Andreu Mountbatten Windsor acabará como Juan Carlos I, "en Oriente Medio, en un país sin tratado de extradición"
El historiador Andrew Lownie prevé un exilio dorado para el ex príncipe para proteger la imagen de la Corona británica
LondresAndreu Mountbatten Windsor y Juan Carlos I son parientes lejanos: primos terceros separados por una generación. En una búsqueda sobre el exjefe de Estado español dentro de los más de 3,5 millones de archivos desclasificados por el departamento de Justicia de Estados Unidos sobre el pederasta Jeffrey Epstein, el nombre de Juan Carlos aparece en contadas ocasiones, al menos bajo su identidad o como King o King of Spain. Hasta ahora, el mensaje más revelador localizado por el ARA hace más referencia a Corinna Larsen, su examante, que al mismo monarca. Epstein se refiere a ella en una respuesta dirigida a Olivier Colom, exasesor diplomático de el expresidente francés Nicolas Sarkozy: "[...] Está intentando implicarnos en negocios en Rusia. No la he encontrado nunca, pero no me da buena espina". Es un correo de 2013, un año antes de la abdicación. Andreu, una oveja de la realeza europea tan negra como Juan Carlos –hay muchas más, como demuestran los archivos mencionados–, puede acabar, más o menos, de la misma manera que el Borbón: refugiado en Oriente Medio con el objetivo de ahorrar a la Corona británica la vergüenza de tenerlo bajo su techo, como la Zarzuela se lo ahorra con el emérito después de toda la retahíla de escándalos que le han salpicado. Este es el parecer del historiador Andrew Lownie, autor del libro Entitled: The rise and fall of the House of York [Consentido: ascenso y caída de la Casa de York], biografía no autorizada sobre los abusos y los privilegios del tercer hijo de la difunta reina Isabel II y hermano de Carlos III. "No creo que se quede en Sandringham [una propiedad del rey, en Norfolk, unos 160 kilómetros al noreste de Londres]. Creo que pasará el tiempo en Oriente Medio. Andreu hace muchos negocios en Bahréin y también hay vínculos con Abu Dabi y Catar… Viajará de aquí para allá como su pariente, el rey [emérito] Juan Carlos I de España", decía esta semana, durante una reunión informativa con miembros de la Foreign Press Association de Londres, a la que asistió este corresponsal. Y añadía: "Es probable que Andreu vaya a un país sin tratado de extradición. Lo último que quiere la familia real es un juicio que saque sus trapos sucios al sol y socave la monarquía. Pero si la gente se tomase en serio la rendición de cuentas, se le debería obligar a declarar ante la Cámara de los Comunes". Una reclamación que algunos diputados empiezan a expresar en voz alta.
Pero la monarquía británica sigue siendo prácticamente intocable. Y las medidas hasta ahora tomadas por Carlos III son poco más que estéticas. Esta misma semana, la Casa del Rey emitió un comunicado en el que prometía "colaborar" con la policía, que investiga en estos momentos las revelaciones extraídas de los archivos de Epstein según las cuales Andreu filtró información confidencial al pederasta sobre posibles negocios en Afganistán cuando era enviado comercial del gobierno británico en 2009.
Pero Lownie asegura que todo esto "es puro escaparate". Tiene razón por qué, de hecho, a Andreu no le han quitado los títulos oficialmente, sino que "simplemente ya no figura como miembro activo o protocolario de la familia real, y lo han trasladado a una casa de cinco dormitorios con servicio". El Palacio de Buckingham asegura que cooperará con la policía, si procede, pero "hace veinticinco años que saben qué pasa, y lo han encubierto, enviando amenazas legales a los periodistas". Hay muchas pruebas. Por ejemplo, la cadena estadounidense ABC suprimió en 2015 una entrevista con Virginia Giuffre después de que el Palacio de Buckingham amenazase a la emisora con la pérdida de todo el acceso a la familia real si la emitían.
El futuro de la monarquía
Andrew Lownie considera que el final de la historia definirá el reinado de Carlos III. "El rey tiene que limpiar los establos antes de que Guillermo los herede. El apoyo a la monarquía está cayendo, especialmente entre los jóvenes. Las redes sociales están impulsando esta historia ahora, y el público exige responsabilidades". El historiador se hace preguntas que, más o menos, en un país lleno de desigualdades, se hace todo el mundo: "Esto no es solo un escándalo sexual; también es un escándalo de seguridad nacional. He visto documentos de inteligencia que muestran vínculos con la inteligencia rusa, blanqueo de capitales y tráfico sexual. Epstein era un activo ruso –dice Lownie– con la misión de comprometer a personas influyentes, lo que explica las cámaras en sus casas". Y en esta red de influencia y extorsiones, el papel del ex príncipe era, de acuerdo con Lownie, pasar "información confidencial a socios comerciales, incluidos Epstein y David Rowland".
Ahora tanto el gobierno como algunos diputados y el Comité de Cuentas Públicas, finalmente, muestran un cierto interés. ¿Darán un paso definitivo y exigirán a Andreu Mountbatten Windsor una declaración formal en el Parlamento? Difícilmente. Porque sería abrir la caja de Pandora y, en palabras de Lownie, "abordar también por qué Beatriz y Eugenia –hijas de Andreu y miembros de la realeza sin funciones oficiales– tienen alojamiento subvencionado en el Palacio de St. James y el Palacio de Kensington, reformado a cargo del contribuyente. Esto es corrupción en medio de la familia real, amparada por la institución". Pero el autor desconfía mucho del sistema y de la policía: "Han tenido años para investigar y han afirmado constantemente que no había nada".
Cuando a finales de noviembre pasado salió el libro de Lownie, nada amable con el duque de York o su exmujer, Sarah Ferguson, o incluso con la Corona, el Palacio de Buckingham filtró a la prensa que todo el escándalo, y las acusaciones de violador por parte de la víctima Virginia Robert Giuffre, había llevado a Andreu a un estado próximo al suicidio. Nada más lejos de la verdad, dice Lownie: "Andreu es un narcisista integral. No ha mostrado ninguna contrición por su comportamiento. Fergie [Sarah Ferguson] es igual; Andreu no tiene ningún tipo de remordimiento. Se siente una víctima". ¿Qué falta por salir a la luz? Muchos detalles, asegura el autor: "Solo estamos viendo la punta del iceberg. Mucho material permanece dentro de la herencia de Epstein o en declaraciones judiciales bajo secreto de sumario".