Beti Badia

El deseo espontáneo vs. el deseo reactivo: por qué no funcionan igual

Durante años nos han vendido una idea bastante concreta del deseo sexual: que aparece solo, por arte de magia, cuando la relación va bien y hay química. Pero la realidad es algo más compleja. Y entender esto puede evitar muchas angustias de pareja.

Y es que no existe un único tipo de deseo. Principalmente, distinguimos dos: el deseo espontáneo y el deseo reactivo.

El deseo espontáneo es el que todas tenemos en mente cuando pensamos en “tener ganas”. Es aquel que aparece aparentemente de la nada, sin necesidad de un estímulo concreto. Está muy relacionado con factores fisiológicos y emocionales: las hormonas, el momento vital, el enamoramiento, ciertas fases del ciclo menstrual o, simplemente, la energía que tenemos disponible. Es un deseo que se parece bastante al hambre: aparece y el cuerpo la nota.

Cargando
No hay anuncios

Pero después está el gran incomprendido: el deseo reactivo. Este no llega espontáneamente, sino que se despierta en respuesta a estímulos. Si el deseo espontáneo es el hambre, el reactivo sería la gula. Quizás no tenías ninguna intención de comer, pero pasas por delante de una pizzería y, de repente, necesitas una pizza cuatro quesos inmediatamente. O hueles palomitas en el cine y aparecen unas ganas inesperadas de comprar.

Con el sexo pasa lo mismo. Hay veces que “de base” no sentimos deseo, pero cuando empezamos a conectar, a besarnos, a tener espacios de intimidad o juego, el deseo aparece.

Cargando
No hay anuncios

Y aquí hay una idea importantísima: no siempre debemos esperar que el deseo venga a nosotros. Muchas veces lo hemos de ir a buscar. De hecho, esta es una de las claves del deseo en las relaciones largas: crear contextos para que el deseo reactivo tenga espacio para aparecer.