Una pasión por resistir 42 años en un trabajo odioso
Pere Garcia, devoto de los musicales, ha recibido como regalo de los 80 años su último viaje a Broadway
Pere Garcia (Girona, 1946) conoce el secreto para aguantar 42 años en un trabajo de pixatinters que no le gustaba "absolutamente nada" y que no duda en calificar de odiosa. Hacía nóminas y contratos de trabajo. El suyo era un departamento especialmente desagradable porque "siempre tenía que ir a favor del dueño de las empresas" y si alguna vez venía el trabajador, "también debía darle la razón y capear situaciones conflictivas". Reconoce que en su fidelidad empresarial, que empezó con 16 años una vez terminado el bachillerato elemental, también pesó mucho que la empresa, la prestigiosa gestoría Cànovas de Girona, "era buenísima, así como los propietarios, jefes de sección y compañeros de trabajo". Sin embargo, el factor determinante para aguantar tantos años fue tener una gran pasión para las horas de ocio: los musicales.
De la zarzuela a los Pastorcillos
La manía le debió nacer porque el padre, que era ferroviario, le llevaba de pequeño a todas las zarzuelas que pasaban por el Teatro Municipal de Girona. La madre, que trabajaba en la fábrica Grober, era más de fútbol. Pere Garcia enseguida se dio cuenta de que la soltura que exhibía hablando de teatro, cine y musicales no le servía para hacer de actor, donde tuvo alguna experiencia poco exitosa, así que mató al gusanillo convirtiéndose en un devoto seguidor de los musicales, coleccionando discos (tiene una discografía de unas 2.000 grabaciones de unos 2.000). Y esta última no era precisamente un trabajo fácil, porque los actores amateurs no son demasiado disciplinados con el aprendizaje del texto. Cuando su hijo Jordi cumplió tres años ya le sentó a sus pies mientras hacía de apuntador. Le gustó tanto que quiso dar el salto a la escena y con los años el hijo ha acabado haciendo casi todos los papeles de la obra. La estirpe continúa.
Con Bocaccio a ver a actores desnudos
García tiene un nido de anécdotas, como cuando en 1970 realizó su primer viaje a Londres, organizado por la discoteca Bocaccio y la Gauche Divine de Barcelona, para ir a ver ¡Oh! ¡Calcutta! y Hair, que había provocado una gran controversia porque aparecen en escena desnudos integrales de hombres y mujeres. "Fuimos a Londres a ver teatro al igual que se iba a Perpiñán a ver películas prohibidas". Al año siguiente el viaje de Bocaccio le llevó por primera vez a Nueva York. En la excursión de las cataratas del Niágara coincidió con Núria Feliu, que le recomendó la obra Follias, que hablaba de actrices envejecidas que se encuentran en un teatro. "Quedé alucinado. Era un musical despampanante con cien personas en el escenario". Allí empezó su admiración por el compositor y letrista Stephen Sondheim, un nombre que conocía de los créditos de la película West Side story, que había ido a ver al cine Aribau de Barcelona 15 veces, cada vez con el consiguiente viaje en tren desde Girona. Con su rudimentario inglés, García envió a Sondheim una carta admirativa a un teatro de Londres donde había estrenado obra, con la sorpresa de que tanto él como el director, Harold Prince, le contestaron agradecidos. Fue el inicio de una relación epistolar que se mantuvo durante años. Garcia informaba a Sondheim de las versiones de sus musicales o de los programas de radio o televisión donde sonaban sus canciones. Cuando en 1995 Mario Gas llevó a escena Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet, Sondheim pidió ver la obra en compañía de un tal Pere Garcia, que los programadores del Poliorama de Barcelona no conocían y tuvieron que localizar llamando al Ayuntamiento de Girona. Sondheim murió un 26 de noviembre, el día en que Garcia hace años.
Con Fotogramas en la boda de Sara Montiel
García era un ferviente admirador de la revista Fotogramas, que ahora ha cumplido 80 años. "Entonces era una ventana de libertad con grandes firmas como Joan Sagarra, Jaume Figueras, Maruja Torres o Àngel Casas". La revista sorteó entre los lectores la asistencia a la boda de Sara Montiel y Pepe Tous para acompañar a la fotógrafa Pilar Aymerich y la periodista Maruja Torres. García sospecha que le hicieron ganar, ya que era un habitual del consultorio Míster Belvedere, la mítica sección de cine de Jaume Figueras. "Me hizo más ilusión conocer a Maruja Torres que a Sara Montiel, que entonces ya no tenía el glamour de sus inicios y se había convertido en una "petarda" que cantaba con un puro e iba a programas de televisión de variedades."
Garcia pudo jubilarse con 60 años, y ahora que acaba de cumplir 80, reconoce que estos últimos 20 años han sido los mejores de su vida. "He podido cultivar mi manía, los musicales, pero también voy dos o tres veces por semana al cine y no me pierdo casi ningún espectáculo teatral que se haga en Girona o en Salt". Ha ido una treintena de veces a ver espectáculos en Londres, también un grupo de veces en Broadway y dos veces al año se planta el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Entra gratis en muchos teatros siempre que realice una reseña. También realiza colaboraciones radiofónicas desde mediados de los 70, a veces con secciones propias. Actualmente tiene un programa en Radio Girona FM conjuntamente con el librero Guillem Terribas.
El canto del cisne en Broadway
García siempre iba diciendo a su familia que antes de morirse quería volver a Nueva York, por eso con motivo de los 80 años le regalaron lo que él mismo define como "el último viaje a Broadway". Le acompañarán la mujer, los hijos y su primer nieto. Ya tienen entradas para dos funciones, Chess y Ragtime, que es quizás el último gran musical, un género que Garcia considera que ya ha hecho el canto del cisne. "Hay una crisis terrible en Broadway. En los últimos años han muerto los grandes autores y no hay relieve. Los libretos actuales son malos, las coreografías son repetitivas y la música tampoco es creativa".