Una foto que podría valer unos presupuestos, o incluso dos

Tal y como están los tiempos en la política española, con la crispación convertida en normalidad y unas encuestas que muestran el escoramiento general del electorado hacia la derecha, podría ser que ésta fuera la última oportunidad del gobierno de Pedro Sánchez de aprobar unos presupuestos que incorporaran las propuestas de los partidos que le apoyan, tanto los de izquierdas como los de izquierdas. Muchas de las demandas y propuestas que ahora bloquean estos acuerdos difícilmente se conseguirán si finalmente gana el PP, sobre todo si lo hace con el apoyo necesario de Vox, como se ha visto en lo que han hecho en las comunidades en las que ahora gobiernan. Es posiblemente por esta razón que los socialistas, los catalanes y los de fuera, han considerado que enpero sí toca hacerse la foto con Carles Puigdemont en Bruselas. Quien ha ido es Salvador Illa, y tiene sentido que sea primero el presidente de la Generalitat el que dé el paso, pero no sería de extrañar que en un futuro no muy lejano veamos también al presidente español, Pedro Sánchez, haciéndose la foto. En cualquier caso, este deshielo, que ya se había iniciado con las negociaciones con Santos Cerdán –el ex secretario de organización del PSOE, hoy imputado por el caso Koldo– y con la ley de amnistía, que todavía no se ha aplicado del todo, necesitaba una imagen de mayor nivel para dejar constancia de una normalización de las relaciones entre un socialismo español que había apoyado.

Cargando
No hay anuncios

Todo ello se ha acompañado, y quizá no sea casual que sea el mismo día, de la aprobación al consejo de ministros de la ley que permite la condonación de una parte de la deuda autonómica –que a Catalunya le permitiría dejar de pagar unos 17.000 millones de euros– y de la aprobación al consejo de gobierno del techo de gasto. de euros, el más alto hasta ahora, que es el paso previo a la redacción de presupuestos. La cuestión es que no sólo Pedro Sánchez necesita unos presupuestos. También Salvador Illa sueña con conseguirlos, aunque en su caso posiblemente tiene algo más de margen que el presidente español. Sea como fuere, ahora mismo en Catalunya estamos con los presupuestos del 2023, y aunque ya se ha demostrado que se puede funcionar con cuentas prorrogadas, se han desperdiciado unos años para poner en marcha nuevas propuestas e inversiones, que con la ayuda de Bruselas –que pronto acabará– quizá habrían dado un empujón al necesario.

Hoy los dos grandes motores que marcaron la agenda política y social tanto de España como de Catalunya –el 15-M y sus consecuencias y el Proceso– se están quedando sin gasolina. Las formaciones que legítimamente las defienden ya no tienen el mismo apoyo social que las hizo casi hegemónicas, y los intereses de los ciudadanos, sin olvidar sus ideales, se están volviendo más pragmáticos. Piden concreciones en temas básicos, como el transporte, la vivienda y la creación de empleo de calidad. Aun así, la atomización electoral hace que los votos de estas formaciones sean imprescindibles tanto en Madrid como en Cataluña, donde tanto Junts com Podem son siempre la piedra en el zapato de todas las negociaciones. Lo que pueda ocurrir con las cuentas, y por lo general con el rumbo político del país, dependerá de la lectura que hagan estas formaciones de la situación mundial, estatal y nacional. La foto de hoy es relevante, pues, tanto para unos como para otros.