Detener el machismo digital

Conmemoramos el 8-M otro año, casi con las mismas reivindicaciones o aún peor, reivindicando que no queremos dar pasos atrás. El feminismo parece Sísifo intentando subir una y otra vez una piedra que no para de rodar cuesta abajo. Hoy en día una de las razones que hace más difícil el progreso de derechos y la consolidación de los que se han podido alcanzar es el mundo digital. Porque ya no es sólo que tenga un sesgo machista, sino que por su propia naturaleza le amplifica y lo multiplica. Como explicamos hoy en el dossier, los ejemplos son múltiples y las razones evidentes. Una es que el universo digital está dominado por hombres blancos heterosexuales, tanto los propietarios de las principales empresas del sector como los que programan y trabajan en estas compañías. Estos hombres entrenan los algoritmos con el sesgo que llevan incorporado de género, a partir de sus intereses y preocupaciones, y ni siquiera encuentran extraño que haya ese sesgo ni lo saben detectar.

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Los algoritmos amplifican el sesgo de género que existe en la sociedad, por eso hace falta más transparencia y más control

Así, nos encontramos por ejemplo que en la publicidad que reciben chicos y chicas en edad de ir a la universidad, a unos les llegan grados de carreras técnicas como ingeniería e informático sociales. O que las herramientas de IA que utilizan algunas grandes empresas para seleccionar a sus trabajadores sólo se fijen en currículos de hombres, porque el algoritmo lo habían entrenado sólo con datos de hombres y consideró que era lo que tocaba, por lo que discriminaba todo lo que pareciera femenino –como ocurrió en Amazon, lo que provocó un mayor. Hay cosas anecdóticas, como el hecho de que Google calcule las distancias en función de los pasos y la velocidad estándar de los hombres, pero otros son fundamentales, como los bancos que utilizando datos antiguos –de cuando las mujeres, discriminadas, tenían mayor dificultad para encontrar trabajo y dinero– deniegan créditos a las mujeres sin tener en cuenta que hoy en día son tanto o más solventes.

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Todo ello en un contexto, además, en el que la machosfera se está haciendo fuerte en las redes, difundiendo mensajes que tienen mucho eco. Y como las redes tienen algoritmos que premiamos la polarización y la interacción, estos mensajes se reproduzcan aún más. Los algoritmos no son fórmulas matemáticas puras e inocentes, sino que están hechos por personas y responden por tanto a su propio sesgo e interés. Es importante saber qué ocurre y mantener más control. Por eso mismo es importante que haya más mujeres trabajando en este contexto digital, que aumente la alfabetización digital de la población y, especialmente, que sobre todo haya una mirada crítica y desconfiada. Ahora mismo varios estados, entre ellos España, están estudiando prohibir el acceso a las redes a los menores de 16 años. Algunos de los motivos son, precisamente, esa falta de control y ese sesgo machista y violento, que se amplifica y se difunde a través de las redes sociales. Pero no está sólo aquí. Ahora que ya empezamos a tener encima el tsunami de la IA es importante controlar no sólo cómo se utiliza sino también quién la controla y cómo. Es necesaria más transparencia y más regulación. Y no podemos esperar demasiado.