Cocinar macarrones para 3.000 personas cada día: "No vemos el final"

Las entidades sociales que preparan comida para los inmigrantes de Ceuta alertan que están llegando a su límite

Voluntarios reparten comida a migrantes en el polideportivo del barrio del Príncipe, el 4 de septiembre de 2026, en Ceuta (España). Decenas de menores y mujeres viven en este campamento improvisado en las instalaciones deportivas municipales, supervisado por vecinos voluntarios del propio barrio.
05/09/2026 - 13:02 h.
4 min

CeutaLa lucha contra el hambre forma parte del día a día de muchas personas en Ceuta. A pesar de que muchos de los inmigrantes que cruzaron la frontera ilegalmente a finales de julio hayan decidido volver a Marruecos y muchos otros ya estén en recursos de alojamiento temporal habilitados por el Estado, hay cientos que todavía se buscan la vida como pueden en la ciudad. Hacen cola delante de supermercados, restaurantes y bares con la esperanza de que alguien les dé algo con lo que llenar el estómago, piden dinero, pescan o incluso cogen comida de la basura. En la playa de El Trampolín un par de chicos han improvisado una tienda de comestibles, compran comida y después la revenden en el asentamiento. "Ahora trabajamos para Mercadona", bromean Ayoub e Imad, que enseñan el ticket de la compra para demostrar que no han robado nada. Hay tantas bocas que alimentar, sin embargo, que no es suficiente con la ayuda de los vecinos ni con las soluciones que se ingenian, y son las entidades sociales las que están garantizando que estas personas puedan comer cada día cuando ya hace semanas de su llegada a la ciudad.

En el centro de Ceuta hay un comedor social que en el último mes se ha convertido en un campamento improvisado. Está abierto todo el año para unas 400 personas que viven en riesgo de exclusión social en la ciudad, pero estas últimas semanas la demanda ha crecido exponencialmente y, en los peores momentos de la crisis, han llegado a repartir 5.000 comidas. "Estamos haciendo todo lo posible, pero mires donde mires todo son problemas", lamenta Mustafa Abdelkader, presidente de la ONG Luna Blanca, que es quien coordina el comedor. Los fogones de la pequeña cocina de la entidad no se detienen y una decena de trabajadores,muchos de ellos inmigrantes que también cruzaron la frontera a finales de julio y ahora hacen de voluntarios, preparan macarrones para las 3.000 personas a quienes actualmente todavía reparten comida. A las puertas de sus oficinas se acumulan cajas llenas de productos básicos como pan, leche, material de higiene y toallas que repartirán en los próximos días.

Raciones de comida para repartir a inmigrantes en el polideportivo del barrio de El Príncipe, el 4 de septiembre de 2026, en Ceuta.

Ellos fueron los primeros en dar respuesta al colapso que se vivió el último fin de semana de julio en la ciudad, cuya población se duplicó y la mitad no tenía dónde dormir ni qué comer. La educadora social y portavoz de la ONG Luna Blanca, Halima Hamed, recuerda que los primeros días vivieron un acoso constante de miles de personas que les pedían comida. Tuvieron que trabajar sin pausa las 24 horas del día, recurriendo a los productos del almacén –como arroz, macarrones y lentejas– y endeudándose con los proveedores habituales para mantener los fogones encendidos. Y esto sin descuidar a todas las personas de Ceuta a quienes atienden cada día. "Preparamos 3.000 comidas diarias. Tú imagina, en esta cocina tan pequeña, 3.000 desayunos, 3.000 comidas y 3.000 cenas", explica Hamed, que admite que están llegando al límite y piden una solución.

Riesgo de quiebra

El comedor social se ha convertido en el campamento Sidi Embarek de Ceuta, junto a la mezquita que lleva el mismo nombre, donde este último mes han dormido muchas de las menores de edad y mujeres que llegaron a la ciudad. Mientras en la ONG Luna Blanca se encargan de la comida, las asociaciones de vecinos coordinan el alojamiento. Los responsables son Karima y Abdellah Mustafa, madre e hijo, que también piden al gobierno español que agilice la respuesta para dar salida a todas estas personas que ya hace semanas que duermen en un campamento que nació como una solución provisional. Esta semana, de hecho, una setentena de niñas finalmente han sido reubicadas en otro lugar, el Estado ha habilitado una nave solo para ellas, y, cuando la noticia salió en los medios, muchas de las personas que continúan en la calle llamaron a la puerta del campamento para ver si podían ocupar su lugar.

Tanto los vecinos como las ONG, sin embargo, explican que están al límite de su capacidad y no se ven con fuerzas de asumir la atención de más personas. "No vemos el final. Mucha gente continúa escondida o durmiendo en la calle. Estamos hablando de miles de personas", explica Hamed, que asegura que sin el apoyo de la administración local –la consejería de Asuntos Sociales de la ciudad ha asumido todos los gastos de la ONG mientras dure la crisis– habrían quebrado hace tiempo. Aparte de alimentar a las personas que duermen en este campamento, desde la ONG Luna Blanca reparten comidas en otros asentamientos de la ciudad. Lo hacen, por ejemplo, ante el dispositivo de acogida de emergencia de Loma Colmenar, al lado del Hospital de Ceuta, donde hay centenares de personas que duermen con la esperanza de conseguir una cama. Ahora bien, desde las entidades sociales advierten que no pueden continuar con este ritmo frenético del último mes y piden un paso adelante del gobierno español. "Estamos cubriendo un porcentaje bastante importante del drama que tenemos en la ciudad", asegura Abdelkader, presidente de la ONG. Los macarrones que repartirán para comer ya están preparados y los voluntarios preparan tápers individuales para los cientos de personas que los esperan. Hay tres ollas de grandes dimensiones llenas hasta arriba, y no empezarán a hacer el reparto de las cajas hasta que estén vacías. Mientras estas personas continúen en la ciudad, las entidades sociales seguirán ofreciendo todo lo que tienen para ayudarlas, pero avisan que, como tanta gente en la ciudad, están llegando a su límite.

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