Los Oscars y Donald Trump

Los Oscars más miedosos y la sombra de ya sabes quién

Conan O'Brien durante la gala de los Oscar
Act. hace 0 min
Periodista y crítica de televisión
2 min

A la saga de Harry Potter, la mayoría de personajes evitan pronunciar el nombre de Lord Voldemort por un miedo profundo asociado a su poder y a su régimen de terror. Usan eufemismos como “You know who” –el “Ya sabes quién”– o “He-Who-Must-Not-Be-Named” –“Aquel-que-no-debe-ser-nombrado”–. En la 98ª gala de los Oscar, Donald Trump se convirtió en el Lord Voldemort del cine. Todos lo tenían presente, se le aludió a través de indirectas con los chistes, pero nunca, en ningún caso, se pronunció su nombre. En la apertura, el presentador Conan O’Brien pareció justificarse por aquella fiesta en un momento tan convulso y violento: “Lo celebramos, no porque pensemos que todo va muy bien, sino porque esperamos que todo vaya mejor”. Aludiendo a la afición de Trump por rebautizar los edificios con su nombre, comentó que el Dolby Theatre que los acogía podía acabar diciendo “El teatro de tengo el pene pequeño”. Jimmy Kimmel, el presentador que fue destituido durante unos días de su late night por hacer bromas sobre Trump, hizo referencia a la falta de libertad de expresión a la hora de dar el premio a los mejores documentales. “Hay muchos países donde sus líderes no respetan la libertad de expresión, por ejemplo Corea del Norte y la CBS”, dijo, señalando las evidentes presiones de Trump y las tensiones con las grandes cadenas de televisión. “Aquel-que-no-debe-ser-nombrado” estuvo planeando sobre la ceremonia como una energía que se iba transformando con reivindicaciones pacifistas y mensajes en favor de la multiculturalidad.

Lo que fue más explícito fue otra preocupación relacionada con la crisis de la industria cinematográfica. Fue el hilo conductor de buena parte de las apariciones de O’Brien y de los profesionales que entregaban los premios. Nada más empezar, el presentador ya dio la bienvenida al CEO de Netflix, sentado en la platea, asegurando que era la primera vez que entraba en una sala de cine. Era una manera de señalarlo por la pérdida de espectadores en las salas. También se hizo referencia a las fusiones de plataformas, a YouTube como espacio de consumo hostil para las películas, a la creación a través de la inteligencia artificial, al móvil como nueva pantalla que maltrata la imagen, a la pérdida de capacidad de atención de la audiencia con consecuencias sobre unos guiones reiterativos y, por supuesto, a las estrategias absurdas para captar al público joven. O’Brien incluso comentó que él sería el último presentador humano de la gala. Otro momento destacable fue elin memoriam. Dada la escabechina de grandes figuras del cine en el último año, modificaron el formato para hacer énfasis en las estrellas más emblemáticas. Se rindió un homenaje especial a Rob y Michelle Reiner, menospreciados por Trump después de ser asesinados por su hijo. Parecía también una forma de resarcirlos del insulto presidencial. Otra reacción a “Ya sabes quién”. Fue una ceremonia temerosa que dice mucho de los tiempos que vivimos, tanto por el contexto político como por la alerta de un declive cultural que nadie sabe detener.

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