Los salarios pesan más en la economía, pero el trabajador no lo nota. ¿Por qué?
La escalada de la inflación impacta en las remuneraciones de los asalariados, que tienen que gastar más para comprar lo mismo, y empuja los beneficios de determinados sectores
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BarcelonaLa economía española se mantiene a la cabeza de los países avanzados en crecimiento, con una previsión del 2,6% este año según el Banco de España y del 2,5% según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero la inflación, también alertan, se come el poder adquisitivo de unos salarios que no dan para comprar o alquilar una casa. La remuneración de los asalariados ha ganado peso en la economía española, pero lo empieza a perder en favor de los beneficios de algunos sectores empresariales. Los trabajadores perciben que con cada euro compran cada vez menos cosas, o que necesitan más para adquirir lo mismo. Hay una realidad palpable, la subida de los precios, que ha estancado la aportación de los salarios al conjunto de la riqueza este año, y un elemento psicológico, según los expertos consultados, que hace que muchos se pregunten: "Ahora que va bien la economía, ¿cuándo me toca a mí?"
De la devaluación salarial a la pandemia
El mercado laboral ha registrado un incremento sustancial, en especial en los últimos años. Del 2010 al 2025, la población ocupada ha aumentado casi un 22% en España, de los 18,7 millones del cuarto trimestre de 2010 a los 22,8 millones actuales. Se han incorporado 4,1 millones de ocupados más (en Cataluña se ha pasado de 2,73 millones de asalariados ocupados a 3,34 millones).
Lo que cobran en conjunto ha aumentado un 55% en este periodo. Pero una buena parte se debe al salario mínimo (SMI), que percibe alrededor del 10% de la población ocupada, y que en este periodo casi se ha duplicado, con fuertes subidas, especialmente con el salto del 22% de 2019. Esto ha reducido la desigualdad en la parte baja de los salarios para los jóvenes o los sectores poco cualificados, pero no tanto en el resto.
Uno de los momentos en que más peso perdieron los salarios fue la etapa de devaluación salarial, un proceso iniciado después de la crisis financiera de 2008 y que consistió en la rebaja de los salarios y de los costes laborales, que afectó sobre todo a los sueldos bajos y también a los más habituales. Entre 2010 y 2016, la participación de los salarios en el PIB cayó debido a la gran destrucción de empleo –en Cataluña en 2012 la tasa de paro llegó al 23,8%, que contrasta con el 7,9% actual– y la congelación o reducción salarial. En cambio, los beneficios empresariales ganaron peso en el total de la renta en este periodo.
Con la pandemia, en 2020, los beneficios brutos de las empresas cayeron de manera abrupta por la paralización de la actividad, mientras que las rentas del trabajo se sostuvieron por los mecanismos de protección pública, tales como los expedientes temporales de empleo (ERTE). Según CCOO, en 2021 y 2022, una vez superada la pandemia, la inflación tuvo un impacto desigual, pero "los salarios perdieron participación en el valor añadido bruto generado en las empresas a favor de las rentas del capital", según CCOO.
De Ucrania al bolsillo
Una vez dejada atrás la covid y más recuperada la economía, entre 2023 y 2024, a pesar de los incrementos de los márgenes empresariales por la escalada de la inflación, que llegó a su máximo en julio de 2022 (10,8% en España y 10,3% en Cataluña), el importante crecimiento del empleo y las posteriores subidas salariales volvieron a hacer ganar peso a las retribuciones a los asalariados.
Aunque las subidas nominales del SMI han sido muy notables, la inflación se ha comido una parte muy significativa de estos incrementos. Para el salario medio, el crecimiento real ha sido prácticamente nulo o negativo en algunos ejercicios. En 2024, el último dato cerrado por el INE, la ganancia media anual por trabajador fue de 29.540,26 euros (2.470 euros al mes). Pero la moda, que es la cantidad más habitual, fue de 16.520,18 euros (1.376,68 euros al mes). Además, casi el 40% de los asalariados se situaron en la franja entre los 16.000 (1.333 euros al mes) y los 23.000 euros anuales (1.916,7 euros al mes). Han subido, pero no lo suficiente para cubrir los gastos básicos.
En los últimos años se ha creado empleo en sectores de mayor valor añadido, con salarios más altos, y en el sector público, que acostumbra a tenerlos más elevados que el sector privado. A la vez, actividades más maduras, que pagaban salarios por encima de la media, como la industria o el sector financiero, han vivido jubilaciones con prestaciones elevadas de personal que ha sido relevado por jóvenes con salarios más bajos, explican fuentes del gabinete económico de CCOO. Son sueldos más bajos para hacer frente a costes que son más altos, como la vivienda, la energía (disparada) o la cesta de la compra, añaden.
Más inestabilidad geopolítica y precios al alza
La guerra de los Estados Unidos e Israel contra Irán y la inestabilidad en el golfo Pérsico han vuelto a morder el poder adquisitivo de los salarios y han pronunciado los efectos del conflicto en Ucrania. Este aumento de los costes se traslada de la energía a otros precios que pagan los consumidores. "Crece el valor añadido que generan las empresas, pero los salarios se mantienen", explican desde CCOO.
Lo denuncian los sindicatos. Por ejemplo, la UGT de Cataluña reclama aumentos salariales a las patronales que permitan recuperar el poder adquisitivo perdido. El IPC interanual en Cataluña ha llegado al 4,5% este septiembre (2,5% en el mismo mes de 2025). En España, la inflación interanual es todavía más alta, del 4,9%. La reclamación es importante, porque solo uno de cada cuatro trabajadores está sometido a un convenio con cláusula de revisión, según CCOO. Los datos de 2026 "confirman que se ha frenado la recuperación del peso de los salarios que se dio hasta el primer trimestre de 2025". En cambio, los márgenes empresariales se mantienen "en niveles históricamente altos". Destacan el sector energético y el financiero.