El país europeo que avanza en sentido contrario a España en vivienda
Portugal tiene el mercado más sobrevalorado de la UE, según la Comisión
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BarcelonaEspaña debate cómo intervenir el mercado para gestionar el parque de vivienda existente mientras, en paralelo –al menos sobre el papel– incrementa la oferta con nueva construcción. Los decretos que desencadenaron la convocatoria electoral del 29-N ponían sobre la mesa la prórroga de los alquileres, limitar la actualización de los precios (e incluso congelarlos) y prohibir el desahucio de vulnerables sin alternativa habitacional. Al otro lado de la frontera, Portugal plantea una fórmula prácticamente opuesta para abordar una de las peores crisis de acceso a la vivienda (si no la peor) que hay en la Unión Europea.
El mercado portugués es el más sobrevalorado de la UE, según la Comisión, que estima que el precio de los inmuebles está entre un 25% y un 35% por encima del valor real. En este contexto, el gobierno del conservador Luis Montenegro apuesta por desregular la vivienda para espolear la inversión. "Sin confianza, los agentes económicos no invertirán en los proyectos necesarios para que haya más oferta que pueda contener los precios y garantizar el acceso a la vivienda", proclamó cuando anunció sus medidas.
Desde que llegó al poder a mediados de 2024, Montenegro ha empezado los trámites para suprimir las restricciones a subir los alquileres y agilizar los desahucios, y ha eliminado la obligación que existía –al menos sobre el papel– de incorporar los pisos vacíos al parque. También ha permitido que los ayuntamientos decidan si quieren aumentar la oferta de pisos turísticos, ha retirado la tasa extraordinaria que los HUT debían pagar y ha aprobado exenciones de impuestos que gravan la compra de pisos o los ingresos de los alquileres.
"Están apostando por sobreestimular la oferta, sea del tipo que sea", resume el investigador de la Universidad de Lisboa Simone Tulumello. En cambio, cree que el anterior ejecutivo, del socialista Antonio Costa, intentaba poner el acento en la oferta de vivienda asequible, aunque lamenta que ni uno ni otro han abordado hasta ahora las "cuestiones estructurales de la política de vivienda". Así pues, ¿la fórmula de Montenegro supone realmente un cambio de rumbo respecto a las recetas de los socialistas?
Sin abordar las "cuestiones estructurales"
Portugal se encuentra inmerso desde hace años en una grave crisis de la vivienda que, de momento, parece que continúa en caída libre: según los últimos datos de Eurostat, es donde más suben los precios de toda la zona euro. El Instituto de Estadística de Portugal estima que el precio de compra por metro cuadrado en el segundo trimestre subió un 18,4% interanual y, el de alquiler, un 10,2%. El Consejo Europeo calculaba a finales del año pasado que Lisboa es la ciudad de la Unión donde los inquilinos destinan una parte mayor de su sueldo a pagar la renta: el 116%, por delante del 74% de Barcelona y Madrid. De hecho, la cifra muestra cómo con el salario íntegro de una persona no es suficiente.
Las familias pagaron 476.910 euros por un piso de 90 metros en Lisboa, en la línea de las ciudades más solicitadas, pero un importe muy superior a la media del país, de 220.000 euros. El alquiler del mismo piso era de 1.371 euros en el área metropolitana de la capital, y de 915 euros a escala estatal.
Fuera de las urnas
Tulumello opina que la vivienda "es un tema muy presente en el debate público, pero no se ha traducido a las urnas". En 2023 una ola de manifestaciones recorrió varias ciudades del país y, un año después, los socialistas sufrieron un fuerte varapalo en las elecciones que allanó el camino al poder a los conservadores.
Según Tulumello, aunque Costa "tenía una retórica diferente" en vivienda, "no tuvo una política efectiva", sino que daba margen a negociar "soluciones puntuales". En esta línea, el investigador del Cidob Héctor Sánchez recuerda que no fue hasta entonces que los socialistas eliminaron la Golden Visa, el mecanismo para obtener la residencia portuguesa a través de la compra de viviendas. La OCDE vincula esta figura a "un crecimiento más fuerte de los precios" de los inmuebles en torno a los 500.000 euros (el umbral mínimo de inversión).
Vasos comunicantes en la Península
Este otoño miles de personas han vuelto a exigir soluciones a la crisis habitacional, llegando a acampar en Lisboa y Oporto. El desahucio de Maricarmen en Madrid y las manifestaciones por todo el Estado español han espoleado un malestar candente en Portugal desde hace años. "Las protestas tienen un componente transnacional, solo se necesita algo que encienda la mecha", explica Sánchez. "Las demandas pueden no ser las mismas, pero sí que hay un sentimiento de comunidad, de no estar solo".
Desde el Instituto Superior de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Lisboa, Romana Xerez traza los puntos en común que tienen los mercados del sur de Europa: "Portugal, España, Italia y Grecia tienen sistemas similares. A pesar de que las crisis de la vivienda son muy duras en toda Europa, las particularidades del sur tienen un impacto enorme", explica.
A orillas del Mediterráneo, las familias mayoritariamente son propietarias de los inmuebles donde viven –un régimen que pierde peso gradualmente, ante las crecientes dificultades para comprar– y el parque de vivienda asequible tiene poco peso en el conjunto del mercado. Son territorios donde la crisis de 2008, muy vinculada al ladrillo, impactó con especial fuerza, y donde hay una fuerte presión turística. "Portugal protagonizó un gran boom, tras la pandemia atrajo muchísima atención", recuerda Sánchez. Según Tulumello, mientras que los movimientos de 2023 fueron "resultado de un largo proceso de construcción del movimiento por la vivienda en Portugal", este año tienen "una composición diferente, muy joven y más desorganizados". Un cambio que no ha comportado escenas de pillaje como en Barcelona o Francia.