¿Por qué Pedro Sánchez se siente más cómodo con el Papa que con la Conferencia Episcopal?

La memoria democrática continúa siendo un tabú en la relación con la Iglesia, que mantiene una "situación de primacía" en el Estado

El Papa León XIV y Pedro Sánchez en la ciudad del Vaticano
06/06/2026
3 min

MadridLa llegada de Francisco a la Santa Sede supuso un cambio de paradigma en las relaciones con los partidos políticos españoles. Si bien la Iglesia católica en el Estado todavía arrastra la impronta del papel represor que tuvo durante el franquismo, el talante del anterior papa supuso que entrara aire fresco en la institución, que en la última década ha exhibido una mayor sintonía con las formaciones de izquierdas. La apuesta del papa argentino por una Iglesia más centrada en los colectivos vulnerables en detrimento de los asuntos doctrinales –justamente los que los separan de los sectores progresistas–, a la que da continuidad su sucesor, León XIV, ha hecho que el ejecutivo de Pedro Sánchez haya erigido al Vaticano en un aliado internacional ante el auge de la extrema derecha mundial.

Así lo evidenció el presidente del gobierno español en su visita de la semana pasada a Roma, desde donde alabó al nuevo pontífice como "brújula moral en la lucha contra la injusticia" después de los enfrentamientos que ha tenido con Donald Trump. Con un León XIV situado en los antípodas del presidente de los Estados Unidos y en pleno distanciamiento de la Iglesia con Vox por el tema migratorio, la visita del Papa que arranca este sábado al Estado tiene una lectura especialmente positiva para el gobierno español. Una sintonía de los socialistas con el Vaticano que contrasta con la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa. El expresidente impulsó leyes controvertidas para el catolicismo –como la del aborto y la del matrimonio homosexual– durante el pontificado de Benedicto XVI, que representaba el alma más conservadora de la Iglesia. En cambio, el predecesor de Francisco I conectó mucho mejor con el exjefe del ejecutivo popular Mariano Rajoy.

Así pues, la personalidad del Papa y el color del gobierno de turno son "dos factores fundamentales" para entender las relaciones entre España y el Vaticano, si bien desde la llegada de la democracia la tónica general en todas las etapas ha sido "de estabilidad y de unas relaciones diplomáticas que siempre han sido cordiales". Lo constata en una conversación con el ARA el investigador especializado en religión y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Manuel Sánchez-Moreno, que también subraya que los vínculos contemporáneos con el Vaticano no se pueden desvincular "del pasado histórico" de España, como es "la herencia del nacionalcatolicismo". Un pilar ideológico franquista que ha condicionado a que la Iglesia católica en el Estado todavía tenga una "situación de primacía" y "un cierto estatus de privilegio" que, en el ámbito internacional, solo es equiparable a la situación de Italia.

Un marco de 1979

Pocos meses después de que se aprobara la Constitución española, el entonces presidente español, Adolfo Suárez, cerró cuatro acuerdos con el Vaticano que actualizaban el Concordato de 1953, firmado en plena dictadura. El marco entre España y la Santa Sede fijado a principios de 1979 fue continuista, en línea con el carácter de la Transición, y es el que continúa vigente. Revisarlo es "uno de los principales retos pendientes que tienen los gobiernos tanto de derechas como progresistas porque realmente es un déficit democrático y una incoherencia en un estado que se declara como aconfesional", sostiene Sánchez-Moreno. ¿Por qué? En estos acuerdos, el Estado se compromete a colaborar en "el adecuado sostenimiento económico" de la Iglesia católica –es donde le asigna un porcentaje de la recaudación del IRPF– y garantiza que la enseñanza de la religión católica esté en los planes de estudio.

Las tensiones inalteradas

Durante el mandato de Sánchez, se han firmado hasta cinco nuevos acuerdos con la Iglesia que cuestionan algunos elementos de este estatus. Han generado tensión especialmente el de las inmatriculaciones de bienes y el de las compensaciones a víctimas de pederastia. Este último asunto ha sido uno de los "principales caballos de batalla" en los que el gobierno español ha encontrado incluso más predisposición en el Vaticano que en la Conferencia Episcopal Española –aún con tics más conservadores que los de una Santa Sede renovada por Francisco–. Ahora bien, mientras que el Vaticano sí se ha abierto a tratar estos asuntos controvertidos internamente, el profesor de la UNIR señala que la memoria democrática es todavía "el máximo tema tabú" pendiente.

Entidades memorialistas, y también partidos de izquierdas como Podemos, han exigido a León XIV que aproveche su visita para condenar la dictadura franquista y para ordenar que se abran los archivos de la Iglesia y de congregaciones religiosas vinculadas, entre otros, al robo de bebés. Otras tensiones irreconciliables, si bien ahora en un segundo plano por el protagonismo de otros asuntos sociales, están relacionadas con la ley de la eutanasia o la ley trans.

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