La Iglesia catalanista ya no teme a un paracaidista para relevar a Omella

El nombre se guarda bajo llave y cerrojo pero se revelará pronto, después de los tres meses de gracia

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El cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, celebrando la misa de la Virgen de la Merced.
27/09/2026 - 17:02 h

BarcelonaYa está hecho y dicho. Solo falta que se concrete oficialmente quién relevará al cardenal Joan Josep Omella como arzobispo de Barcelona y cuándo. Antes de hacerse público, eso sí, el nuncio apostólico en España, Piero Pioppo –el enviado del papa León XIV–, estuvo en Tarragona la semana pasada, de martes a viernes, para encontrarse con el arzobispo de la diócesis y primado de Cataluña, Joan Planellas.

Los tres primeros meses de gracia tras la visita del Papa ya han pasado, y fuentes eclesiales conocedoras de la situación apuntan que este “decoro” vaticano ya se ha excedido y que, por tanto, el relevo de Omella es inminente. Y aún más después de haber celebrado las fiestas de la patrona de Barcelona, la Virgen de la Merced. También hay que tener en cuenta que el martes y el miércoles de la semana que viene se reúne la Conferencia Episcopal Española.

Ante el cambio, según ha podido contrastar este diario, entre el catalanismo católico, clerical y laico ya no se teme que un paracaidista aterrice en el Principado para ocupar la sede episcopal, como pasó en 2015 con el aragonés de la Franja Joan Josep Omella, que en el momento de ser nombrado era obispo de Calahorra. Por “paracaidista” se entiende a alguien ajeno a la tradición eclesial propia de Cataluña.

Esta confianza se refleja en el hecho de que, a pesar del hermetismo que rodea la sucesión de Omella, el futuro relevo se vive con “tranquilidad absoluta” en el arzobispado de Barcelona, según diversas fuentes consultadas. Esto indica que hace tiempo que se conoce el nombre, que se ha aceptado y que solo falta que se haga público el anuncio. Diversas voces eclesiales señalan que esto es un síntoma de acuerdo total y, por tanto, que el futuro arzobispo es del agrado de Omella, además de cumplir el requisito de hablar catalán. Algunos recuerdan que Omella es miembro del Dicasterio para los Obispos, que se encarga de los nombramientos.

La situación contrasta con el nerviosismo habitual en Barcelona en los últimos nombramientos: “En el relevo del cardenal Jubany había muchos nervios y muchos candidatos, como también pasó con Ricard Maria Carles o con Lluís Martínez Sistach”, relatan fuentes eclesiales, además del reciente caso de Omella, que también supuso una gran sorpresa. Pero ahora, dicen, “sería muy extraño un paracaidista; sorprendería”. En cualquier caso, en última instancia, la decisión depende del Papa, por muchas ternas que se hayan pedido y por mucha influencia que haya podido tener Omella.

Impresión catalanista

Más allá del ámbito estrictamente eclesial, el exdirector general de Asuntos Religiosos y director de la catalanista Fundación Joan Carrera, Carles Armengol, apunta que “hay suficientes candidatos para que haya un obispo catalán con comprensión de la realidad propia”. También dice que, a estas alturas, “no hay condiciones para nada estridente”. Además, recuerda que “la visita del Papa y el compromiso con el catalán que asumió fueron muy significativos”, y, por tanto, descarta "un paracaidista", aún menos en un contexto en el que “los cambios en el nombramiento de obispos en España hacen que haya un reequilibrio y no sean tan conservadores” dentro de la Conferencia Episcopal Española, pero también por el hecho de que “el Vaticano es consciente de la realidad de Cataluña más que en otros momentos”.

El presidente de la también catalanista Liga Espiritual de la Madre de Dios de Montserrat, Joan Maluquer, dice que “la actitud del Papa en la visita da indicios positivos”. “No basta con dominar el catalán, hay que entender cómo funciona el país y la importancia de la Iglesia en el país", defiende. Si se trajera a alguien ajeno, sería un "segundo capítulo de alguien que ha hecho sufrir por el hecho de no defender explícitamente el catalán en la liturgia o en las actividades”, dice en referencia a Omella. “El Papa ha demostrado que conoce la realidad catalana y que se lo mirará”, remata mosén Cinto Busquet, clérigo comprometido con el catalanismo y que se limita a asegurar que espera un buen relevo que comprenda el país.

Los nombres

L'ARA ya informó sobre los perfiles de los candidatos para el relevo, pero a estas alturas se ha simplificado la lista. Aun así, nunca se puede descartar un “candidato sorpresa”, dicen algunas fuentes, en la línea de los nombramientos en Lleida y Girona de dos personas que no eran obispos. De hecho, en algún momento sonó en círculos eclesiales el abad de Montserrat, Manel Gasch, lo que sería un cambio de rasante inaudito en la capital catalana.

En todo caso, como nombres destacados todavía están los obispos auxiliares, como pasó en Madrid con José Cobo. Son David Abadías y Javier Vilanova. Al primero se le ve muy joven –es de 1973–, pero altamente valorado porque es doctor, organizó bien el viaje del pontífice y ha tratado casos delicados de abusos. El segundo es el que lleva el peso de la curia con habilidad. Ambos son catalanes y de la confianza de Omella. El obispo de Tortosa, Sergi Gordo, también está bien considerado y fue obispo auxiliar de Barcelona con Omella, pero el hecho de sacarlo de la sede ebrense solo tres años después le jugaría en contra.

Quien fue el gran favorito desde un principio es Francesc Conesa, ahora obispo de Solsona. Conesa podría ser un nombre de consenso, pero es valenciano, a pesar de que siempre haya estado entre los nombres más presentes por el hecho de haber pacificado la diócesis –manchada por Xavier Novell– y por haber liderado el sínodo dentro de España. En todo caso, algunas fuentes eclesiales, que apuestan por el efecto sorpresa, sostienen que “no se puede desvestir a un santo para vestir a otro”, haciendo referencia a las sedes episcopales. La opción del arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, sería una grata sorpresa para los más catalanistas, pero es altamente improbable.

Más estrambótico sería nombrar al obispo de Pamplona, el aragonés Florencio Roselló –sería una operación calcada a la de Omella, la de alguien que sabe catalán porque se formó en Cataluña– o al arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses –fue obispo de Terrassa y aprendió catalán a pesar de ser castellano de origen– o al obispo de Ajaccio, Javier Bustillo. El arzobispo de Valencia, Enric Benavent, tampoco se ve como una opción plausible.

Finalmente, por muy pronto que se haga oficial el nombramiento, no podrá entrar en el cargo antes de Navidad o de Reyes, ya que siempre se dan dos meses de margen para el relevo. A estas alturas, existe la cifra de obispos catalanes más alta de la era moderna.

Una visita significativa a Tarragona

La visita pastoral del nuncio Piero Pioppo a Tarragona la semana pasada se produjo, sin duda, en un momento clave. Pero es cierto que, más allá de lo que haya tratado con Planellas, ya estaba acordada con el anterior nuncio, pero no se había realizado.

Consultado por el ARA, el arzobispo expresa, ciñéndose exclusivamente a este viaje, que ha sido "extraordinariamente positivo" por los cuatro días en los que ha coincidido con Santa Tecla y se ha podido encontrar con religiosos, ha dado conferencias con sacerdotes y ha celebrado eucaristías, como la de Mas d'Enric por la Merced. "Ha podido tomar el pulso de la Iglesia en Tarragona", sostiene Planellas, "compartiendo el plan pastoral" para "fortalecer la comunión eclesial", además de protagonizar "un día entrañable con los presos".

Esta ha sido la primera gran visita pastoral a una diócesis de las que le tocan a Pioppo, después de que fuera a Andorra a presidir una misa. En Tarragona, Pioppo se ha esforzado por hablar en catalán –la lengua de la liturgia– también en partes de las homilías.

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