Inteligencia artificial

El Nobel Philippe Aghion asegura que la IA aportará un punto porcentual cada año a la productividad

El economista niega que la automatización haya destruido puestos de trabajo y alerta contra la "sobrerregulación" de la tecnología

16/06/2026

BarcelonaEl ganador del Premio Nobel de Economía 2025, Philippe Aghion, ha reivindicado desde Barcelona los efectos de la inteligencia artificial sobre la economía. Según los cálculos del experto, la IA puede añadir más de un punto porcentual a la productividad agregada de los principales mercados durante la próxima década. Las nuevas aportaciones, sin embargo, son condicionales a la capacidad de los países de "construir las instituciones correctas" para regularla e impulsarla. "La IA tiene un gran potencial, pero hay que adaptar nuestras políticas para aprovecharlo", ha defendido en una conferencia celebrada este martes en la sede del Círculo de Economía.

Aghion ganó el principal galardón del mundo económico junto con Joel Mokyr y Peter Howitt por su tarea "explicando el crecimiento económico causado por la innovación". Durante su intervención, ha defendido una visión "optimista" de los efectos de la inteligencia artificial sobre el conjunto de la economía. Contra las voces más críticas, que señalan "el escaso potencial económico y los efectos negativos sobre el mercado laboral", el economista francés ve aplicación en prácticamente todos los ámbitos productivos. Los cambios a mejor, además, serían "permanentes": las aportaciones innovadoras de la IA a la actividad económica continuarían haciendo aportaciones positivas del 0,3% anual de la productividad incluso más allá de los próximos 10 años.

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Las aportaciones de la IA son tan claras a juicio del premio Nobel que vislumbra, incluso, efectos positivos para el mercado de trabajo. Lejos de las alertas laborales que han lanzado perfiles del sector, como el fundador de OpenAI Sam Altman, Aghion sostiene que la aplicación de esta tecnología a los procesos productivos ya tiene un "efecto ligeramente positivo" sobre el número de trabajadores. El cálculo, hay que decir, es en términos agregados: el francés reconoce que se han "destruido puestos de trabajo" por la automatización de tareas; pero vislumbra que "se crearán muchos más" por el incremento de productividad que prevé en el futuro inmediato.

Regulación excesiva

En línea con la mayoría de instituciones económicas, y a pesar del optimismo general con la IA, Aghion alerta que la Unión Europea se encuentra en claro "retraso" respecto del resto de potencias globales. "No solo en productividad, también en innovación", ha lamentado, a pesar del buen ritmo que mantienen las economías comunitarias en actividad científica básica. En primer lugar, señala la "sobrerregulación" como uno de los grandes problemas de los Veintisiete: si bien se muestra favorable a una regulación que establezca los límites de la tecnología, considera que Europa tiene un "milhojas reguladora" que no permite el avance de la tecnología. Ya el primer intento de la Comisión Europea de establecer un marco legal de actuación, laAI Act del 2024, "va demasiado lejos". Frente a esta visión, el economista francés reivindica "políticas industriales activas" que ofrezcan incentivos, y no límites, a las empresas tecnológicas para innovar, y para hacerlo en Europa. Sin un sistema que vaya en este sentido, con ayudas públicas directas a empresas que puedan desplegar la IA en el continente, los principales actores podrían optar por llevarse la producción a países donde "no haya ninguna regulación".

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"Computación local"

Una legislación más laxa para las empresas tecnológicas, pero, es solo una de las necesidades que identifica Aghion para fundamentar una Europa soberana en IA. También reclama una apuesta decidida por la infraestructura: "La IA necesita potencia de computación, y la política industrial debe servir para construir centros de datos". También considera imprescindible un "nube europeo" que permita actuar fuera de los tres grandes actores del cloud computing: Google, Amazon y Microsoft. Considera, de hecho, la concentración excesiva de poder de mercado en pocos actores norteamericanos un problema para el desarrollo de la inteligencia artificial, y llama a "fomentar la competencia" entre empresas para dinamizar la industria.

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Más allá de los centros de datos, Aghion detecta un vacío importante que detiene la capacidad innovadora europea en el campo de la IA: el capital. El Nobel sostiene que "no hay suficiente capital riesgo" para acelerar las empresas emergentes con productos de inteligencia artificial con potencial en el mercado. La salida, a su parecer, son los fondos soberanos; a los cuales hay que empujar para que centren su actividad en el ecosistema local y no deslocalicen la inversión a Estados Unidos. "Hacen falta incentivos fuertes para que los ahorros europeos se queden en Europa", ha concluido.