Periscopio global

Rearme: el riesgo para la colaboración científica en el Mediterráneo

La Fundación Prima teme que las nuevas prioridades de la UE descabezen los proyectos de colaboración norte-sur

BarcelonaLa Fundación Prima (Partnership para Research and Innovation in the Mediterranean Area), con sede en Barcelona, ​​lidera el mayor programa de cooperación científica en el Mediterráneo. Es un programa que promueve la cooperación científica entre los países del norte y el sur y que ahora ve peligrar su futuro con la discusión del nuevo marco presupuestario de la Unión Europea para el período 2027-2034.

En el anterior presupuesto, este programa recibió una financiación de 700 millones de euros, pero ahora, las nuevas prioridades comunitarias pasan por altas prioridades, como el rearme, lo que hace temer la pérdida de estos recursos. "Sin ese dinero el programa no puede ir adelante", explica Octavi Quintana, director de esta fundación.

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La creación de Prima fue una apuesta de la UE en favor de la ciencia y el talento local cuando se produjo la avalancha migratoria desde el sur al norte en 2015. El programa se basa en la denominada diplomacia científica, es decir, la colaboración entre el sur y el norte para buscar soluciones a problemas que afectan a las dos ribes, la suficiencia de la alimentación. En esta lucha por captar los recursos de la UE, Prima reclama que los estados de la orilla norte, entre ellos España, pero también Francia, Italia y Grecia, expresen su "firme compromiso" para sacar adelante el proyecto.

"Sin el apoyo de la UE es muy difícil que los países de la orilla sur participen" en los diferentes proyectos en marcha, explica Quintana, porque para estos estados las inversiones que se realizan "son un esfuerzo muy importante". En este sentido, destaca que la diferencia global de renta per cápita entre el sur y el norte es de siete veces.

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De los estados de la UE son socios de Prima Bulgaria, Croacia, Chipre, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Luxemburgo, Malta, Portugal, Eslovenia y España. De los países mediterráneos de fuera de la Unión son socios Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Marruecos, Túnez y Turquía.

Quintana hace valer qué puede aportar Barcelona a esta colaboración norte-sur. La ciudad es la capital científica del Mediterráneo, con un hub europeo de I+D en biotecnología y deep science, muy por delante de Madrid, gracias a la combinación de inversión pública –con un papel muy activo de las universidades– y privada. Además cuenta con equipamientos como el Barcelona Supercomputing Center (BSC).

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Desde su creación en 2017, Prima ha impulsado proyectos transnacionales, con la participación de expertos de diferentes países, impulsando la denominada "diplomacia científica", que ha permitido sacar adelante proyectos conjuntos entre Marruecos y Argelia, dos países con una difícil relación, o entre Grecia y Turquía; o Israel con sus estados vecinos.

Prima centra sus investigaciones en el cambio climático –el Mediterráneo es la zona del mundo más afectada después del Ártico–, la sequía y la alimentación. En este sentido, Quintana asegura que la colaboración entre los países del norte y del sur puede aportar mucho. Por ejemplo, en temas alimentarios, los países del norte tienen un problema de desperdicio porque no se consume, mientras que los países del sur también tienen un problema de desperdicio, pero en este caso por la falta de cadena del frío.

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Proyectos concretos

La colaboración científica ha aportado ya algunos resultados. Por ejemplo, el proyecto Sure-Nexus sobre cómo producir más vino con menos agua y de una forma menos contaminante. Un proyecto nacido en Cataluña y con la participación de varios estados. En este proyecto, por ejemplo, ha participado el grupo Codorníu Raventós. La herramienta ya ha despertado el interés de instituciones como el Banco Central, el gobierno español, o la Dirección General de Aguas de Chile.

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Otro proyecto es Spore-Med. Testado en Terrassa, es una depuradora que gasta menos energía, genera menos emisiones y hace más agua disponible para la regeneración. En este caso, no es un prototipo, sino una tecnología que ya puede desplegarse industrialmente, y conecta directamente con la necesidad de los países mediterráneos para combatir la sequía y reutilizar el agua. Un proyecto en el que han participado universidades como la UdG o la UAB, y empresas como Adasa, del sector del ciclo integral del agua.

Dentro de la preocupación por el cambio climático hay proyectos como Res-Mab, en el que participa el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) de Solsona. Este centro ha desarrollado un laboratorio viviente junto a sus instalaciones, donde la ciencia aplicada puede observarse de manera concreta y visual, ofreciendo un ejemplo tangible de cómo la investigación se traduce en soluciones sobre el terreno. Se ha creado un consorcio internacional para combatir las crecientes amenazas del cambio climático en el Mediterráneo. El proyecto Res-Mab, financiado por Prima, reúne a instituciones de investigación, agencias gubernamentales y ONG de toda la región y se centra en las Reservas de la Biosfera (RB) designadas por la Unesco, zonas reconocidas por su contribución y capacidad para equilibrar la actividad humana y la conservación de la naturaleza.