Salud mental

La actriz de 'Juego de tronos' que acabó en una secta (y ahora puede hablar de ello)

Hannah Murray, ahora retirada de la actuación, estuvo bajo la influencia de una organización que le hizo creer que la magia era real

BarcelonaHannah Murray comenzó su carrera como actriz cuando era una adolescente, pero desde hace ocho años vive totalmente retirada del mundo de la actuación. Entre el inicio y el final de su trayectoria hay dos momentos determinantes: el paso por Juego de tronos, que la hizo conocida en todo el mundo, y la entrada en una secta que derivó en una crisis de salud mental. Ahora la actriz, que para muchos siempre será recordada como la salvaje Gilly, pasa revista a sus experiencias traumáticas en la autobiografía The Make-Believe: A memoir of magic and madness. Aunque Juego de tronos es el título más popular de su filmografía, Murray también ha participado en otras producciones como la arriesgada serie adolescente Skins(2007-2013), donde interpretaba a una joven con anorexia nerviosa, o la película musical God help the girl (2014), el debut como cineasta de Stuart Murdoch, líder del grupo Belle & Sebastian. En el libro, Murray explica cómo su entrada en una secta, a la que llama "la organización", coincidió con uno de los proyectos más importantes de su carrera, la película Detroit (2017), de Kathryn Bigelow, donde tenía escenas de gran desgaste emocional. Para prepararlas, la actriz contactó con una coach de interpretación que la introdujo a la idea "de abrirte tanto como sea posible para dejar que algo pase a través tuyo". La actriz describe el proceso como "casi chamánico".

Sanación y protección

En el contexto de este proceso, Murray, a través de esta coach, entró en contacto con una organización enfocada en el bienestar personal y la guía espiritual. La actriz entró en una espiral de cursos y clases que prometían sanación y protección. A través de diferentes formaciones, Murray podía aspirar a alcanzar diferentes niveles de sabiduría. En la progresión dentro de esta organización, que le hizo creer que la magia era real, Murray acabó conociendo al líder, al que llama simplemente Steve.

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La relación de la actriz con la organización dio un giro trágico cuando, durante un curso de cinco días en un hotel de Londres, su comportamiento empezó a ser errático, debido entre otras cosas, a la privación del sueño. La actriz acabó cayendo en un estado maníaco y fue trasladada a un hospital de Londres, donde estuvo ingresada durante 28 días siguiendo la ley de salud mental del Reino Unido.

Durante el tiempo que estuvo ingresada en el hospital, Murray intercambió mensajes de texto con Steve para intentar entender qué le había pasado. "Siento que he estado experimentando algunos efectos secundarios muy graves como resultado de uno de tus cursos. Me gustaría saber si esto es normal", preguntó la actriz al líder del culto, que le respondió: "Te has liberado y todo irá bien". En esta conversación telemática, Steve también le insinuó que había estado poseída por un demonio. "Probablemente envié unos veinte mensajes por cada respuesta. No me importaba mucho que el diálogo pareciera unilateral", dice sobre los mensajes. Además, añade que, para ella, Steve estaba "en un pedestal por encima de todos los demás humanos".

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A raíz del ingreso hospitalario, a Murray le diagnosticaron un trastorno bipolar. "Los diagnósticos pueden ser complicados para según quién, pero para mí fue un gran alivio entender mis emociones a través de esta lente", señala la actriz en una entrevista al Guardian.

Actualmente, la actriz se ha retirado del mundo de la interpretación, una profesión que asegura que no echa de menos. También se mantiene alejada de todo lo que huela a industria del bienestar. "Incluso las cosas más suaves pueden ser bastante angustiosas. Ya no medito. No iría a una tienda de cristales. No hago yoga, porque no sé muy bien en qué puede degenerar algo que sea demasiado woo-woo para mi umbral personal. Pero ahora me doy cuenta de lo extendida que está esta cultura del bienestar. Con qué frecuencia gente que no conoces te lo ofrece como remedio. Dices: «Tengo problemas para dormir», y te responden: «¿Has probado la meditación?». Está en todas partes, vista como una solución inherentemente positiva. Y hay versiones inofensivas o positivas. Pero como alguien que buscaba algo que me curara completamente, una varita mágica o una bala de plata, la promesa me pareció seductora y adictiva", explica en el diario británico.