"Es el momento ideal para opositar"
Esther Martín, profesora de la academia de opositores Adams, asegura que la mayoría de aspirantes a funcionario buscan "seguridad y estabilidad laboral"
Barcelona¿Hay fiebre por ser funcionario? ¿Qué empuja a los trabajadores del sector privado a buscar empleo en la administración pública? Esther Martín es profesora de la academia Adams, donde trabaja desde hace 19 años preparando opositores para entrar en la administración pública. Últimamente, ha visto cómo el número de personas que quieren opositar ha aumentado, empujadas sobre todo por una coyuntura laboral de salarios bajos. "El momento actual es ideal para opositar", dice Martín, y da dos razones: por una parte, "se prevé un cambio generacional por jubilaciones", porque casi la mitad de las personas que trabajan en la administración son mayores de 55 años. Por otra, la gran oferta de plazas de la Generalitat: "Este año hay una oferta pública de 8.474 plazas. Es mucho. Y prevemos una oferta pública similar para 2027".
Martín enseña todo tipo de materias para diferentes itinerarios formativos. Hay una parte troncal que engloba conocimientos comunes como "función pública, derecho administrativo, derecho constitucional, derecho estatutario, protección de datos, ley de protección de la mujer" o "toda la administración electrónica". "Yo me centro en el apartado de recursos humanos, todo lo que son entrevistas, pruebas psicotécnicas, y también imparto clases de derecho constitucional, derecho estatutario y todo tipo de normativas". Pero también hay formadores más especializados en ámbitos como los trabajadores médicos o los cuerpos especiales como el de Mossos d'Esquadra.
Durante estos cuatro lustros dedicados a la enseñanza se ha encontrado con personas de perfil muy diverso pero con una motivación similar. "La mayoría buscan seguridad y estabilidad laboral porque la inseguridad laboral es complicada en estos tiempos", afirma, remitiéndose a las estadísticas internas de su empresa. El resto, dice, buscan mejorar las condiciones laborales o sencillamente, encontrar trabajo. El origen del alumnado también es variado, más allá de una ligera presencia de mujeres. Pero llama la atención una tendencia de fuga del mundo privado: "Cerca de la mitad de nuestros alumnos provienen de la empresa privada".
Prepararse para unas oposiciones no es fácil. "Es un trabajo de hormiguita que pide un esfuerzo de continuidad". Aunque empiecen ilusionados, a menudo los aspirantes se hunden cuando se dan cuenta de la cantidad de temario que hay que estudiar. "A la tercera clase ya ves que la gente empieza a levantar la mano: «¿Esto entra?». Y entonces hay como un decaimiento general". A esto se suma que la mayoría compaginan el estudio con otros trabajos o con la incertidumbre de cuánto les durará el paro, hecho que les añade mucha presión: "Después de tantos meses, de una inversión económica en la preparación, sienten que se lo juegan todo y hay muchos nervios".
Por eso, Martín –que también imparte sesiones de planificación de estudios– aconseja tomarse la preparación de las oposiciones como una carrera de fondo y separar muy bien los espacios. "Cuando estéis en casa, estas horas son profesionales: puerta cerrada. Y si no podéis, biblioteca". Pero también recomienda "educar el entorno más directo" para concienciarlos y evitar distracciones durante las horas de estudio, incluso dejando de lado algunas de las "responsabilidades que ejercían hasta el momento". "Hay que ser realista: yo no indico que hay que estudiar 40 horas a la semana porque la gente se desmoraliza. Con 20 horas incluso muchas veces no se llega. Lo más importante es dedicarle tiempo de calidad y ser eficiente".
Una parte de la frustración nace de la naturaleza de las pruebas, que no reflejan del todo las habilidades reales de los opositores. "Yo creo que el tipo test no demuestra los conocimientos. El esfuerzo que han hecho los alumnos y los conocimientos que tienen no quedan demostrados en la prueba tipo test. Los enunciados, en muchas ocasiones, son capciosos y buscan enganchar a la persona". Pero cuando sí que lo consiguen, que es el caso de la mayoría, el orgullo es inmenso. "La mayor satisfacción es que los alumnos contactan contigo y ves que lo han conseguido. Es mi máxima motivación".