Los pisos, primero para vivir en ellos
Los datos y cifras sobre la situación del mercado de la vivienda, inaccesible tanto para compra como para alquiler para una buena parte de la población, dibujan un panorama angustioso. Uno de los últimos ha sido el informe anual del Banco de España, que, además de reflejar el esfuerzo que deben hacer las familias para pagar el lugar donde vivir y el riesgo que esto supone para el crecimiento, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de aumentar la oferta. Por un lado, calcula que hay un déficit de 700.000 viviendas, que no para de subir. Esta es la cifra que se debería poner en el mercado para frenar el empuje de los precios. Pero resulta que hay al mismo tiempo 900.000 pisos ya hechos en toda España, que suponen el 3,3% de todo el parque de la vivienda, que están en manos de extranjeros no residentes o se destinan al turismo, en lugar de ponerlos en el mercado como oferta residencial.
En el ARA hemos hecho un ejercicio con los datos sobre camas en pisos turísticos que tiene el Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat. En 10 años, Cataluña ha sumado más de 320.000, lo que supone un incremento del 123% en 2025 respecto a 2015. Y lo que más llama la atención es que son el 91% del total de camas destinadas a usos turísticos, que incluye desde las plazas hoteleras, hasta los apartamentos, casas rurales e incluso campings, que, en comparación, han registrado un crecimiento casi testimonial. Otro hecho importante es que las viviendas destinadas a usos turísticos se han disparado hasta representar casi la mitad de la oferta turística, mientras que hace diez años solo eran el 29,9%. Todo ello revela el auge de esta fórmula que distorsiona el mercado de la vivienda, en especial del residencial, que debería ser prioritario, ya que es un bien esencial que garantiza la Constitución española.
A pesar de que la distribución de esta oferta no es homogénea, gana terreno de una manera bastante generalizada en el territorio. Y Barcelona no es el único caso. Según el análisis, un municipio pequeño como Naut Aran es un caso extremo con una proporción de 3,67 plazas en pisos turísticos por habitante, seguido por Port de la Selva (3,3) y Pals (3). De hecho, hay 25 municipios donde está previsto que los turistas ocupen más plazas en casas que los mismos habitantes. Se encuentran sobre todo en la Costa Brava, en el Valle de Arán y en la parte central de los Pirineos.
Es evidente que esta avalancha de oferta estimulada por una rentabilidad que supera la de las viviendas para vivir de manera estable distorsiona el mercado, dado que no son un elemento testimonial. Y es un factor, no el único, pero sí que con una aportación importante, que contribuye a encarecer la oferta global. Y no es solo una cuestión de fondos de inversión, sino que muchos particulares que tienen más de una residencia e incluso algunos de los actores del sector turístico tradicional han adoptado esta fórmula, que les da mucha más rentabilidad. Este es un hecho que se ha constatado en muchas ciudades del mundo, que han tomado medidas para frenar el fenómeno.
Barcelona ha optado por la prohibición de los pisos turísticos en 2028, una medida que otras ciudades del área metropolitana quieren imitar y poner en marcha. Es evidente que algo, alguna regulación debe haber, aunque no hay soluciones mágicas. En Nueva York se prohibió esta clase de oferta y los precios de las viviendas no bajaron. Ahora bien, subieron menos. Ya es un comienzo para conseguir que los pisos sean, primero, para vivir en ellos, y después para otros usos.