Durante años las aplicaciones de viajes se centraron sobre todo en encontrar vuelos baratos o reservar alojamientos. Ahora, sin embargo, muchas de las nuevas plataformas buscan otra cosa: facilitar los encuentros entre personas que comparten la misma manera de entender el viaje. El destino continúa siendo importante, pero también la compañía.Aplicaciones como Nomadizers o Backpackr permiten conectar con otros viajeros que coinciden en ciudad, fechas o intereses, y convierten una escapada en una experiencia compartida desde el primer momento.La dimensión social también llega al descubrimiento de los lugares que se visitan. Mientras que TourBar facilita el contacto con personas locales, plataformas como Withlocals apuestan por experiencias personalizadas guiadas por residentes, alejadas de los circuitos más masificados. Otras, como Eatwith, convierten las comidas en espacios de intercambio cultural, con cenas y encuentros alrededor de una mesa compartida.En Going Solo, por su parte, los usuarios pueden crear planes, unirse a grupos o encontrar compañeros de ruta en tiempo real. Al fin y al cabo, las nuevas tecnologías no solo han transformado la manera de organizar los viajes, sino también la manera de relacionarse.
Viajar solo, pero no tanto
Más de la mitad de los viajeros buscan conocer gente nueva durante las vacaciones, según un estudio
Si durante el año cuadrar agendas con los amigos ya puede ser un buen quebradero de cabeza, la cosa aún se complica más cuando se trata de hacer un viaje en grupo. Quizás por eso cada vez hay más personas que apuestan por viajar en solitario antes que renunciar a ello solo porque la pareja o los amigos no pueden.
Aun así, muchos de ellos tampoco quieren una soledad absoluta. Se calcula que dentro de este boom del solo travel, un 53% de los viajeros busca conocer gente nueva durante sus escapadas, según el estudio Travel Trends 2026 hecho por Skyscanner. “Los viajeros planifican sus viajes con un objetivo más definido y preparan salidas que reflejan su personalidad e intereses”, apunta Bryan Batista, director de la compañía.
En paralelo, han surgido agencias de viajes que apuestan por la formación de grupos de personas que viajan solas, pero que quieren conectar con otros viajeros con los mismos intereses. “Durante mi treintena mis amigos no podían venir de viaje conmigo y los grupos que encontraba en las agencias eran o demasiado grandes o demasiado jóvenes. Yo quería irme sola sin sentirme sola”, explica Radha Vyas. De esta necesidad creó la plataforma Flash Pack, que desde 2014 se encarga de crear grupos de personas de edades e intereses similares para poder viajar con compañía. Según la agencia, después de sus viajes el 80% de los participantes continúan siendo amigos. “Estamos obsesionados por crear buenas vibraciones en cada grupo: os sentiréis que sois amigos de toda la vida en menos de veinticuatro horas”, aseguran en su página web.
Otra plataforma que trabaja con el mismo objetivo es We Road, creada en Milán en 2017. “Nuestro trabajo se basa en crear relaciones e interacciones entre los viajeros, y no solo durante el viaje. Queremos crear conexiones entre las personas”, aseguran sus creadores. Y así lo explica uno de sus clientes: “El ambiente del grupo fue increíble: buen rollo desde el primer momento. Al final, lo mejor de todo el viaje es la gente que conoces durante el camino”, explica Raúl, que fue de fin de semana a Budapest. “Era mi primer fin de semana con desconocidos y salió todo perfecto”, añade Sergi.
Mente abierta
No todo el mundo quiere viajar solo, ni todo el mundo quiere un viaje organizado. Entre una cosa y la otra hay agencias como la de Paso Noroeste, que desde hace más de veinte años organiza viajes de grupos pequeños formados por personas “con ADN de mochileros” que buscan compartir “aventuras flexibles” e “inmersión en la cultura local”.
Álvaro Blanchard, su creador, asegura que la mayoría de los viajeros se apuntan de forma individual, aunque a veces llegan parejas o amigos. “Lo aceptamos, siempre que entiendan cuál es la filosofía de nuestros viajes: venir acompañados no significa viajar en una burbuja. La idea es sumar, mezclarse y hacer que sea una experiencia compartida entre todos”, remarca. “Se necesita empatía y tolerancia”, explica Lorena, que hizo un viaje a Vietnam con la agencia. “La gente ronca, es vegana, miedosa o le duelen los pies. Puede ser un reto, pero con buen humor y paciencia todo se acaba convirtiendo en anécdotas divertidas”, asegura. Por su parte, Marta, que hizo un viaje a Madagascar, remarca cómo la aventura no fue solo el viaje, sino toda la gente que allí conoció.
Viajar en grupo no siempre es fácil. Según Blanchard, hay que ir siempre con una actitud abierta: “Siempre funciona mejor cuando llegas con ganas de conocer, mezclarse y dejarte sorprender. Si vas con la mente cerrada, no lo disfrutarás”. Por otro lado, “cada persona es diferente. Lo más bonito es aprender de los demás, incluso a veces ceder y no imponer tu forma de ver las cosas”.
Una de las generaciones que más reivindica la independencia es también la que busca hacer más red y comunidad a la hora de hacer los viajes. ¿Cómo es posible? No son pocos los estudios que hace tiempo que aseguran que los humanos tenemos una necesidad fundamental de pertenencia. Un estudio hecho a mediados de los noventa por el psicólogo social Roy Baumeister ya concluía que la felicidad no solo depende de la libertad individual, sino de los vínculos sociales.
En la misma línea, una investigación realizada en 2014 y publicada en Psychological Science afirmaba que las experiencias positivas son mucho más intensas cuando se comparten con otras personas, incluso desconocidas. Y aún más: esto ocurría tanto en las experiencias agradables como en las desagradables. Para comprobarlo, durante el estudio los participantes probaron una chocolatina de sabor agradable. Todos consideraron que la chocolatina era más gustosa y sabrosa cuando la probaban a la vez que no cuando la otra persona estaba ocupada en otra actividad. Y lo mismo ocurría a la inversa, cuando probaban una chocolatina que tenía mal sabor.
Al final, irse solo, pero con la posibilidad de conocer gente con quien compartir aventuras y experiencias, es una de aquellas vivencias que, aseguran muchos viajeros, se recuerda toda la vida. Se trata de romper rutinas, abrirse a la improvisación y dejar espacio para que el viaje acabe llevándote por caminos que no habías previsto. En este equilibrio entre independencia y conexión es donde muchos encuentran el punto justo: la libertad de viajar a su ritmo, pero con la riqueza añadida de las conversaciones, las anécdotas y las amistades que pueden surgir en cualquier momento y que, a menudo, acaban siendo el mejor recuerdo del trayecto.
Hace tiempo que las mujeres que viajan solas han dejado de ser una excepción. Cada vez son más las que deciden moverse por el mundo sin compañía, impulsadas por una combinación de libertad personal, flexibilidad laboral y toda una red de comunidades digitales que facilitan el camino. El relato, cada vez más, ya no gira en torno al miedo, sino a las oportunidades y a las experiencias que pueden surgir durante el viaje.La escritora surcoreana Seen Aromi, autora de Sola. Ni loca ni traumatizada ni difícil (VR Europa), defiende que viajar sola no solo transforma la manera de mirar el mundo, sino también la percepción de una misma. “A través del contacto con otras mujeres viajeras, descubrimos trayectorias muy diversas que amplían nuestro horizonte sobre lo que es posible”, asegura.Este cambio también se ha traducido en nuevas formas de apoyo mutuo. “En muchos países han proliferado alojamientos exclusivos para mujeres y comunidades que facilitan la estancia y la movilidad”, remarca la autora. La transformación también es visible en el ámbito digital. Plataformas como NomadSister conectan a mujeres que viajan solas y les ofrecen alojamiento, encuentros y apoyo en diferentes ciudades del mundo.Más allá de facilitar una cama o una recomendación, estas comunidades han contribuido a crear una red internacional de confianza entre mujeres que comparten una misma manera de entender el viaje: con autonomía, pero sin renunciar a la compañía y a la ayuda mutua.