El presidente de la FIFA Gianni Infantino y el presidente de los Estados Unidos Donald Trump durante la entrega de trofeos en la final del Mundial
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Jefe de Media
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No soy nada seguidor del fútbol, pero este Mundial ha sido una mina en términos de comunicación y una bendición para esta sección. Algunas perlas que me han hecho feliz de la final: “Otro de los futbolistas que llamó la atención fue Dani Olmo, que apareció con una bandera de Gibraltar, otra de las comunidades autónomas representadas durante las celebraciones”. Era la de Tarrasa, pero cuesta abajo y Gibraltar Español. También me ha conmovido el artículo de la editora de Clarín, cuando decía que el equipo argentino había sido “educado y respetuoso” y que “exhibió, dentro y fuera del campo, un abanico de valores que no abundan hoy día”. El día que se levanten maleducados e irrespetuosos más vale cambiarse de acera, pues. Las portadas argentinas tendían a aplaudir a su selección diciendo que lo habían dado todo. Supongo que eso no incluía el detalle superfluo y trivial de chutar a portería. En todo caso, era bonita la opción de El Gráfico, en la que se veía a Messi llorando y el titular “Héroes igualmente”, porque era una copia de una primera página que ellos mismos hicieron en el año 1990, cuando los albicelestes perdieron la final contra Alemania. Idéntico titular y composición, solo que quien vertía lágrimas entonces era Maradona. Mientras tanto, claro, en el Reino Unido lo veían muy diferente y sentían poca pena por la derrota argentina: la crónica de la final en The Telegraph arrancaba con la frase “Fútbol 1 - Delincuentes 0”.

Finalmente, el premio al mejor elemento de titulación se lo lleva The Guardian. Los pies de foto suelen ser asépticos, pero el redactor no podía evitar el dardo afilado al ofrecer la estampa de los presidentes de la FIFA y de EE. UU. juntos, justo después de que la selección española alzara el trofeo, acompañado del texto: “Gianni Infantino explica delicadamente a Donald Trump que él no forma parte de la selección española”. Este delicadamente no solo es una pulla al emperador de latón sino que también desnuda un Mundial rendido al dinero y a la presión política. Un gol elegante y contundente.

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