y en un contexto de presión creciente sobre el coste de la vida, que se verá aún más agravado por la inevitable impacto.