El peligro de que la escalada incluya el riesgo nuclear

Una miembro de la Luna Roja anda cerca de la refinería cerca de Teherán que han bombardeado Israel y Estados Unidos llenando de humo negro contaminando la capital.
08/03/2026
2 min

Entramos en la segunda semana de guerra en Irán y de momento no parece haber un horizonte de final del conflicto sino más bien lo contrario. Falta mucha información, sobre todo del interior de Irán, y buena parte de las noticias que nos llegan son sesgadas o incompletas. Sin embargo, las señales parecen mostrar una división interna dentro del país que hace difícil saber quién manda realmente. Aunque el sábado su presidente, Masoud Pezeshkian, decía que no atacarían a los países fronterizos si éstos no permitían ataques contra ellos desde sus bases, ayer aumentaron los ataques en drones contra los petroestados del Golfo. La Guardia Revolucionaria, que es la que mantiene la posición más dura y que se opuso directamente a lo dicho por Pezeshkian, tiene una estructura de mando descentralizado y esto le permite continuar los ataques, aunque cada vez más reducidos, por su cuenta.

En un contexto tan incierto, en el que los ataques aéreos están destruyendo de forma sistemática no sólo los objetivos militares sino también las infraestructuras energéticas, los analistas tememos un escenario de desintegración interna del país que provoque, a la larga, una guerra civil o enfrentamientos entre grupos armados internos que a la vez provo. Todo ello, y esto es fundamental porque forma parte del argumentario a partir del cual Trump y Netanyahu han querido justificar el ataque, en un país con la capacidad de construir armas nucleares y cuyas reservas de uranio podrían caer en manos aún más peligrosas que las de los actuales dirigentes iraníes. Segundo explicaba el analista Stephen Holmes en un artículo hace unos días, el gran peligro es, precisamente, ese. Los expertos calculaban, decía, que Irán tenía unos 441 kilogramos de uranio enriquecido en el 60% de pureza, a un corto paso técnico de la calidad armamentista. Este fin de semana, a preguntas de los periodistas, Trump no descartaba en el futuro una incursión terrestre para recuperar parte de ese uranio que se supone que puede estar enterrado en alguna de las instalaciones que bombardearon en junio. Es una muestra de hasta qué punto preocupa el control de este material que, de hecho, nadie tiene claro dónde está realmente, ya que podría ser que ya hubiera sido trasladado.

Que haya incertidumbre en un elemento tan clave se suma a que el 5 de febrero se extinguió el New Start, el último tratado que ponía límite a las armas nucleares estratégicas que habían firmado Rusia y Estados Unidos, dos países que tienen cada uno más de 5.000 ojivas nucleares. Son los que más tienen, pero hay más países con capacidad nuclear –China, Pakistán, India, Francia, Reino Unido, Corea del Norte e Israel– y en todos los casos el peligro es muy grande porque, cuando se habla de armamento nuclear, una sola arma ya es suficientemente devastadora porque supone levantar la veda. Se entiende la preocupación por que Irán tuviera el arma, pero, de hecho, en general lo que preocupa es que cualquiera de estos países la tenga. Y, más aún, que alguna de estas armas pueda estar en manos no de un estado sino de un grupo terrorista incontrolado.

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