El mundo pequeño de...

El maestro de pintores a los que Girona dedica ocho exposiciones simultáneas

Vicenç Huedo protagoniza la propuesta más extensa hecha jamás en la ciudad: "Es un lujo sentirse reconocido y amado en vida"

GeronaLlegó a Girona en plena Transición, cuando las casas hoy en día pintorescas junto al Onyar eran grises y "el vertedero" de la ciudad. Ahora, la ciudad que le acogió acaba de brindarle la propuesta expositiva más extensa jamás realizada en el municipio: ocho equipamientos culturales muestran más de 600 obras suyas, divididas por temáticas. Vicente Huedo (Socuéllamos, Ciudad Real, 1955) es más que pintor: también maestro de pintores. De formación autodidacta, y con el nervio del dibujo desde pequeño, ha sido profesor del Centro Cultural La Mercè durante 35 años. "Girona me ha vuelto mucho más de lo que le he dado –explica entusiasmado sobre el ciclo expositivo–. Es un lujo en vida sentirse reconocido y querido. Después de eso no creo que pase nada: es un alimento para la memoria y yo seguiré haciendo la mía con la tranquilidad de ver recompensado el trabajo hecho".

Perfeccionista por naturaleza –son una muestra de ello los pinceles ordenados y colgados en el estudio–, la pintura es su "liturgia". "Cada día necesito hacer un dibujo de al menos una hora", relata ahora que ya está jubilado. Son, en la mayoría, obras pequeñas: "El tamaño está vinculado al espectáculo. A mí no me interesa, quiero una obra cercana, que pueda estar en tu casa. También es la parte subliminar de mi obra e ideología". Todo este universo de recortes, desde los bocetos desde la ventana de casa a los paisajes urbanos y rurales, se puede contemplar en la Casa de Cultura, la Fundación Fita, la Fundación Valvi, la Merced, la Casa Masó, la delegación gerundense del Colegio de Arquitectos de Cataluña, el Museo de Arte y el Museo de Historia de Girona.

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Las casas del Onyar

El recorrido que hacía cada día del barrio de la Devesa, donde todavía vive y tiene el estudio, hasta su trabajo en La Mercè lo llevó a crear una de las series de pintura convertidas en habituales de muchos comedores gerundenses y que han contribuido a la construcción del imaginario del "Girona me enamora". Versiones figurativas pero a la vez inventadas de las casas de colores del Onyar, después de la completa restauración en los años 80 de la mano de la paleta de colores ideada por los artistas Enric Ansesa y Jaume Faixó. "Cada día atravesaba los puentes y de tanto mirar me enamoro de la imagen –rememora Huedo sobre las pinturas que se pueden ver en la Casa Masó–. Al principio tomaba una foto y copiaba lo que había. Pero después descubro que si las desordeno es la síntesis emocional de una idea, porque no es caso, y entonces me empiezo".

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Obra popular

Justamente el título del libro editado con el conjunto de su obra a raíz de la exposición en ocho espacios es (Nada) es verdad, una forma de explicar cómo Huedo aborda la pintura. Tanto los paisajes manchegos que le vieron nacer, como del Empordà adoptivo –pasa los veranos en Portbou–, o los paseos por las Ribes del Ter en Girona. "Todo es inventado –detalla–. Nunca me pongo a pintar delante de un paisaje. Como un neandertal veía a un animal y lo pintaba en la cueva. La liturgia es la misma". Pero al mismo tiempo el título de la muestra evoca cierta "provocación" al tipo de obra que ha hecho toda su vida: un arte muy cercano, popular. Un "guiño" a una realidad políticosocial, en la que "todo es una cuestión económica".

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La Dehesa

Pero si antes Huedo miraba un paisaje y veía la "parte heroica", ahora asegura que se queda con la "parte pequeña, la brizna de hierba, lo que pasa desapercibido". Son estas "cosas pequeñas e insignificantes" las que pueden contemplarse en la Fundación Valvi hasta este sábado. Y que ha motivado sobre todo la vida en torno a su barrio, en la Devesa. Situado junto al centro y construido entre los 9 y el estallido de la burbuja inmobiliaria, es una zona residencial que para el pintor tiene "las calles más humanas de Girona". Su estudio es un humilde espacio, como él mismo se define, despoblado desde hace un mes de casi toda obra por la retrospectiva que se hace en Girona. Pero es un espacio que habita día a día: "Soy muy currante, viene de herencia paterna. Si no tengo inspiración vengo a ordenar". Al otro lado de la calle hay su casa, testigo desde la ventana de toda la transformación que vivió el barrio: ser campos a un nuevo ensanche lleno de zonas verdes. "Allí donde voy siempre dibujo la ventana como un cuadro", recalca sobre los esbozos de arquitectura que pueden verse en el COAC Girona.

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La Mancha y La Merced

Quizás el paisaje de postal de Girona sea el más conocido de la sombra de Huedo, pero justamente la exposición brinda la oportunidad de conocer otra dimensión inventada: la de los paisajes naturales, también de alrededor de Socuéllamos. Es de la vida que dejó atrás cuando era un "joven bohemio y salvaje", que no encajaba con un "padre falangista del hocico fuerte". Ahora vuelve cada septiembre y mantiene un estudio desde el que replica los estudios mesetarios. Fue ya de niño cuando empezó a dibujar, pero enseguida vio que estudiar Bellas Artes en Valencia no iba con él. Gracias a Sebastià Parra descubrió Girona, y como maestro en La Mercè creó su propio lenguaje para enseñar. Siempre de forma lúdica. "No es lo mismo imponerte tú unas normas que imponerlas tú", reflexiona. Ahora, el ciclo expositivo busca justamente ser un homenaje a un maestro. "Mi objetivo no es vender, sino pintar y pasármelo bien", concluye.

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