Sindicalismo

"Siento que se está preparando el terreno para volver a la época de la 'troika'"

La Confederación Europea de Sindicatos escoge Madrid para reivindicar el sindicalismo como dique de contención contra el retroceso en derechos

20/06/2026

MadridHace días que Madrid es polo de atracción de grandes eventos –la visita del Papa ha coincidido con diez conciertos de Bad Bunny–, y el sindicalismo europeo ha querido poner su granito de arena. Esta semana, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha escogido el Palacio Vistalegre de la capital española como escenario de demostración de fuerza, pero también para advertir a Europa de que hará de muro de contención ante todos aquellos planteamientos que, a su parecer, supongan un retroceso en materia de derechos laborales y derechos humanos.

El acto central tuvo lugar el jueves y el cartel lo encabezaba Esther Lynch (Reino Unido, 63 años), el rostro visible de la CES. "Siento que se está preparando el terreno para volver a la época de la troika", lamenta Lynch, que en medio de una agenda apretada de tres días por Madrid en la que se reunirá con diferentes organizaciones sociales, responde por teléfono las preguntas del ARA.

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Lynch lleva años remando dentro del sindicalismo europeo. En 2015 asumió el reto de ocupar la secretaría general de esta organización europea que representa a unos 45 millones de trabajadores, pero antes tuvo un papel clave en la lucha por defender los derechos de los trabajadores en Irlanda, país que la adoptó y donde en los años 80 comenzó a dar los primeros pasos como sindicalista. Es, de hecho, recordando los años en Irlanda que ve en las decisiones actuales de muchos gobiernos europeos aires de austeridad. "Es un miedo real que tengo", confiesa. Explica que en Irlanda pasó lo mismo que en Italia y en España: "Conozco cómo [la troika] prepara el terreno para exigir a los gobiernos un cambio en el gasto [...] Y en estos momentos está pasando". En concreto se refiere a la presión a los Estados para que incrementen más el gasto militar, mientras crecen los argumentos contra el gasto en pensiones, el pago de subsidios de desempleo o las bajas por maternidad y paternidad, ejemplifica.

Y esta es una agenda que Lynch considera que se aleja de una "receta para el éxito". De hecho, cree que va en la dirección contraria al camino que persigue Europa: impulsar la autonomía estratégica en un momento marcado por las tensiones geopolíticas para no depender de grandes potencias como Estados Unidos o China. "Europa no será competitiva si se eliminan derechos, prestaciones e incluso normas. Nada más lejos de la realidad", sentencia. "Ser competitivos significa disponer de escuelas infantiles, vivienda y transporte público asequible". Así, Lynch recuerda que estos son los "elementos fundacionales" del estado del bienestar en Europa. "Centrarse en hacer que las empresas obtengan más beneficios o cumplan menos normas es una receta abocada al fracaso", reflexiona.

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Para poder hacer frente a esta tendencia reivindica sin ambages el papel de los sindicatos: "No es momento de renunciar a la acción sindical [...] No es momento para la desesperación, sino momento de unirnos, organizarnos y ganar". Es la foto que miles de personas convocadas por 25 sindicatos de una decena de países de Europa quisieron mostrar este jueves en Madrid.

La sindicalista, sin embargo, reconoce que la sensación de desafección política que se respira en todo el Viejo Continente afecta, también, a los sindicatos, sobre todo por parte de jóvenes que confiaban en un futuro "prometedor" y tienen "condiciones [laborales] mucho peores que otras generaciones anteriores". Lo mismo con trabajadores adultos que temen el impacto de la inteligencia artificial (IA) o la transición ecológica sobre su trabajo y, por tanto, su vida. "No se les está acompañando para que puedan adaptarse. Falta formación, pero sobre todo tiempo para hacerla", diagnostica Lynch. "Los sindicatos entendemos toda esta presión a la que están sometidos [los trabajadores]", asegura. Y pide confianza.

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El rol de los Estados Unidos

Cuando se le pregunta por el papel de los Estados Unidos, sobre todo de la administración Trump, lo tiene claro: sin ellos no se entenderían muchas cosas. En términos estrictamente laborales Lynch alerta de la adopción, precisamente, de un modelo "norteamericano" en algunas empresas en Europa en lo que respecta a la "desarticulación de la acción sindical". Lo ve, en particular, en el caso de las plataformas digitales. "Adoptan tácticas para animar a la gente a no afiliarse, les hacen coger miedo", denuncia. Pone de ejemplo la identificación de trabajadores de plataformas digitales –los riders– cuando se reúnen para hablar de salarios y horarios, y sobre los cuales planea constantemente la "desactivación" en la plataforma, que "camufla" un "despido improcedente".

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Sobre las grandes tecnológicas norteamericanas y los propietarios que hay detrás, los llamados tecnooligarcas, alerta de que su "peligro real" es la "influencia en el sistema político". Pero también que más allá de las redes sociales hay que fijarse en el peso que adquieren sobre servicios básicos. "Me preocupa que pongan sus manos en sistemas que necesitamos para vivir; que accedan a datos de servicios básicos como la salud o el transporte".

En términos políticos, Lynch ha visto una adopción en Europa y España por parte de la extrema derecha de las tesis de los think tanks detrás de Donald Trump: "Utilizan la técnica más vieja de la historia: divide y vencerás. Animan a los trabajadores a creer que la fuente de sus problemas son los otros trabajadores, sobre todo los extranjeros [...] Y destruir los sindicatos es una parte de este camino".

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Un mundo dominado por hombres

En esta lucha, Lynch ha tenido que nadar en un mundo, el económico, marcado normalmente por la alta presencia de hombres, tanto en las empresas como en los sindicatos. Por eso se enorgullece de uno de los avances conquistados a lo largo de estos diez años al frente de la CES: la directiva europea sobre transparencia salarial, y que cree que ha supuesto una enmienda a uno de los elementos de discriminación más "flagrante" en el trabajo, la diferencia salarial entre hombres y mujeres. "Durante años los empresarios te decían que tenías que mantener en secreto el sueldo, que no podías hablar de ello con los compañeros. Este secreto ha provocado que durante años las mujeres no supiéramos si lo que cobrábamos era discriminatorio, si estaba muy por debajo de lo que cobraba el compañero hombre por hacer el mismo trabajo".

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Por resultados como este, Esther Lynch continúa reivindicando dar pasos adelante: "Es la única manera de que los gobiernos escuchen a los trabajadores y cambien de rumbo". Dejar este camino desierto, cree, es una ventana para los "despiadados". "Estamos en un momento en que hay poderes decididos a hacernos retroceder en derechos", alerta durante la conversación.