Movilidad sostenible

El paso colgado sobre el Ter que faltaba para unir Girona y el Empordà en bicicleta

La infraestructura, de 525 m, que se inaugura el domingo después de años de reivindicaciones, elimina uno de los puntos más peligrosos del recorrido entre Campdorà y Celrà por el paso del Congost

Girona / CelràEl río Ter, antes de abrirse camino hacia la llanura ampurdanesa, transcurre por un último paso estrecho. Es el Congost, a caballo entre Girona y Celrà, un cuello de botella por donde pasa la carretera que conecta con La Bisbal y Palamós (C-66), el tren que lleva a Figueres y Portbou (R11) y también un canal poco conocido y soterrado de grandes dimensiones que da agua a lo que se conoce como el Empordà del Gironès: la acequia Vinyals. El Congost se convierte en un punto de compresión obligada de todas las infraestructuras. Pero a pesar de la falta de espacio, el ingenio ha hecho posible que el domingo se estrene una nueva vía para que peatones y bicicletas puedan cruzar el Congost con seguridad, separado del tráfico intenso y peligroso de la C-66

Después de años de reivindicaciones y de una década trabajando en el proyecto, el paso colgado entre el barrio gerundense de Campdorà y el municipio de Celrà ya es una realidad. Se trata de una estructura metálica de poco más de medio kilómetro construida en voladizo en el talud ferroviario que recorre el Ter. Parte de un itinerario más largo, de 1,8 km, que por primera vez une de forma segura la ciudad de Girona con Celrà, abriendo la puerta a las aspiraciones de crear una gran vía verde que transcurra hasta Palafrugell sin tener que convivir con los coches.

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"Muchos alcaldes de Celrà ya lo habían pensado, pero el proyecto no se empezó a ejecutar hasta 2015 –recuerda David Planas, alcalde del municipio–. Se habló con un paisajista para ver el mejor trazado, que si atravesar la montaña, el río... Pero finalmente se vio que lo mejor era colgar una pasarela del talud del tren". Pero el "periplo" llegó una vez ya se tenían los permisos y el proyecto hecho para construir la infraestructura: "Nos damos cuenta de que el muro de Adif sobre el Ter, por falta de mantenimiento, el agua se lo ha comido". Fue así como después de la pandemia hubo que reforzarlo.

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Inversión de la Generalitat

Pero después llegó otro problema: cuando debían empezar las obras, con el tiempo justo para justificar el fondo europeo FEDER, estalló la guerra en Ucrania y el precio del hierro subió por las nubes. "La empresa que lo debía hacer se echó atrás", detalla Planas. Así que se llamó a la puerta del departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, teniendo en cuenta que se trataba de una "obra de país que conecta Girona con el Baix Empordà". Las obras empezaron en julio del año pasado, debían durar ocho meses y han sufrido diferentes aplazamientos, y un período en el que ya han pasado ciclistas y peatones "a pesar de las barreras de seguridad y carteles" que avisaban de que aún no se había acabado la obra, en palabras del alcalde. El coste total ha sido de 2,8 millones de euros: medio millón lo ha aportado Celrà y el resto la Generalitat, y ha contado con el apoyo de los fondos europeos de financiación Next Generation.

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la llanura de Campdorà hasta la Fuente PicanteConexiones interurbanas

El nuevo carril bici de Celrà permite a Girona sumar una nueva conexión interurbana, después de terminar el carril bici que pasa por detrás del barrio del Pont Major y lo une con la llanura de Campdorà hasta la Font Picant, a límite con el municipio vecino. Es en este punto donde hasta hace 75 años los gerundenses se reunían para descansar, hacer fiestas y comidas populares, y los más ávidos bañarse en el Ter. Hoy en día la fuente aún está allí, con un cartel y fotos que recuerdan la vida que tenía el lugar, pero ya no mana agua ferruginosa. Ahora la aspiración es que vuelva a ser una vía de paso, pero no solo para ocio, sino también para la movilidad sostenible.

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Celrà defiende que el carril bici permitirá ir a trabajar a mucha gente que vive en Sarrià de Ter o en el Pont Major y va cada día hasta su polígono. Es el camino que hace entre dos y tres veces por semana Bernat Quintana, técnico municipal, desde Girona. Tarda 25 minutos, entre 10 y 15 más que si fuera en coche. "Estoy contento de que haya una infraestructura como esta, porque ir por la carretera es muy peligroso, sobre todo porque pasan muchos camiones", explica Quintana. Ahora bien, el riesgo que ahora ve es el tiempo: "Una cosa que me molesta mucho de ir en bicicleta es la sensación de que tengo que hacer una gincana, que me hacen subir y bajar". Lo dice sobre todo en lo que respecta al tramo del Pont Major y la llegada a Campdorà. De todas maneras, dice que "debería ser asequible ir a cualquier municipio cercano en bicicleta".

Esta infraestructura forma parte de la Estrategia Catalana de la Bicicleta del Gobierno, que tiene entre sus ejes el impulso en todo el territorio catalán de una red de vías para peatones y ciclistas que permitan potenciar el uso de la bicicleta, tanto para desplazamientos cotidianos como por motivos de ocio y turismo. El objetivo es que en entornos de municipios separados por menos de 10 kilómetros haya conexiones seguras. La próxima que se inaugurará en el Gironès será otra reivindicada durante más de diez años: la pasarela sobre el Ter entre Bescanó y Sant Gregori. Las obras, en este caso a cargo de la Diputación de Girona y los dos municipios por valor de 1,8 millones de euros, ya han entrado en la recta final. Se trata de un puente de 135 metros, situado 6,7 metros sobre el cauce, pensado para resistir una riada incluso superior a la del temporal Gloria en 2021, que conectará el valle del Ter con el del Llémena.

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Carles Borrell, apasionado del ciclismo desde hace décadas, hace meses que sigue las obras de cerca. Casi a diario. Tanto estas como las de Celrà. Ve las deficiencias, avisa al Consorci de les Vies Verdes para tapar baches y escribe memorándums para que los ayuntamientos mejoren las infraestructuras. Le ilusiona ver que con estas nuevas conexiones se abrirán nuevas rutas seguras. "Ir en bicicleta es vida", dice. Una de las nuevas conexiones, es el proyecto para alargar el carril bici que acaba de nacer en Celrà hasta Palafrugell. El Consorci empezó a idearlo con los alcaldes pasada la pandemia, y según apunta Planas el proyecto ejecutivo podría iniciarse a finales de año.