Elena Oliver Saiz: "Menos del 25% de las construcciones en Venezuela cumplen las normas antisísmicas"
Profesora lectora del departamento de Tecnología de la Arquitectura de la ETSAB y secretaria académica del Instituto de Investigación Interdisciplinar en Arquitectura (IRIA)
Londres / BarcelonaElena Oliver Saiz es profesora lectora en la Universitat Politècnica de Catalunya y especialista en ingeniería sísmica. Doctora por la Universitat de Granada, ha investigado simulación no lineal, elementos finitos y disipación de energía, con estancias complementarias en Berkeley. Ha trabajado como project manager en grandes proyectos internacionales y actualmente centra la investigación en el comportamiento sísmico de edificios altos con sistemas de disipación de energía.
En esta entrevista aporta la visión técnica de cómo, desde la arquitectura y las técnicas de construcción, se pueden prever las peores consecuencias de terremotos, como el de Venezuela.
¿En qué medida están preparados los edificios y las infraestructuras venezolanas para resistir terremotos de magnitud superior a 7 en la escala de Richter?
— En el ámbito normativo, habría que hacer un estudio más detallado de las aceleraciones registradas en cada caso para determinar si se corresponden con lo que prevé la normativa según la situación, aunque posiblemente se puedan relacionar con los niveles más elevados que prevé la normativa venezolana reciente para algunas de las zonas afectadas. A pesar de ello, el problema más grande tiene que ver con la falta de aplicación efectiva y la existencia de edificación informal autoconstruida. A esto habría que sumarle la edificación que ha podido quedar infradimensionada porque se construyó con anterioridad a las normativas más recientes.
¿Qué características del urbanismo y del parque inmobiliario de Caracas hacen que la ciudad sea especialmente vulnerable a un gran terremoto?
— El problema más grande son los edificios de autoconstrucción informal, donde la calidad de la construcción es muy deficiente. Además, su vulnerabilidad se puede ver agravada por la topografía accidentada o la naturaleza del terreno.
¿Qué medidas deberían priorizar las autoridades venezolanas para reducir los daños y el número de muertos en futuros grandes sismos?
— Se podría implementar un programa de refuerzo estructural que priorice las infraestructuras críticas, como hospitales y escuelas, pero que también obligue a tomar ciertas medidas para la edificación de tipo residencial. Además, sería imprescindible mejorar los mecanismos de revisión técnica adecuados que obliguen a la aplicación efectiva de la normativa existente.
¿Cuáles son las principales diferencias entre la normativa antisísmica de Venezuela y la de países como Japón o Chile?
— Entre estos países existen diferencias críticas que tienen que ver con el desarrollo normativo a lo largo del tiempo, pero también con su aplicación efectiva. Chile fue pionero en Sudamérica en implementar su primer código en 1935. Por otro lado, Venezuela también fue de las primeras en adoptar su primera norma en 1939, y tuvo un punto de inflexión clave tras el terremoto de Caracas de 1967, que actuó como catalizador para una revisión profunda de la normativa. Por su parte, Japón se diferencia por su vanguardia técnica, ya que permite planteamientos mucho más refinados que van mucho más allá del enfoque basado en fuerzas, más común en otras normativas. Sin embargo, el nivel de cumplimiento y aplicación efectiva es la mayor divergencia: mientras que en Chile se estima que las normativas se aplican en más del 75% de los edificios, en Venezuela el cumplimiento de las normas se calcula en menos del 25% de las construcciones. Como consecuencia, el aumento de la construcción informal en Venezuela ha generado una gran cantidad de viviendas que quedan fuera de control normativo.
¿Qué tipos de edificios o infraestructuras suelen presentar mayor riesgo de colapso en un sismo de esta magnitud?
— Aparte de los barrios de autoconstrucción informal, prácticamente sin capacidad estructural para resistir este tipo de eventos, entre el resto del parque edificado más o menos formal suele haber problemas de diseño que son bien conocidos en el campo de la ingeniería sismorresistente. Entre estos problemas destaca la existencia de plantas bajas con menor resistencia que las plantas superiores, la presencia de pilares cortos (habitualmente por la anexión de un muro que no se ha considerado como elemento estructural, pero que restringe su capacidad de deformación lateral) o la condición de viga fuerte y pilar débil. Todos estos errores de diseño provocan un mal comportamiento de la estructura, ya que pueden producir una falla frágil.
¿Es posible reforzar edificios antiguos para que cumplan estándares antisísmicos modernos, o a menudo resulta más viable sustituirlos?
— Totalmente y, a menudo, es mucho más viable económicamente reforzarlos. Las técnicas modernas, como el uso de disipadores metálicos o el encamisado con polímeros reforzados con fibras, permiten mejorar la resistencia y la ductilidad. Estas técnicas avanzadas ya están muy desarrolladas y se pueden implementar de manera relativamente sencilla.
¿Pero se hace habitualmente?
— Uno de los problemas principales es que la normativa sismorresistente ha evolucionado rápidamente en muchos países, a una velocidad muy superior a la de la renovación del parque inmobiliario existente. Por ejemplo, en la Unión Europea el 80% del parque edificado es anterior a los años noventa y el 40% anterior a los sesenta, períodos en los cuales las normativas sísmicas eran inexistentes o muy rudimentarias. Esto ha provocado que muchos edificios hayan quedado claramente infradimensionados respecto a los estándares actuales. En nuestro país, a pesar de que los edificios deben pasar inspecciones técnicas obligatorias periódicamente, estas a veces se centran en el estado visible de la estructura bajo acciones gravitatorias, sin abordar directamente la necesidad de una actualización ante cargas sísmicas siguiendo los criterios actuales.