Editorial

Osona: industria próspera y polvorín social

Trabajadores de mataderos en Osona.
14/03/2026
2 min

BarcelonaDesde 2019, el valor absoluto agregado (VAB) –un indicador similar al producto interior bruto que mide el nivel de actividad económica de un territorio– de la comarca de Osona ha crecido un 7,1%. Un ritmo muy superior al de la media catalana (2,7%) y sólo superado por la Garrotxa (8,4%) y el Gironès (7,3%), según el últimoAnuario económico comarcaldel BBVA. Este progreso económico se debe en buena parte a la pujanza de la industria cárnica, que cuenta con gigantes del sector. Se calcula que en los mataderos de la comarca se sacrifican unos 30.000 cerdos al día, un trabajo que, aunque parezca mentira, todavía se hace de forma bastante manual, por lo que en Osona existe una fuerte demanda de mano de obra que básicamente aporta la población extranjera, básicamente subsahariana. Así, si en el 2015 tres de cada diez trabajadores eran extranjeros, son ahora seis de cada diez.

El ARA ha querido comprobar in situ si en la comarca, que en los últimos años ha ido ampliando la capacidad de los mataderos, ha habido algún tipo de planificación para acoger a los miles de trabajadores extranjeros que se han instalado. Y la respuesta es desoladora. Como si nadie hubiera previsto que haría falta vivienda, transporte público y servicios sociales para todas estas personas que hacen funcionar cada día los mataderos y las industrias auxiliares. Ha habido una falta alarmante de planificación por parte de la administración, que hace que trabajadores que cobran 1.800 euros al mes tengan que vivir en una tienda de campaña o en habitaciones minúsculas. Nadie previó tampoco que estos trabajadores no vivirían junto a la empresa y que necesitarían moverse para llegar, por lo que ahora florece toda una economía sumergida en torno al transporte. Por no hablar de los servicios sociales que tensionan los municipios.

Los alcaldes deben afrontar a menudo en solitario, y sin saber tampoco qué hace el alcalde de al lado, situaciones que les sobrepasan y que han derivado en un auténtico polvorín social. Algunos ya se han apuntado de forma desacomplejada en el discurso antiinmigración de la extrema derecha, que se espera que vivirá un gran aumento en las próximas elecciones. Sin embargo, Osona es el ejemplo paradigmático de lo que los inmigrantes hacen el trabajo que los autóctonos no quieren hacer. La industria cárnica es un gran negocio, pero también tiene muchas externalidades negativas, ecológicas –como el problema que suponen los purines, por ejemplo– pero también sociales, que debe soportar en el territorio.

Lo que no se puede hacer, sin embargo, es apostar por un modelo de crecimiento que necesita mano de obra extranjera y después no prever las consecuencias que esto tendrá. Se llama planificación estratégica, y quiere decir que si una empresa tiene que doblar o triplicar el número de trabajadores, alguien debe pensar dónde vivirán, cómo llegarán, a qué escuela irán sus hijos, etc. Ésta es una responsabilidad muy compartida entre las propias empresas, los ayuntamientos, la Generalitat y el Estado, cada uno en el ámbito de sus competencias. No hacerlo, y ahora mismo no se está haciendo, puede tener nefastas consecuencias para la convivencia, la cohesión social y, a largo plazo, para la propia economía de la comarca.

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