El año en que Collserola se ha vaciado y los restauradores sufren más que en el confinamiento

Ciclistas y excursionistas han dejado de llegar y los restaurantes dudan si continuarán vivos cuando lleguen las ayudas del gobierno

Un ciclista en la carretera que da acceso al restaurante Masia Can Jané.
05/09/2026 - 13:01 h.
3 min

BarcelonaDesde hace nueve meses Collserola se ha vaciado de excursionistas y ciclistas que encontraban allí un escape rápido de la ciudad. El brote de peste porcina africana (PPA), que ya suma 384 casos positivos, ha obligado a extremar las medidas para evitar que el virus se extendiera, y a reforzar el cierre del parque natural cuando los contagios llegaron a Barcelona. Al margen de granjas y mataderos, un sector afectado de lleno por esta situación son los restauradores acostumbrados a servir desayunos y comidas a ciclistas y excursionistas que desde hace meses no hacen acto de presencia. A pesar de las ayudas que se han aprobado esta semana, los restaurantes con los que ha hablado el ARA coinciden al explicar las dificultades que están atravesando, algunos hasta el punto de plantearse el cierre, y que todos describen como más graves que las que comportó la pandemia de coronavirus.

El restaurante Masia Can Jané está junto a la ermita de Sant Medir, en Sant Cugat del Vallès, un punto muy frecuentado por excursionistas. El responsable del establecimiento, Isidre Jané, explica que han perdido "prácticamente todos los clientes de desayunos", que mayoritariamente llegaban en bici o a pie. Ahora los que vienen tienen que llegar por carretera, y normalmente vienen a comer. El verano siempre suele ser la temporada más floja del año para este y el resto de establecimientos del parque natural, que hacen más caja en otoño e invierno, con barbacoas y calçotadas.

A pesar de ello, en Can Jané la caída de clientela les ha hecho decidir recortar personal y ahora son tres personas menos, nueve, en lugar de las doce que eran normalmente. Isidre Jané calcula que la facturación ha bajado entre un 30 y un 40% en comparación a una temporada normal. En este negocio familiar todavía tienen que estudiar las ayudas que ha anunciado el Gobierno y ver si pueden acogerse a ellas y en qué condiciones, aunque para recibirlas tendrán que "aguantar" hasta el año que viene.

Un camarero atiende a un cliente en la terraza del restaurante Masia Can Jané.

"Cuatro trabajadores somos de la familia y así es más fácil aguantar, pero es aguantar", insiste Jané. De hecho, este restaurador asegura que con el cierre de Collserola están sufriendo más de lo que sufrieron con el confinamiento por la pandemia de covid-19: "De alguna manera era mejor. No tenías gastos de personal y estaba todo cerrado, ahora el problema es que tienes abierto y no puedes facturar".

"No sé si podré hacer calçots"

También lo están pasando peor ahora que en 2020 en El Racó de Collserola, en Vallvidrera. Entonces acababan de abrir —inauguraron en diciembre de 2019— y la propietaria, Thais de las Heras, recuerda que vivieron la situación contraria a la mayoría de hosteleros de Barcelona: "Como la gente no podía salir de la ciudad, subían a la montaña". En cambio, los clientes que conservan ahora son vecinos de Vallvidrera que llegan a pie, o algunos que llegan en coche o en transporte público, porque están muy cerca de la estación del tren.

De las Heras tiene dos establecimientos más en Vallvidrera y asegura que ha perdido hasta un 60% de la facturación. En el más grande de los tres, El Racó de Collserola, se dedican sobre todo a la brasa y las calçotadas, y el perfil mayoritario de sus clientes son ciclistas y excursionistas. La propietaria no ve nada claro llegar a recibir las ayudas que ha anunciado el Gobierno —"quizás ya estemos cerrados, es insostenible", lamenta— y de hecho a estas alturas están valorando si congelar la concesión de los restaurantes o cerrar alguno de los tres. De momento, han recortado plantilla y de los quince trabajadores que había para los tres locales ahora solo quedan ocho.

Las barbacoas y mesas de pícnic de Can Coll.

La situación no es diferente al otro lado de la montaña. El encargado del restaurante Can Coll, de Cerdanyola del Vallès, Xavi Vila, calcula que cada domingo reciben entre 70 y 80 personas menos que antes. El fuerte de este restaurante, que antes también era un merendero, es la carne a la brasa, y antes del brote de peste porcina africana lo frecuentaban muchos aficionados a la bici. "La gente que hace montaña no quiere estar tantos días encerrada en casa, se va a otro lugar. El verano suele ser flojo, y además hemos cerrado por vacaciones, pero incluso ahora no tengo ni idea de si en invierno podré hacer calçots", comenta Vila.

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