Europa debe defender a sus ciudadanos de los abusos de las grandes corporaciones
La Comisión Europea ha abierto una investigación a la compañía china Shein por presunta vulneración de la normativa comunitaria por el diseño adictivo de su portal, por la falta de transparencia en los recomendadores y por la venta de productos ilegales, como las muñecas sexuales de aspecto infantil. Éste es un paso importante en la defensa de los derechos de los consumidores europeos, que muchas veces se encuentran indefensos ante las grandes corporaciones chinas o norteamericanas, que no respetan la normativa comunitaria y, a menudo, incluso la desprecian.
En el caso de Shein resulta palmario que no se puede permitir la venta de muñecas sexuales con rasgos infantiles porque eso sería tanto como promover la pederastia. Pero resulta especialmente interesante la parte en la que la Comisión advierte a Shein de que no puede provocar efectos adictivos en los compradores con técnicas como dar más puntos por tiempo de navegación, porque la adicción a las compras online ya hace mucho tiempo que se identificó como un problema a combatir.
El mismo día que la Comisión Europea hacía este anuncio, el presidente español, Pedro Sánchez, pedía a la Fiscalía que investigue a las grandes tecnológicas estadounidenses como Meta o X para permitir que sus respectivas herramientas de IA creen contenidos de pornografía infantil. No está nada claro hasta dónde podrá llegar la justicia española en esta cuestión, pero lo que es evidente es que ha llegado la hora de que la Unión Europea se ponga las pilas y señale los límites a estas grandes corporaciones. Exactamente, los mismos límites que se ponen en el resto de empresas. Si los europeos hemos decidido proteger la infancia y combatir la pederastia, debemos poder hacerlo sin importar el tamaño de las empresas ni su origen.
A menudo se critica a la UE por un exceso de regulación que puede restar competitividad, pero también es cierto que muchas de estas normas tienen el objetivo de proteger a los ciudadanos. Y de hecho, estas grandes corporaciones gastan mucho dinero para intentar esquivar cualquier tipo de normativa que ponga límites a su actividad. Y en un mundo donde parece que el único lenguaje universal que funciona es el de la fuerza, Europa debe hacer valer su peso económico y representar un mercado de 500 millones de consumidores.
Ni que decir tiene que hasta ahora Bruselas ha sido muy laxa con estas grandes corporaciones. Ha permitido que aprovecharan de las rendijas legales para practicar la elusión de impuestos a gran escala, ha dejado que mantuvieran posiciones monopolísticas y se ha encontrado con grandes dificultades para obligarlas a pagar las multas millonarias que les ha ido imponiendo. Pero en un momento en que la autonomía estratégica europea se ha convertido en un mandato imperativo, ya no puede mirarse hacia otro lado. Veamos también qué ocurre en el mundo. Si Estados Unidos de Trump ha obligado a la china TikTok a vender su negocio en el país, y China pone trabas a las empresas europeas que quieren instalarse, ¿no tenemos derecho nosotros a defender nuestros intereses comerciales y el sistema de valores que nos define como europeos?