El BCE sube los tipos de interés para aplacar la inflación provocada por Trump
El organismo financiero incrementa el precio del dinero en 0,25 puntos porcentuales, hasta el 2,25%
BruselasEl Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mover ficha para intentar aplacar el repunte de la inflación provocado por la guerra en Oriente Próximo iniciada por Estados Unidos e Israel. La tasa de aumento de precios de la eurozona hace meses que se aleja del objetivo de Fráncfort de mantenerla en el 2% anual y, finalmente, el organismo financiero ha decidido actuar para evitar que este porcentaje crezca aún más y ha subido en 0,25 puntos porcentuales los tipos de interés, hasta el 2,25%.
continuará teniendo efectos a "medio plazo"continuará teniendo efectos a "medio plazo". En concreto, las previsiones económicas del BCE publicadas este jueves revisan al alza el incremento de precios hasta el 3% este 2026, y estiman que en 2027 ya disminuirá hasta el 2,3%. No es hasta 2028 que los cálculos del organismo financiero prevén que la inflación cumpla con el objetivo del BCE y se sitúe otra vez en el 2%, como hasta antes de los ataques de EE. UU. e Israel a Irán.
Es la primera vez después de casi tres años que el BCE ha decidido volver a incrementar el precio del dinero. En 2022, la entidad financiera subió el precio del dinero de manera abrupta –pasó del 0% al 4,5% en poco más de un año– por la crisis energética y de precios derivada del inicio de la guerra de Ucrania. Después, sin embargo, redujo de manera progresiva los tipos de interés al ritmo que la inflación también iba a la baja, hasta situarlos en el 2% que considera idóneo.
En la misma línea, Fráncfort advierte que el incremento de los precios de la energía se "transmite en cierta manera" a la inflación de los alimentos, bienes y servicios. Y, por este motivo, el BCE también ha revisado al alza la tasa de la inflación subyacente –la que excluye los elementos que tienen precios más volátiles, como la energía o los alimentos frescos– y calcula que este año se situará en el 2,5%, mientras que en 2027 y 2028 bajará ligeramente, hasta estabilizarse en el 2,2%. "El gran shock energético está durando más de lo que esperaban los expertos geopolíticos. [...] Se está extendiendo por toda la economía", ha añadido Lagarde.
Ralentización de la economía
La guerra no solo afecta negativamente a la inflación, sino también a la actividad económica de los países de la moneda única. Los expertos del BCE también empeoran las perspectivas de crecimiento del producto interior bruto (PIB, el indicador que mide la actividad económica) de la eurozona y lo mantienen en una situación casi anémica: este año, al 0,8%; en 2027, al 1,2%, y en 2028, al 1,5%. Lagarde lo ha atribuido a un "impacto más pronunciado de la guerra en los mercados de materias primas, rentas reales y en la confianza" de los mercados.
La presidenta del organismo financiero ha evitado avanzar explícitamente qué senda seguirá el BCE en el futuro y si decidirá subir o mantener los tipos de interés al 2,25% en los próximos meses. Así, Lagarde se ha limitado a repetir, como es habitual, que Fráncfort se continuará basando en las "perspectivas de inflación y de los riesgos que están sujetos" del futuro. Ahora bien, la dirigente francesa ha avisado de que las "perspectivas continúan siendo inciertas", con "riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico". "Estamos dispuestos a ajustar todos nuestros instrumentos que tenemos a mano para garantizar que la inflación se estabilice de manera sostenible en nuestro objetivo a medio plazo", ha añadido Lagarde.
Cabe recordar que subir el precio del dinero es la herramienta principal del organismo financiero para aplacar la inflación, pero provoca una ralentización de la actividad económica, ya que un aumento del tipo de interés encarece el coste para los bancos de pedir dinero y, a la vez, las entidades bancarias lo repercuten en un encarecimiento de los préstamos que dan a sus clientes. Y, naturalmente, si los créditos son más caros, las familias y las empresas tienen más difícil pedir préstamos a los bancos para consumir o invertir, con lo que cae la demanda y se reduce el ritmo de la economía.
El BCE decidió no tocar el precio del dinero durante las últimas siete reuniones del consejo de gobierno de la entidad financiera. La inflación se mantenía bajo control y la actividad económica –como actualmente– no acababa de arrancar. Así, no había ningún motivo para tocar los tipos de interés y menos aún para subirlos. Aun así, la guerra de Irán y el incremento de los precios de los combustibles fósiles han provocado un repunte de la inflación y, a pesar de la actitud cautelosa inicial del BCE, finalmente ha decidido aumentar los tipos de interés e intentar enderezar la tendencia inflacionista que sufren los países de la zona euro.