Telecomunicaciones

Las 'telecos' en Europa: de la revolución del S. XX a ser objetivos baratos para los inversores

La inversión árabe en Telefónica aflora el cruce entre la protección de un servicio básico y las salidas financieras de las compañías

MADRIDNos permitieron conectar con cualquier persona desde cualquier lugar del mundo, por lo que se habla de ellas, del sector de las telecomunicaciones, como una de las revoluciones más importantes del siglo pasado. Hoy, en un mundo mucho más globalizado donde reina la hiperconectividad, nada haría pensar, pues, que una actividad así pueda atravesar turbulencias financieras, o al menos que las bolsas no la vean como una de las joyas de la corona. Pero lo cierto es que en España, y en general en Europa, es más bien lo contrario: tiene baja valoración y está a la cola de la rentabilidad.

Este escenario –que no siempre ha sido así– ha reaparecido en el debate público tras la operación de Saudi Telecom (STC), controlada por el fondo soberano de Arabia Saudita Public Investment Fund (PIF), para llegar a tener el 9,9% de Telefónica y convertirse en el primer accionista. La presidenta del Grupo de Asesores en Inversiones Financieras del Colegio de Economistas de Catalunya, Begoña Castro, lo resume así: compañías como Telefónica son objetivos baratos, que necesitan capital para mantener las inversiones, sobre todo en pleno avance tecnológico y enjugar la deuda que tienen, y al mismo tiempo son muy estratégicas. Además, en el caso concreto de inversores como el PIF, se ven como una puerta de entrada para diversificar y transformar los petrodólares a través de los cuales se sostienen.

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Para saber cómo se ha llegado hasta aquí es necesario remontarse a uno de los cambios más importantes del sector de las telecomunicaciones en Europa: su liberalización en los años noventa. Como ha ocurrido recientemente con el transporte ferroviario en España, la intención fue la de aflorar operadores, es decir, que haya más competencia, y que esto repercutiera en unos precios más bajos para los usuarios. Sin embargo, este proceso no fue igual en todas partes y España es un claro ejemplo. Mientras que algunos estados mantuvieron un papel en el accionariado de la principal compañía de telecomunicaciones (es el caso del gobierno francés en Orange), en España, en 1997, el entonces presidente del gobierno español, José María Aznar, decide privatizar al 100% Telefónica.

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Mercado competitivo

Desde entonces, la competencia no ha parado de crecer y con ella la oferta low cost. A modo de ejemplo, hoy en día en el Viejo Continente hay más de 100 operadores, mientras que en Estados Unidos hay tres. En el primer caso, los precios rondan los 25 euros de media, y en el segundo, los 60 dólares, tal y como ha publicado Bloomberg. "Esta dinámica ha erosionado progresivamente los márgenes de los operadores", analizaba esta semana el responsable de investigación del fondo Plenisfer Investments SGR, Marco Mencini.

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En este contexto, las cotizaciones de las compañías han ido cayendo. Telefónica, por ejemplo, cotizaba a 20 euros y ahora a 3, recuerda Castro. "La acción ha caído porque es un negocio que tiene mucha competencia, se ha estancado [en cuanto al crecimiento], y además durante una época dejó de pagar dividendos", añade el economista en una conversación con el ARA .

Estos precios, sin embargo, también son resultado de ser un sector que en Europa se ha leído como "básico" y no como un "consumo de lujo". "También hay presión social: si suben precios, no habrá clientes", comenta Castro. Hay que tener en cuenta que en el caso europeo la actividad de las telecomunicaciones se ha regulado estableciendo algunas normas, como proporcionar servicios básicos a precios asequibles, independientemente de la situación geográfica de la población.

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Paradoja de visiones

Por eso, esta visión del sector desde una óptica financiera no es equivalente a la visión desde el punto de vista del consumidor que "goza" de un "progreso tecnológico", matiza el profesor de economía de la Universidad de Barcelona Joan Calzada en una conversación telefónica con el ARA, aunque están estrechamente vinculadas.

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"Los consumidores quieren que les saquen trabajo de encima y las compañías [de telecomunicaciones] se han tenido que espabilar. Se quieren precios bajos y no sólo tener acceso a internet o llamadas telefónicas, sino a servicios, como televisión", apunta Calzada. Además, las compañías se han visto empujadas a entrar en el mercado de los contenidos. "Enseguida se vio que la competencia era Google o Apple, es decir, no era el tubo por el que pasan los datos, sino los datos en sí. Estos gigantes obligan a los operadores a invertir mucho, pero no acaban beneficiándose de ello, porque quien genera los ingresos son ellos", añade el profesor de la UB. Todo ello obliga a mantener una inversión continua y alta en el tiempo, que no se recupera pronto, y menos en un mercado tan competitivo en el que los avances están a pasos de gigante, coinciden Castro y Calzada. Además, Castro recuerda que una vez hecha la expansión en una parte del negocio tecnológico, llega a su "estancamiento". "Ahora todo el mundo tiene la mirada en la inteligencia artificial", añade.

"La cuestión es: ¿es importante pasar de 4 a 3 operadores? Pues sí, es muy relevante, los mercados funcionan muy distinto y la competencia también", reflexiona Calzada. Tan importante que Bruselas ha aplazado sin fecha la decisión sobre la fusión de Orange y MásMóvil, dos de las principales operadoras en España junto con Telefónica y Vodafone. También la entrada de fondos, como sería el caso de Telefónica, abre algunas dudas: ¿qué derechos políticos quieren?, ¿implica una reestructuración? "El sector se enfrenta a un panorama contradictorio con una ecuación muy difícil entre inversión, regulación y política de competencia", apuntaba la propia Telefónica en un informe publicado recientemente sobre autonomía estratégica abierta.