Celsa inicia el proceso de venta del grupo y mantiene los beneficios los primeros seis meses del año

El consejo de administración estudia tanto la salida a bolsa como la compra directa por parte de nuevos accionistas

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Fàbrica de Celsa en Catellbisbal.

BarcelonaLa multinacional siderúrgica catalana Celsa continuó incrementando los beneficios el segundo trimestre de este 2026, después de recuperar los números verdes en los primeros tres meses de este año, según ha informado este martes la cúpula de la empresa en una rueda de prensa. La compañía inicia ahora la búsqueda de nuevos propietarios una vez el equipo directivo considera que las cuentas están suficientemente saneadas "sin prisas ni urgencias", ha dicho Rafael Villaseca, presidente del grupo.

En concreto, Celsa Steel, la sociedad matriz del grupo, ganó 50,7 millones de euros entre enero y junio de 2026, que contrastan con las pérdidas de 107 millones y de 3 millones en los mismos periodos de 2024 y 2025, respectivamente. El primer trimestre la compañía anunció el retorno a los números verdes después de tres años, con un beneficio de 18 millones, que "se ha consolidado y mejorado en el segundo trimestre, y ha cerrado de manera muy positiva el primer semestre del año", ha añadido el consejero delegado de Celsa, Jordi Cazorla.

La facturación el primer semestre fue de 1.786 millones de euros. Además, la empresa ha mejorado "muy sustancialmente" la deuda neta, que ha pasado de 3.689 millones de euros en noviembre de 2023 a 1.134 millones en junio de este año, ha explicado Cazorla.

Cazorla ha destacado que la empresa ha crecido en un contexto "de estabilización después de años de caída" de las ventas en el mercado siderúrgico a escala europea: "La producción se contrajo un 2,9% por un incremento en importaciones de acero desde terceros países a la UE" en 2025, ha dicho Cazorla, lo cual situó la producción del sector del acero europeo en un "mínimo histórico". Este año la legislación europea ha sido más propicia para los fabricantes europeos, ya que se ha aplicado el mecanismo de salvaguarda, que restringe e impone aranceles a la entrada en la Unión Europea de acero extranjero y también se han aplicado las nuevas normas que exigen que el acero extracomunitario cumpla los mismos requisitos de emisiones de dióxido de carbono que el producido en el continente.

Celsa ha mantenido igualmente la inversión de 67 millones de euros, la misma cantidad que en los primeros seis meses del año pasado. Todas las inversiones se han financiado con fondos propios, según el consejero delegado. El objetivo de estas inversiones es mejorar la integración vertical del grupo, según Villaseca.

"La empresa ha pasado a invertir más que nunca en todas las plantas, no solo en una", ha declarado Cazorla. Este año el grupo metalúrgico ha abierto un nuevo centro de producción de chatarra en Miranda de Ebro, en Castilla y León, que "ya está operativo", y también prepara una nueva gama de productos de alto valor añadido con una nueva línea de producción en la fábrica de A Laracha, en Galicia.

Asimismo, ha llevado a cabo una prueba piloto para su proyecto global de inteligencia artificial (IA) en la factoría de Castellbisbal, que ha permitido reducir 4.600 toneladas de dióxido de carbono y el 2,2% del consumo de los hornos.

En cuanto a ventas de activos, después de desprenderse de las filiales de los países nórdicos y el Reino Unido, de momento Villaseca no ha cerrado la puerta a la desinversión en la filial de Polonia, aunque el equipo directivo no lo considera una prioridad.

Desinversión de los accionistas

En septiembre de 2023 una sentencia judicial determinó que la familia Rubiralta, fundadora de la empresa y propietaria hasta entonces del 100% del capital, perdía la propiedad de Celsa, que pasaba a manos de los fondos de inversores que eran acreedores del grupo. El juez dio la razón a los fondos, que obtuvieron el control de la compañía cambiando la elevada deuda de la empresa por acciones, y se expulsaba así del accionariado a la familia fundadora.

En este contexto, actualmente el 98% del capital está en manos de cuatro fondos de inversión extranjeros: SVP, Attestor, Golden Tree y Cross Ocean. "Hemos dado la vuelta a la compañía de una manera absolutamente radical", ha declarado Villaseca, lo cual "ha permitido a los accionistas reconsiderar su posición en la compañía".

Estos accionistas eran desde buen principio "de carácter temporal", ya que se trata de fondos de inversión especializados en la compra de compañías endeudadas para después vender las participaciones una vez las cuentas están saneadas. Así, el consejo de administración ya tiene el mandato de buscar una salida de estos accionistas, sea con una salida a bolsa o con la venta del capital a nuevos accionistas.

Villaseca ha asegurado que, como las cuentas de la empresa están en buen estado, los cuatro fondos no tienen prisa por salir del accionariado ni tampoco ninguna preferencia entre la salida a los mercados o la fusión o adquisición por parte de terceras empresas. Además, ha insistido en que el proceso de desinversión "empieza ahora" y ha negado cualquier contacto con posibles empresas interesadas, ni europeas ni extracomunitarias. Según el presidente, tras tres años al frente del grupo por parte del actual consejo de administración, Celsa tiene actualmente un "valor notable", aunque ha rehusado ponerle un precio concreto.

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