El faro de Gaudí

Las finanzas de la Sagrada Familia: 135 M€ de facturación y 1.600 puestos de trabajo

El templo quiere levantar en 10 años la fachada de la Gloria, con unos 600 M€ de inversión y sin endeudamiento

BarcelonaLa Sagrada Familia es un templo católico, un monumento y una atracción turística. Pero también es uno de los motores económicos de la ciudad de Barcelona, tanto por el negocio que provoca de forma inducida, por ejemplo con el turismo, como también por su volumen de negocio directo, por las inversiones que hace y por los puestos de trabajo que crea. Las cifras son claras: en 2025 la basílica cerró con unos ingresos generados de 134,5 millones de euros. Una facturación que ha ido creciendo en los últimos años.

Y los gastos el año pasado fueron de 113,5 millones de euros. Es decir, el templo es económicamente sostenible, ya que genera más ingresos que gastos. Se ha de tener en cuenta que de los ingresos generados, el gran grueso son las aportaciones de los visitantes: prácticamente el 97%. Unos ingresos que podrían ser superiores, pero la dirección del templo no quiere aumentar el número de visitantes para no degradar la experiencia de aquellos que van al templo. Más de 4,8 millones de visitantes al año.

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La basílica todavía podría aumentar el número de visitantes anuales, pero no es el plan. "Tenemos una ratio de 1.500 personas a la hora y no hay saturación, esto es lo que queremos mantener", explica a ARA Xavier Martínez, director general de la Sagrada Familia. "Esto no lo queremos cambiar", añade, y concluye: "Según nuestro plan de autoprotección podríamos incrementar el aforo, pero estamos en el umbral para que haya una buena experiencia".

Si la práctica totalidad de los ingresos vienen de las visitas, algo más de la mitad de los gastos (51,7%, casi 59 millones) se destinan a la construcción. El resto va a la gestión y los servicios generales, y un 6,4% se destina al fondo diocesano y un 2,3% al convenio que la junta del templo firmó con el Ayuntamiento de Barcelona para compensar las externalidades que provoca.

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Lo que está claro es que el siglo XXI ha sido el del gran impulso de las obras, especialmente después de la pandemia. Si durante el siglo XX la mayor parte de los ingresos los aportaban las donaciones y las herencias —es un templo expiatorio—, el boom turístico postolímpico puso la Sagrada Familia en el epicentro turístico de Barcelona, con las icónicas imágenes del salto de trampolín olímpico con el templo al fondo. De hecho, en el año 2002 los ingresos se situaban alrededor de los 12 millones de euros, y en un cuarto de siglo se han multiplicado por más de 10. Xavier Martínez hace valer dos factores. Uno, el aumento de visitantes. De los dos millones y pico anuales a principios de siglo a casi cinco millones. El otro factor es la mejora de la recaudación por tique, que ahora oscila entre los 26 y los 40 euros. "Se ha sofisticado la forma de vender tiques", explica Martínez.

"Lo que se quiere es vender productos, vender experiencias", explica el director general, que añade que se estudió la demanda y los motivos que llevan a cada visitante al templo: la arquitectura, la fe, la historia de Gaudí... "Hay gente que es más experiencial, gente que es más cultural, hay gente que quiere conocer la obra de Gaudí, y los productos que nosotros ofrecemos van en función de esta demanda". "En función de la experiencia, del tipo de servicio, del producto, hay un precio diferente que ha hecho que los ingresos hayan subido".

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La gran inversión

Xavier Martínez está convencido de que en diez años podría estar terminada la fachada de la Gloria, el último gran elemento pendiente de la basílica después de que se hayan acabado las torres centrales. Pero asegura que eso comportará un gran esfuerzo inversor. "Estamos invirtiendo entre 50 y 70 millones de euros al año", indica. Y para la fachada de la Gloria, dice, habrá que invertir lo mismo durante una década. Es decir, unos 600 millones de euros. Un esfuerzo de inversión pero "sin endeudamiento", recalca.

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Pero no todo es inversión en la construcción. Mantener abierta y en funcionamiento la Sagrada Familia tiene un coste. Entre 10 y 15 millones de euros al año. Seguridad, limpieza, mantenimiento... "Mantener esto es muy caro", explica Xavier Martínez, que recuerda lo que sufrieron durante el confinamiento por la covid. Las visitas cayeron a cero, los ingresos también. Pero cuando la basílica esté totalmente acabada, generará más recursos que ahora porque no se tendrá que invertir en construcción. "Hemos vivido casos de iglesias que se caen, grandes catedrales, porque no hay mantenimiento", explica el director general, que sostiene que el templo barcelonés se construye "para que dure mil años" y, por tanto, "se debe dotar de patrimonio para que perdure". Aparte, se debe dotar el Fondo de Acción Social, porque dentro de la filosofía gaudiniana ya existía la ayuda a los demás y la caridad. De hecho, Gaudí creó escuelas para los hijos de los trabajadores. Y este fondo ya lleva tres convocatorias, con 300 proyectos y 11 millones de euros en ayudas. Además, el convenio con el Ayuntamiento firmado en 2020, de 36 millones de euros, se tendrá que ir renovando cada diez años porque está relacionado con los costes de la ciudad en movilidad, seguridad y funcionamiento en el espacio público de los alrededores.

Una plantilla importante

La Sagrada Familia también genera empleo, directa e indirectamente. Para hacerse una idea, entre el templo en Barcelona y las dos plantas donde se trata la piedra trabajan unas 1.600 personas, contando tanto la plantilla propia del templo, unas 150 personas, como las muchas que trabajan exclusivamente para el templo pero están contratadas por empresas externas. "Es una plantilla importante", dice Martínez. "Estamos hablando de gestionar las visitas con la construcción, te puedes hacer una idea de la dificultad de gestión que tiene todo esto", afirma. "El único esfuerzo que yo conozco para que esto sea viable", explica, "es gestionarlo como una empresa profesionalizada a todos los niveles".

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Otro problema es qué pasará con las empresas subcontratadas, proveedoras, cuando acabe la construcción. "El 90% de las empresas que trabajan en la construcción tienen otras actividades fuera de la Sagrada Familia. Por lo tanto, el impacto debe ser mínimo", explica el director general. Aun así, reconoce que hay oficios que solo se hacen en la Sagrada Familia, de manera que en algunos casos difícilmente habrá continuidad.

Al ser un templo expiatorio, la Sagrada Familia jurídicamente se articula como fundación canónica y se financia con donativos. Esto, claro está, durante el siglo XX, cuando los donativos y las herencias eran el grueso de los ingresos. Ahora también, pero en realidad la aportación para la construcción, el supuesto donativo, son las entradas. Martínez deja claro que no hay ánimo de lucro, "pero eso no está reñido con una gestión profesional", que ha sido, remarca, lo que ha permitido acelerar las obras en los últimos años junto con la industrialización y la tecnología aplicada a la construcción.

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Martínez defiende la imbricación del templo en la ciudad. "Nos hemos abierto mucho. El año pasado pasaron 200.000 personas de Barcelona de forma gratuita", explica. "La Sagrada Familia no se entiende sin la ciudad, y la ciudad no se entiende sin la Sagrada Familia". Y remata: "Al final un edificio como este, que es un símbolo universal, no le cuesta ni un euro al ciudadano de Barcelona ni a las administraciones, porque es una iniciativa privada".

La Sagrada Familia es un templo abierto al culto y Martínez mantiene que no se puede perder esa esencia. ¿Hay peligro de morir de éxito? "Somos muy conscientes", reconoce. "Nosotros no banalizamos la marca. Podríamos caer en la trampa de usar la marca para todo, pero es una marca tan potente que la protegemos mucho, precisamente por eso".