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El BIT impulsa la bioeconomía circular agraria y forestal

El Congreso BIT 2026 se especializa y aborda dos sectores especialmente sensibles para la bioeconomía: el agroalimentario y el forestal

M.B.
19/03/2026

Los días 25 y 26 de marzo, Vic se convertirá en el epicentro del debate sobre economía aplicada en el territorio con la 5a edición del Congreso BIT. El evento, que lleva cinco años impulsando la reflexión y la conexión entre sectores estratégicos locales, abordará este año dos temáticas clave en el ámbito agroalimentario y el forestal. El BIT AGRO y el BIT FOREST serán los nuevos espacios del BIT 2026 que se dirige a profesionales, empresas e instituciones del sector agroalimentario y ganadero; y los actores del sector forestal, de la madera y la bioconstrucción, con una propuesta adaptada a sus necesidades e intereses específicos.

Esta nueva edición quiere marcar un nuevo camino en el desarrollo y futuro de un congreso consolidado y en clara expansión. "Este año nos hemos reinventado en el sentido de que hemos empezado a trabajar con dos temáticas muy diferenciadas cuando antes definimos la bioeconomía de forma muy general", explica la directora del BIT, Carme Sáez.

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Sáez define el nuevo BIT como "espacio de encuentro de referencia" en el plan de acción de la bioeconomía en nuestro territorio, al tiempo que quiere aportar soluciones y poner en práctica nuevas vías de acción más allá de las académicas para conectar proyectos, iniciativas y agentes que trabajamos para transformar recursos biológicos del territorio en actividades económicas. "El objetivo de este congreso es sobre todo incentivar que haya economía, por eso hablamos de bioeconomía". También, el BIT quiere "situar a Osona como un territorio activo en este debate."

La elección del sector agrario y el forestal no es casual. Con un PIB en torno al 20% en cuanto a la agroalimentación y teniendo en cuenta que cerca del 64% del territorio catalán es bosque, parece evidente que la bioeconomía es un elemento clave para transformar todos estos recursos en actividad económica. Tal y como explica Carme Sáez, "desde el momento cero visualizamos el BIT como una comunidad" con un directorio de personas y empresas con las que conectar y promover iniciativas tanto públicas como privadas. Además, "queremos incorporar la marca BIT 360", una especie de sello que ponga de relieve la importancia de la bioeconomía "para dar a conocer qué es la bioeconomía, cuáles son sus ventajas, y crear un relato de aceptación entre la ciudadanía".

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El Congreso BIT está organizado por la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Vic y Vicfires, con la coorganización del Centro Tecnológico BETA, el BioHub Cat, el Clúster de la Bioenergía de Cataluña (CBC) y la Diputación de Barcelona. Esta quinta edición cuenta también con el soporte del Banco Santander. Como cada año, coincide con el Mercat del Ram por su "gran valor simbólico y de atracción, sobre todo por parte de la ciudadanía y del campesinado". "Lo que queremos es que esta feria con tanta tradición se conecte con la parte más de innovación, de nuevos proyectos, y que al final acaben apareciendo nuevas oportunidades a raíz de ese contacto con la innovación y la sostenibilidad", subraya Sáez.

Francesca Famadas, Jefe Área Gestión Forestal. Generalidad de Cataluña: "En quince años los bosques pueden ser clave en la economía verde"

Cataluña es un país eminentemente forestal: el 65% del territorio está cubierto por bosques, una cifra que ha crecido en las últimas décadas por el abandono de la actividad agraria. Francesca Famadas alerta de que muchos de estos bosques son jóvenes, densos y poco gestionados, con una gran acumulación de biomasa que "los hace vulnerables a los grandes incendios, a la sequía ya las plagas en un contexto de cambio climático".

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En este escenario, el principal reto es hacer económicamente viable la gestión forestal. Con un 75% de los bosques en manos privadas, su cuidado depende directamente de la rentabilidad de los trabajos. "Si no hay retorno económico, es muy difícil gestionarlos", apunta. Esta carencia de actividad tiene consecuencias directas sobre la salud de los ecosistemas y la seguridad del territorio y "si el bosque genera valor, también garantizamos su conservación".

La bioeconomía forestal abre nuevas oportunidades para revertir la situación. "Más allá de los usos tradicionales, el reto es transformar los recursos forestales en productos de mayor valor añadido capaces de competir con materiales fósiles". La producción de biomasa para energía es ya "una realidad", y la bioconstrucción con madera estructural permite revalorizar recursos locales y reducir la huella de carbono, de la mano del centro de innovación tecnológico Hub Forestal de Catalunya.

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El corcho o el cultivo de la trufa son otros fondos, mientras que herramientas como los créditos climáticos pueden remunerar los servicios ambientales de los bosques. Todo ello refuerza la necesidad de una gestión activa, que reduzca el riesgo de incendios, mejore el ciclo del agua y favorezca bosques más resilientes. "En diez o quince años, los bosques pueden ser clave en la economía verde y circular y actuar como proveedores de materiales renovables y energía limpia".

Sergi Torrent, Gerente del Clúster de Bioenergía de Cataluña: "Hay que empoderar al sector primario y situarlo en el medio de la bioeconomía"

La bioeconomía representa una oportunidad real para transformar el modelo productivo en territorios agroalimentarios como Cataluña. Sergi Torrent destaca que permite valorizar residuos y subproductos -como deyecciones ganaderas o derivados agrícolas- convirtiéndolos en energía, fertilizantes o nuevos materiales. "Esto genera actividad económica local y nos acerca a modelos más circulares y resilientes", explica.

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Este cambio va más allá de la tecnología y obliga a repensar la relación con el territorio. "Hablamos de cómo hacemos viable la actividad económica en entornos rurales en equilibrio con el medio". La valorización de subproductos, como la zanja del aceite, puede mejorar la rentabilidad de las explotaciones y reforzar el tejido productivo. Pese al potencial, el principal freno "no es tanto tecnológico como normativo". Los actuales marcos regularatorios, pensados ​​para una economía lineal, dificultan la integración entre producción agraria y transformación industrial. Esto genera incertidumbre y desincentiva proyectos innovadores. "Es necesario un entorno estable y adaptado", señala, así como nuevos espacios híbridos –como los biopolígonos– que faciliten la proximidad entre recursos y actividad económica.

Los residuos pasan a ser un elemento central del sistema productivo. "Lo residuo en un proceso se convierte en recurso en otro", afirma. El biogás es un claro ejemplo: transforma deyecciones en energía renovable y fertilizantes, cerrando el ciclo de los nutrientes y generando nuevas oportunidades. Se trata de una tecnología "madura", con recorrido en otros países europeos, por lo que el reto es implementarla y adaptarla al contexto local.

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La bioeconomía y la bioenergía es clave en la lucha contra el cambio climático y la descarbonización, pero también "pueden generar actividad económica en zonas rurales y reducir la dependencia exterior de recursos". Por ello, "hay que empoderar al sector primario y situarlo en el medio", dado que una regulación más ágil es clave.