La bioingeniera que quiere devolver la movilidad a personas con lesiones medulares

La investigadora del IBEC diseña biomateriales y modelos de médula humana para conseguir que las neuronas vuelvan a conectarse después de una lesión

3 min
La bioingeniera Zaida Álvarez
26/09/2026 - 08:01 h
Traducción CAST automática
  • CAT
  • ENG

BarcelonaEl día que llegó al laboratorio y vio que los ratones volvían a moverse, Zaida Álvarez (Barcelona, 1984) no pudo evitar estremecerse. Atrás quedaban más de seis años de investigación, de lunes a domingo, y una apuesta arriesgada por burlar la evolución y reparar lo irreparable: el sistema nervioso central de un mamífero. "Era alucinante. Aquellos animales, que tenían una lesión grave en la médula espinal y estaban paralizados, volvían a caminar", relata todavía emocionada esta bioingeniera e investigadora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC).

Entonces trabajaba en la Universidad Northwestern, en Chicago, en el laboratorio del bioingeniero candidato al Nobel Sam Stupp, con el objetivo de desarrollar un biomaterial capaz de regenerar la médula espinal y recuperar la función motora tras lesiones graves. Pero Álvarez ya se había adentrado en este ámbito pionero mucho antes, en Barcelona, durante el máster de ingeniería biomédica (UB-UPC). "En aquel momento el concepto de medicina regenerativa ni existía, y allí me enamoré de la asignatura de ingeniería de tejidos". Tanto que ha dedicado su carrera profesional y se ha convertido en una de las investigadoras destacadas a escala mundial que trabajan en la frontera de la ingeniería de tejidos y la regeneración del sistema nervioso.

En este relato, una profesora, la también bioingeniera del IBEC Elisabeth Engel, fue clave. Con ella Álvarez empezó a desarrollar biomateriales para implantar en el cerebro de ratones y reparar lesiones producidas por impactos. "Esto en 2008 era casi ciencia ficción —recuerda—. Cuando presentaba nuestros resultados en congresos, la gente alucinaba".

Soñar con ratones

En el laboratorio, el ratón sigue siendo el principio de muchas preguntas. Y este de plástico y llamativo también es el recordatorio de una distancia que todavía queda por recorrer. “Yo al ratón ya le he hecho caminar y estoy contenta. El reto es la persona”, afirma Álvarez, que asegura que toda su carrera ha estado vinculada a este animal. “¡Ha habido épocas en las que incluso soñaba con ratones!”, bromea, al mismo tiempo que resalta que ha sido un modelo “crucial para poder conseguir todo lo que necesitaba enseñar que se podía hacer con medicina regenerativa”.

Reconstruir después de un terremoto

Del cerebro pasó a centrarse en la médula espinal. Cuando se produce una lesión, hay una hemorragia y muerte celular, sobre todo de neuronas. Inmediatamente, los astrocitos —un tipo de células nerviosas— comienzan a formar una cicatriz alrededor de la herida para evitar que el daño se extienda. Este remiendo, que es crucial para la supervivencia, impide que las neuronas a ambos lados vuelvan a conectar y permitan recuperar el movimiento.

"Como en una carretera que ha quedado destruida después de un terremoto. Hacen falta puentes que vuelvan a conectar las dos partes", dice Álvarez. Y esto es lo que intenta hacer con materiales biocompatibles, como los hidrogeles que ha desarrollado, que reproducen el ambiente donde viven las células para que lo puedan colonizar. "Necesitamos la autopista, que es el biomaterial, pero también poner indicaciones, como las señales de tráfico para que los conductores y las células nerviosas sepan por dónde ir".

En Chicago ya desarrolló un biomaterial con el que conseguía que los ratones recuperaran el movimiento y que la agencia americana del medicamento, la FDA, ha designado como fármaco huérfano, una distinción que da acceso a diversos incentivos para facilitar el desarrollo de tratamientos para enfermedades poco habituales. Un primer paso hacia la aprobación. Y ahora, desde el IBEC, Álvarez quiere ir más allá del ratón. Con el proyecto Spinecraft, financiado con una prestigiosa ayuda europea ERC Consolidator de 2,8 millones de euros, trabaja para construir un modelo sintético de médula espinal humana con bioimpresión 3D de alta resolución y células derivadas de pacientes con esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

“La idea es tener un laboratorio vivo donde estudiar la enfermedad y poner a prueba posibles tratamientos antes de llegar a un ensayo clínico con personas”, señala esta investigadora. En este sentido, también está desarrollando organoides vascularizados —minimédulas espinales— para testar fármacos para lesiones medulares, gracias a la financiación de casi un millón de euros de la convocatoria CaixaResearch Health. El ratón que volvió a mover las piernas fue una pequeña gran victoria. Pero el verdadero reto es trasladar este éxito a los humanos y conseguir levantar a una persona de la silla de ruedas. Entre ambas cosas está la ciencia que hace Álvarez, célula a célula.

stats