El PP perjudica a sus ciudadanos yendo contra Catalunya
El espectáculo del Consejo de Política Fiscal y Financiera de este miércoles, donde la vicepresidenta y ministra de Hacienda María Jesús Montero ha presentado a sus homólogos autonómicos la propuesta de nuevo sistema de financiación, no puede recibir otro calificativo que el de lamentable. Nunca un gobierno español había puesto tanto dinero sobre la mesa para transferirlo a las CCAA. Y sin embargo, las comunidades del PP se han apresurado a rechazar el sistema con el único argumento que ha sido pactado con Catalunya, y en concreto con ERC. El anticatalanismo sigue siendo un motor tan importante del voto conservador que el PP está dispuesto a llegar al extremo de renunciar a una cantidad muy importante de dinero sólo por el hecho de que los considera "manchados" por el independentismo, y, de este modo, perjudicar a sus propios ciudadanos.
El argumento de que este nuevo sistema privilegia a Catalunya es falaz. Como bien remarcó la vicepresidenta, la comunidad que recibe más recursos en total es Andalucía, gobernada por el PP; la que verá sus ingresos per cápita más aumentados será Murcia, también gobernada por el PP, y la que se mantendrá como la que recibe más recursos per cápita será Cantabria, también con gobierno popular. Cataluña mejorará posiciones, es cierto, pero el resultado no es un privilegio, sino una corrección de una situación manifiestamente injusta. El PP deberá explicar muy bien en sus territorios, especialmente en los mediterráneos, cómo renunciar a miles de millones de euros que son tan necesarios para financiar servicios públicos como la sanidad o la educación.
Capítulo aparte merece la oposición del presidente de Castilla-La Mancha, el socialista antisanchista Emiliano García Page, a un sistema que le beneficia claramente. Su comportamiento es similar al de otro socialista, el aragonés Javier Lambán (fallecido el pasado agosto), que prefirió renunciar a unos Juegos Olímpicos de Invierno sólo porque tenía que compartirlos con Catalunya. Tanto la actitud del PP como la de estos dos presuntos socialistas son un claro ejemplo de lo que nunca debería ser la política.
Dentro de Catalunya, una de las últimas voces que se ha pronunciado ha sido la del expresidente de la Generalitat Artur Mas, que ha hecho un llamamiento a Junts a negociar mejoras en el sistema en lugar de atrincherarse en el no a todo por insuficiente. Si el modelo debe caer, que no sea por votos catalanistas, porque no sabemos cuándo habrá una nueva ventana de oportunidad. Votar a favor de éste o de cualquier otro sistema no supone, por supuesto, renunciar a nada. Se puede seguir defendiendo el concierto económico o criterios diferentes para calcular los recursos (introduciendo por ejemplo el coste de la vida), sin tener que renunciar a un dinero que claramente Cataluña necesita como el aire que respira para dar respuesta a los problemas de los ciudadanos. Quedarse con el actual modelo sería catastrófico para la Generalitat, y más con la perspectiva de un futuro gobierno de PP y Vox. De hecho, todos los modelos, los negociados por CiU, PSC o ERC, han supuesto avances, quizá menores de los esperados, pero avances. Y, a menudo, no ir adelante, aunque sea de forma modesta, no equivale a quedarse igual sino a dar pasos atrás.