Aitana invoca el poder de las superestrellas en Barcelona
La cantante de Sant Climent de Llobregat monta una discoteca azul en el primero de los cuatro conciertos en el Palau Sant Jordi
- Palau Sant Jordi. 4 de septiembre de 2026
La buena racha de los artistas catalanes en los recintos olímpicos continúa. Este año, después de que Rosalía llenara cuatro veces el Palau Sant Jordi y El Último de la Fila dos veces el Estadio Olímpico Lluís Companys, ahora es el turno de Aitana, con todo vendido para cuatro conciertos en el Palau Sant Jordi: el primero este viernes y los otros tres los días 5, 7 y 8 de septiembre. Y en octubre Oques Grasses se despedirán con la proeza de cuatro actuaciones en el estadio.
A Aitana la recibieron con el estrépito habitual, el griterío que presagiaba una noche de karaoke y entrega total a la diva por parte de un público mayoritariamente femenino, y con mucha presencia del color azul en el vestuario, tal como propone el código cromático de la gira del disco Cuarto azul. Han pasado siete años desde el primer concierto de Aitana en el Palau Sant Jordi, el 3 de noviembre de 2019. Entonces, la de Sant Climent de Llobregat cantó ante 9.000 personas (el recinto en formato reducido) que presenciaron a una artista emocionada que apenas se graduaba como aspirante a estrella. Ahora más de 15.000 personas (con asientos en un tercio de la pista) la contemplan en el mismo Palau Sant Jordi como artista consolidada con más de 21 millones de reproducciones mensuales en Spotify (solo cinco millones menos que Rosalía).
El concierto no tiene la magnitud desmesurada del que hizo en el Estadio Olímpico el verano de 2025, pero invoca el poder de las superestrellas pop: formato teatral con un solo escenario pero diferentes espacios escénicos (como una escalera y una habitación con una cama), sensualidad minimalista para todos los públicos (sin los desgarros de otras divas), un amplio equipo coreográfico, tres pantallas, cámaras de vídeo siguiendo a Aitana por el escenario, cuatro músicos en un rincón poco iluminado y el propósito de convertir el Sant Jordi en una macrodiscoteca y a la vez en un lugar para las confesiones más íntimas. Sin embargo, una sonoridad poco eficiente estropeó algunas canciones del show porque la voz quedaba sepultada por el ruido que salía por los altavoces.
"Buenas noches, Barcelona. No sabéis la ilusión que me hace estar aquí", dijo en catalán antes de pasarse al castellano para recordar sus primeros conciertos en la ciudad, hablar con algunas espectadoras e introducir No te has ido y ya te extraño, una concesión al pasado en un repertorio dominado por los temas de Cuarto azul. Aunque mantiene una cierta frialdad interpretativa, como si evitara conscientemente bajar a los infiernos dramáticos y subir al cielo más exultante, Aitana consigue establecer diferentes intensidades de conexión con el público. Compartir con la multitud la épica de la canción melódica en Vas a quedarte (durante la cual se pasea para ser admirada) y la intimidad de piezas como Desde que ya no hablamos (que baja a cantarla cerca de la primera fila del público) y Cuando hables con él,después de la cual se convierte en diva de house tropical en Los Ángeles para reivindicar el entusiasmo de las horas clave en la discoteca. Es la Aitana nocturna y festiva que va al grano, como en Mon amour y Las babys (la versión de Saturday night de Whigfield), dos repescas del disco Alpha que son carne de discogym, como demostró el público, incluidas las personas que dejó subir al escenario a bailar. Aitana cuenta con el favor de las discotecas, que proyectan las canciones en contextos de euforia, que es justamente lo que persigue en los tramos más frenéticos del concierto, como AQYNE, Ex ex ex y la lluvia de confeti Conexión psíquica.En otros momentos la conexión la hace mediante la melancolía, como en 6 de febrero (el romanticismo herido de La Oreja de Van Gogh con autotune), la canción con la que abrió el concierto, o a través de la confesión de problemas del Primer Mundo como ocurre en la amarga Superestrella (el espejo de Shakira para reflexionar sobre las dificultades de enamorarse de una diva del pop). Por cierto, la telonera fue la puertorriqueña Gale (Carolina Isabel Colón Juarbe), coautora de Superestrella y de otras canciones de Aitana como Cuarto azul junto con el productor argentino Nicolás José Cotton y la propia Aitana. Además de temas propios, Gale cantó una versión de La playa de La Oreja de Van Gogh. La teoría de los conjuntos aplicada al pop.
El relato y el dispositivo conceptual
Como estrella del pop, Aitana tiene el relato, construido en la serie documental Metamorfosis, en el dispositivo conceptual del disco Cuarto azul y en un directo que evidencia horas de dedicación física y mental y un despliegue de recursos bastante ambicioso. Transmite mucha seguridad en el escenario, lejos de la vulnerabilidad emocional que la acompañó en 2019, aunque juega con la paradoja cuando en la interpretación de la canción Cuarto azul, que hace estirada en la cama lamiéndose las heridas, se encarama en la balada para explicar que se siente insegura y vulnerable: "No quiero viajes entre las estrellas / Yo nunca me consideré una de ellas", canta en un Sant Jordi que la premia con la ovación que se dedica, sí, a las estrellas, y que será ensordecedora cuando al final del concierto suenen La chica perfecta, Conexión psíquica y, claro, Superestrella.
Aitana también tiene los patrocinios de marcas globales y un buen grupo de imágenes icónicas, como la participación en la celebración de la selección española que ganó el Mundial de fútbol. Además, muestra una prudencia banal en las declaraciones sociopolíticas. Lo tiene todo para ser una superestrella del 2026, a pesar de la irregularidad del repertorio y la frialdad que exhibe en buena parte de los más de 100 minutos de concierto.