The Cure sale del luto para mostrar en el Primavera su cara más festiva
Viagra Boys, Einstürzende Neubauten o Jade protagonizan otros conciertos destacados de la jornada
BarcelonaEl regreso de The Cure a los escenarios, después de un año y medio de parón, los mostró en una encarnación muy diferente a la de su visita anterior al Palau Sant Jordi, en noviembre de 2022. Entonces presentaban el disco Songs of a lost world, marcado por la muerte de los padres y un hermano del líder de la banda, Robert Smith. El grupo, además, ha perdido también al guitarrista y teclista Perry Bamonte, fallecido en diciembre. A pesar de esta acumulación luctuosa, los Cure que subían triunfales al escenario principal del Primavera Sound como cabezas de cartel de este viernes dejaron todo este duelo atrás para ofrecer su repertorio más festivo y apto para festivales, con una selección muy generosa de sencillos, de entre la cincuentena que han editado en casi ya medio siglo de existencia.
Fue un concierto largo, marca de la casa, de dos horas y media. Eden Gallup, hijo del bajista Simon Gallup —el miembro más veterano con diferencia, aparte del propio cantante— asumía las funciones de Bamonte, como ha hecho en alguna ocasión en casos de bajas temporales, pero no han anunciado si su incorporación será ahora ya como miembro de pleno derecho. El grupo sonó como siempre: compacto y ganador, con canciones rodadas en mil conciertos, a pesar de que Smith siempre sabe darle siempre algún giro juguetón gracias a una voz que conserva intacta a pesar de rondar ya la setentena. Clásicos de los ochenta como The walk, Let’s go to bed, Play for today o The lovecats fueron coreados por el público no ya las partes cantadas, sino también las instrumentales. Aquello fueron los Cure en su versión más lololo. Y funcionaba.
Estas ganas de marcar perfil festivalero hizo que, aunque desde el lanzamiento del último disco ya avisaron que tenían material grabado para sacar un segundo disco de tono similar, el grupo no aprovechara este regreso para estrenar alguna, a modo de aperitivo. Sí que hubo gestos para los fans más empedernidos, como rescatar 2 late, que fue la cara B de Love song, y que no la tocaban desde 2019. Mint car, alt.end, y Wrong number también hacía tiempo que estaban en el banquillo y el viernes entraron de nuevo en la rotación. Repescar este último tema sugiere que los Cure, más allá de su imagen tópica de barones del gótico depresivo, quieren reivindicar también un alma de rock and roll bastante pura, como se pudo ver también con Hot, hot, hot!!!, que prescinde de pedales habituales como el flanger o el chorus en favor de unos riffs más naturales, menos atmosféricos. Al fin y al cabo, en el próximo disco de los Rolling Stones hay una colaboración con Robert Smith que refuerza este gusto por el rock puro.
"I will lose myself in time, it won’t be long" (Me perderé en el tiempo, no falta mucho). Son versos del tema Endsong con el que se cierra el último disco del grupo, una de las canciones más desgarradoras que han escrito nunca y que sirvió para cerrar el bloque principal de la actuación, antes de los bises. Juzgando el grito eufórico de “¡Espero que nos veamos pronto!” con el que se despidió y también los preparativos anunciados para celebrar los 50 años de la banda que se cumplirán en 2028, todo hace pensar que Smith y compañía se sienten con más fuerza para seguir defendiendo su legado que lo que las letras podrían sugerir.
De la industria a la vanguardia
Horas antes, los también veteranos Einstürzende Neubauten llenaban el escenario del Auditorio con toda la chatarra que acompaña habitualmente a estos luthiers posmodernos. A pesar de que ya no son aquel asalto sonoro industrial que asustaba a los gatos del vecindario con sus chirridos, esta versión más controlada y vanguardista del grupo alemán sigue siendo intensa y contiene una gramática propia llena de sonoridades interesantes. Un momento entrañable y cómico fue cuando el líder Blixa Bargeld presentó a bombo y platillo el carrito de la compra con el que después interpretarían Grazer Damm: explicó que el de 1984 ya estaba demasiado oxidado. Y como el nuevo debía llevar un chip con GPS dentro, según relató, alguien de Nueva Zelanda debía estar preguntándose cómo diablos aquel carrito robado había acabado tan lejos.
El concierto sirvió para presentar a la nueva miembro del grupo, Josefine Lukschy, que sustituye al histórico Alexandre Hacke, con más de 40 años de trayectoria en el grupo. No eran unos zapatos fáciles de ocupar, porque en los Neubauten la línea de graves es el cojín imprescindible que permite montar encima todas las percusiones metálicas del resto de la banda y los icónicos chillidos de Bargeld. Pero se graduó con nota y recibió el aplauso más sonoro de la tarde. El concierto bebió sobre todo de los últimos discos y funcionó muy bien porque en los directos es donde mejor se aprecia la fisicalidad de su música. Bargeld estaba contento, incluso eufórico, y dedicó un tema a su hijo trans, animando al público a rebelarse contra el determinismo biológico.
Otro plato fuerte de la jornada fue la actuación de los suecos Viagra Boys. Su rock asilvestrado se baña a propósito en la estética —el cantante Sebastian Murphy es todo un poema— pero el grupo está encajadísimo y, a la vez, se pueden permitir jams como la del tema final, Research chemicals con la que convirtieron esta oda a un mal viaje en una explosión de notas paranoicas que se alargó un cuarto de hora gracias al solo free jazz del saxofonista Oskar Carls. En sintonía con la carga política de sus letras, entre delirantes y sarcásticas, hubo una aplaudida exhortación antifascista y gritos en favor de Palestina. La hora de actuación se hizo corta aunque terminó a las cuatro de la madrugada y hubo gran fiebre entre el público con clásicos como Troglodyte, Ain’t no thief o Man made of meat, que abrió fuego. Eso sí, llegaron al final del concierto menos personas de las que lo empezaron: no pasaban dos minutos sin que el personal de seguridad invitara amablemente a algún miembro de la audiencia con tendencias voladoras a abandonar el recinto.
Las aspirantes al trono del pop
El Primavera no solo se alimenta de rock, aunque este año la vertiente más pop comercial ha aflojado un poco. Aparte de Addison Rae y su espectáculo de alto voltaje (pero cursi) en el que se celebraban más los twerkings que los estribillos, la otra aspirante a diva de la jornada ha sido la británica Jade, que ha demostrado una energía que la emparenta con Lady Gaga, aunque su espectáculo todavía no tenga las aspiraciones artísticas del de la norteamericana. Es comprensible: Jade apenas tiene un único álbum publicado en solitario, That’s showbiz baby (previamente había formado parte de la girl band Little Mix, creada en la octava edición de The X Factor inglés). Su propuesta es una fiesta sofisticada que mezcla pop, dance, R&B, disco y referencias muy explícitas a la Motown, como el sample de Stop in The name of love de The Supremes, que utiliza en la canción Before your break my heart.