Inversión

Bruselas busca espolear el capital para evitar la fuga de empresas emergentes

La comisaria Zaharieva niega que los Veintisiete estén atrasados en tecnología y llama a los inversores institucionales a apostar más por la inversión en emergentes

La comisaria europea de start-ups, Ekaterina Zaharieva
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BruselasLa Comisión Europea busca caminos para espolear el capital europeo para fomentar su ecosistema de empresas emergentes. La comisaria europea de empresas emergentes, innovación e investigación, Ekaterina Zaharieva, reconoce una serie de obstáculos que aún frenan el desarrollo de los sectores innovadores en los Veintisiete. Entre los más graves, ha señalado la fragmentación regulatoria y financiera de la Unión. También ha lamentado la falta de capital riesgo para financiar las grandes rondas y salidas al mercado con las que muchas emergentes culminan su crecimiento. Más aún con el avance del perfil de las empresas emergentes: la década pasada, el tejido emergente era eminentemente digital y centrado en los servicios. Ahora, con el foco puesto en la tecnología profunda, mucho más intensiva en capital, el problema se hace todavía más grave, según las fuentes del sector tecnológico consultadas. Una tecnología que, en su fase de desarrollo, está más que presente en la UE: "Tenemos todo lo necesario para liderar", sentencia Zaharieva.

En un encuentro con periodistas en Bruselas, Zaharieva –la primera en el cargo, creado en el año 2024– lamenta los límites del capital de riesgo local. Un padecimiento que comparten las instituciones europeas: una alta funcionaria del Consejo Europeo criticaba recientemente que "las empresas no tengan fondos para la fase escalable –las etapas de mayor crecimiento y tamaño de las emergentes–". Esta herida en el costado de las empresas emergentes comunitarias proviene de la falta de capital para afrontar las rondas finales de su proceso, las más exigentes en términos de capital. De hecho, según el último informe europeo de mercado único y competitividad, la ratio de inversión en capital riesgo sobre el PIB europeo es solo del 0,06%. De acuerdo con el mismo documento, se trata de una décima parte de la cifra de los EE. UU.

El sector confirma que estos impedimentos, hace años –décadas, incluso– que obstaculizan los últimos tramos de crecimiento de las empresas emergentes locales. El presidente de Tech Barcelona y cofundador de Antai Ventures, Miguel Vicente, asegura en declaraciones a el ARA que el problema ha sido "especialmente grave en España", porque "ha tenido fondos de menor tamaño que Francia, Alemania o el Reino Unido". "No tenemos fondos con suficiente músculo para que todo esto se quede aquí", remacha.

También la fragmentación del mercado de capitales ancla la proyección de las empresas emergentes europeas, y define la actitud de los inversores en capital riesgo. Según Zaharieva, “muchas sociedades de capital riesgo europeas se centran demasiado en inversiones regionales” y no tienen la capacidad para devenir continentales. Vicente, por su parte, señala que la extrema diversidad normativa de los Veintisiete en términos de inversión es a menudo el freno: "Necesitamos que esto sea un solo mercado, con la misma regulación", para incentivar las inversiones de riesgo fuera del entorno inmediato, dice.

"No hay tiempo" para el mercado único

Según la comisaria, una unión europea de ahorros e inversiones serviría para eliminar muchas de las barreras que sufren las empresas emergentes. Ahora bien, la UE no prevé alcanzarla antes de 2028, y los ritmos de la innovación tecnológica hacen que la fecha sea demasiado lejana: “No podemos esperar hasta entonces”, añade. En este sentido, defiende la estrategia inversora de Bruselas, a través de herramientas como el European Innovation Council, que ha conseguido movilizar 3,5 euros de inversión privada por cada euro público activado. 

La Comisión también cuenta con un nuevo vehículo, el Scaleup Europe Fund, de origen público-privado, para tapar este agujero. El nuevo fondo se centra en operaciones de cierto volumen, dedicadas a empresas en momentos clave de crecimiento; y abordará tickets por encima de los 100 millones de euros. La iniciativa cuenta con 5.000 millones de euros para actuar como tractor para rondas de financiación especialmente exigentes. Vicente elogia la propuesta, si bien comenta que "necesitamos muchos más, y quizás algunos todavía más grandes".

Falta de compradores

Tanto las autoridades europeas como el sector señalan que la financiación no es el único problema: también se hace complejo llegar a la última fase de la vida de las empresas escalables, que es la salida. Cuando un negocio es lo suficientemente maduro para integrarse en una corporación –y dejar beneficios en los fondos que han invertido–, a menudo las empresas europeas no tienen capacidad económica para competir. Es un problema, según Vicente, que "no está suficientemente detectado": "La mayoría de las empresas emergentes europeas que se venden, lo hacen a corporaciones americanas".

El de las salidas, hay que decir, es un problema potencialmente aún más grave que el del capital riesgo: a través de rondas de financiación, un inversor puede cambiar los equilibrios de la propiedad de una emergente o escalable europea, pero el equipo directivo, normalmente, se queda en la región de origen. Con una adquisición, "el efecto competitividad no se queda solo en el ecosistema tecnológico; pasa a toda la industria". Es decir, grandes empresas europeas pueden ver que competidores norteamericanos, o de otras regiones con más capacidad de inversión, se escapan con tecnología de origen comunitario que mejora su capacidad productiva en detrimento de la competencia.

Para el inversor y presidente del Tech, la solución ya viene dada en la estrategia del mercado único de la Comisión: los famosos "campeones europeos", gigantes sectoriales que se consolidarían a través de fusiones y adquisiciones para competir con sus contrapartes transatlánticas. "Si en lugar de tener veintisiete empresas de telecomunicaciones, tuviéramos tres, sería mucho más fácil abordar compras tecnológicas", observa. Aun así, todavía no se ha conseguido establecer un régimen que impulse las fusiones continentales al ritmo que quiere la Comisión.

Conservadurismo ahorrador

Fuera del alcance público, Zaharieva destaca el papel de los inversores institucionales, como fondos de pensiones, que tienen mucho capital, pero “no invierten en los estados miembros”. En este sentido, insta a las instituciones comunitarias a “enseñar” a los potenciales inversores “los retornos y las posibilidades de implicarse en el capital riesgo”. Entre otras cuestiones, la comisaria ha destacado el rol del Consejo Europeo de Innovación y el nuevo Scaleup Europe Fund para "motivar a los institucionales a acercarse al capital riesgo"; así como la colaboración entre Bruselas y el Banco Europeo de Inversiones para activar este capital. La misma comisaria, sin embargo, reconoce que algunas regulaciones nacionales son "demasiado conservadoras" para que estas inversiones se hagan realidad.

Vicente reconoce un problema de "cultura de la gestión" de los fondos institucionales comunitarios, históricamente poco propensos al riesgo, pero también destaca que la normativa financiera de la Unión no lo pone fácil para movilizar capital en este sentido. "Es un problema de calificación del riesgo", razona: el regulador es muy reacio a aceptar que fondos de pensiones o aseguradoras dediquen recursos a este tipo de productos, más rentables, pero menos seguros. Francia, por ejemplo, sorteó este bloqueo mediante la iniciativa Tibi, que ha conseguido tratar la tecnología como un activo apto para los institucionales. Según el Ministerio de Economía del país galo, el proyecto ya ha conseguido comprometer más de 30.000 millones de euros desde el inicio del programa, que ha reunido unos 176 fondos institucionales.

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