Brasil, la pieza más preciada del tablero latinoamericano para Washington y Pekín
Trump exige la sumisión política del país, mientras Xi cultiva una relación pragmática para proteger el acceso a las materias primas, el comercio y las inversiones
São PauloEl viernes, a 48 horas de las elecciones de Brasil, Washington suspendió los servicios consulares en todo el país “por motivos de seguridad”, una decisión polémica secundada por Australia, que añadió tensión y aún más desconfianza del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva por la injerencia de la administración republicana en el proceso electoral brasileño.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, han tomado partido por el candidato de la familia Bolsonaro, sumiso y dispuesto a arrodillarse ante Washington. Los republicanos están consiguiendo el objetivo de arrinconar a la izquierda y, como si fuera un efecto dominó, han ido ganando adhesiones en la región que consideran su zona natural de influencia. La alianza ideológica con la extrema derecha brasileña es un movimiento geopolítico más, en una guerra de fondo en la que los Estados Unidos atacan los intereses económicos y comerciales chinos en Latinoamérica.
Lula da Silva, en cambio, ha plantado cara a Trump, que ha aplicado dos tarifazos a Brasil desde 2025 y ha intensificado las presiones diplomáticas. El gigante sudamericano se ha mantenido, hasta ahora, fuera del Escudo de las Américas, una iniciativa multinacional de cooperación militar y seguridad ideada por los republicanos y que ya agrupa a quince países latinoamericanos y caribeños con ejecutivos conservadores. El veterano dirigente ha hecho de la defensa de la soberanía una de sus banderas electorales y en la última Asamblea General de la ONU aseguró que “Brasil no es el patio trasero de nadie” cuando denunció “un contexto en el que se han intensificado las tentaciones hegemónicas”.
China, con la calculadora en la mano
Si los Estados Unidos han optado por jugar una partida política en Brasil a cara descubierta, China, en cambio, con una postura mucho más cauta y pragmática, prefiere mantenerse públicamente al margen de la contienda electoral y fundamentar su relación con el gigante sudamericano en la órbita comercial y económica.
Xi Jinping prefiere a Lula da Silva. Ahora bien, la experiencia durante el gobierno de Jair Bolsonaro, ahora encarcelado por un intento de golpe de estado, está muy presente en el imaginario de los chinos. A pesar de los ataques recibidos por parte del presidente brasileño, Pekín siguió con la política de fortalecer los lazos comerciales con el país, donde entonces –y todavía ahora– tenía un aliado estratégico: el lobby de los productores y exportadores de commodities agrícolas y ganaderas, que, a pesar de ser uno de los votantes más fieles de la familia Bolsonaro, continúan haciendo negocios con la superpotencia asiática.
La relación entre ambos países, que mantienen intereses cruzados, está muy consolidada y no depende del color político de quien gobierna desde el palacio de Planalto. Desde 2009, China es el principal comprador de productos brasileños, con la soja, el petróleo y el hierro como los tres grandes pilares. La guerra arancelaria de Trump ha tenido como efecto secundario no deseado por Washington la preferencia de los brasileños por un aliado comercial más previsible como es Pekín, que no quiere conflictos con su principal proveedor de alimentos.
Paralelamente, en 2025, Brasil se convirtió en el principal destino planetario de las inversiones chinas, con 6.100 millones de dólares, que han entrado con fuerza en los sectores de la minería, la energía y el petróleo, la tecnología y los automóviles eléctricos. La sintonía entre Lula da Silva y Xi Jinping, que mantienen una comunicación fluida, ha sido clave. Los dos dirigentes comparten la apuesta por el multilateralismo, potenciando el bloque de los BRICS, y por la desdolarización de las transacciones internacionales –hechas en yuanes y reales– para mitigar la influencia estadounidense durante los arrebatos de Trump.
Las tierras raras, un nuevo campo de batalla
Brasil tiene la segunda reserva de tierras raras más importante del mundo (se calcula que entre el 23% y el 25%) y, en la próxima legislatura, todo apunta a que se convertirá en una nueva fuente de conflicto entre los Estados Unidos y China para asegurarse su control. El reto de Brasilia será encontrar el punto de equilibrio.
Donald Trump ya trasladó su interés en este campo a Lula da Silva, un interés en el que hay entrelazadas cuestiones familiares: el hijo del presidente estadounidense sería uno de los inversores en un conglomerado minero que quiere explotar estas materias primas en el estado de Minas Gerais.