La clave del triunfo de Lula: el "ejército" de WhatsApp que ha movilizado a 10 millones de seguidores

El veterano dirigente ha fundamentado la reelección en una comunicación digital que ha contrarrestado los algoritmos pro extrema derecha, las movilizaciones en la calle y la recuperación del nacionalismo ante las injerencias

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André Janones y Lula da Silva la noche electoral.
29/10/2026 - 07:04 h

São PauloLula da Silva se ha erigido en el muro contra la expansión del trumpismo en Latinoamérica con una remontada electoral histórica, improbable y sin precedentes. La victoria, que le permitirá iniciar su cuarto mandato presidencial en Brasil el 5 de enero, viene cargada de simbolismo: es una rebelión de las bases populares, en la que las mujeres han vuelto a tener un papel clave, en defensa de la democracia y la soberanía ante la amenaza de un golpe de estado institucional que encarnaba la candidatura del hijo de Jair Bolsonaro.

El escenario era del todo desfavorable para Lula. Externamente, el tsunami ultraconservador en Latinoamérica venía de sumar siete victorias consecutivas en las elecciones presidenciales, barriendo a los candidatos progresistas y tiñendo la región de gobiernos absolutamente alineados con los intereses del trumpismo. E internamente, a la voluntad de cambio de el electorado de clase media-baja, que es el que más sufre el aumento del coste de la vida y el endeudamiento, se unía la alianza del mercado financiero; los exportadores de materias primas agrícolas, ganaderas y minerales, y los grandes conglomerados empresariales –incluyendo a los grupos de medios de comunicación–, que se habían alineado con la extrema derecha, entusiasmados por el ajuste fiscal que prometía Flávio Bolsonaro. Este tijeretazo, del cual pagarían las consecuencias los más pobres, podría haber llegado a los 40.000 millones de euros.

Lula, sin embargo, ha demostrado por qué es el político latinoamericano más influyente de la historia contemporánea. Ha sido capaz de sumar 10 millones de nuevos votos respecto a la primera vuelta –en la que resultó derrotado–, reducir la abstención y conseguir el apoyo de tres de cada cuatro nuevos votantes. Su triunfo no se entiende sin el proceso de reinvención y actualización que ha protagonizado, y que ahora promete trasladar a su nuevo gobierno.

Un político de la vieja guardia, con cinco décadas de vida pública y que este martes cumplió 81 años, analógico, que hasta hace una semana ni siquiera tenía teléfono móvil, y orgánico, con el Partido de los Trabajadores (PT) bajo su control, ha adoptado una fórmula de éxito, exportable a otros países, principalmente a los de la región con una pirámide social parecida.

Por primera vez la izquierda brasileña ha sabido articularse digitalmente, contrarrestando finalmente el ecosistema de bots bolsonaristas, que funciona eficazmente desde las presidenciales de 2018 promoviendo fake news y desinformación cada día. El diputado de Minas Gerais André Janones organizó el canal de WhatsApp Exército de Lula, que la justicia electoral brasileña canceló dos veces y que ha acabado reuniendo 10,7 millones de seguidores, desde donde ha dirigido todas las consignas en las redes en un ambiente digital muy desfavorable, en el que tanto Meta como X han tenido que dar explicaciones por su parcialidad.

"Quiero agradecer al compañero Janones, nuestro general, que ha tenido un papel exponencial en esta campaña, por levantar cada día la moral de nuestra gente", decía Lula el domingo en su discurso de celebración de la victoria, mientras el público gritaba: "¡Janones, guerrero del pueblo brasileño!" A su lado, el "general" digital del movimiento de la izquierda brasileña se emocionaba.

Las masivas movilizaciones de la izquierda en la calle de las últimas semanas, que han recordado a las de 1992, cuando se reclamaba el impeachment de Fernando Collor de Mello, se han convocado a través de las redes sociales, sin la coordinación del PT, con una presencia masiva de gente joven.

"He entendido el mensaje, estas elecciones me han enseñado muchas lecciones: cambiaré la forma de gobernar, haremos que el pueblo participe más y la comunicación digital ganará un espacio muy grande", ha asegurado Lula, que ya trabaja en la formación del nuevo ejecutivo, que se encontrará con una oposición de extrema derecha muy organizada y combativa en el Senado y en el Congreso.

Recuperación de los símbolos nacionales

La movilización popular ha venido acompañada de la recuperación, por parte de la izquierda, de los símbolos nacionales, de los cuales se habían apropiado los extremistas y golpistas desde hace una década: la bandera misma y las camisetas verdes y amarillas de la selección brasileña de fútbol. El nuevo nacionalismo lulista se fundamenta en la defensa de la soberanía. En primer lugar, desde el punto de vista territorial, por la amenaza que supone que los Estados Unidos hayan designado este año a las dos grandes organizaciones del narcotráfico brasileño, el PCC (Primeiro Comando da Capital) y el CV (Comando Vermelho), como "organizaciones terroristas", cosa que podría dar pie a intervenciones militares. Y en segundo lugar, en lo que respecta a la explotación de los recursos naturales, incluyendo las tierras raras, que son prioritarias para la familia de Donald Trump.

La victoria de Lula supone una derrota para Washington, ya que la administración republicana había movido los hilos para propiciar el retorno de la extrema derecha al poder. El día siguiente de las elecciones, Donald Trump no daba por cerrada la ofensiva ni siquiera después de la derrota electoral de Bolsonaro y ponía en duda la limpieza de los comicios, que calificó de "fraudulentos", sin aportar ninguna prueba. Las declaraciones de Trump son el último episodio de un intento de injerencia que comenzó con dos "tarifazos" a las importaciones brasileñas para castigar económicamente al gobierno de Lula. Después continuó con las tensiones diplomáticas, que comportaron la revocación del visado a la embajadora brasileña en Washington, y con el apoyo a la candidatura bolsonarista. A todo ello se añade el papel de las grandes tecnológicas, cuestionadas por haber favorecido la difusión de los mensajes de la extrema derecha en detrimento de los contenidos de apoyo al candidato a la reelección.

Javier Milei, que es la extensión de la administración republicana en Sudamérica, ha guardado silencio y es el único presidente de la región que no ha reconocido el triunfo de la izquierda. El presidente argentino insultó gravemente a Lula en la convención en la que Flávio Bolsonaro fue elegido candidato del Partido Liberal, hecho que provocó que el ejecutivo brasileño llamara a consultas al embajador argentino.

El eje Brasilia - Ciudad de México

En cambio, el freno al bolsonarismo y al trumpismo ha sido celebrado con intensidad desde México, que es la otra gran democracia de la región con un gobierno progresista. "Estamos felices y contentos del triunfo de Lula, felicitamos a todo el pueblo brasileño, es un soplo de aire fresco para América Latina y el Caribe", ha dicho efusivamente la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que terminará su mandato de seis años en septiembre de 2030 sin posibilidad de reelección.

Brasilia y Ciudad de México, que mantienen una relación tensa con Washington, se consolidan como los dos principales polos de resistencia progresista al trumpismo en el continente. Las dos economías más grandes de la región defienden la soberanía nacional y el multilateralismo ante la ofensiva estadounidense para restablecer su hegemonía continental e imponer una política de zonas de influencia. Sin embargo, la profunda dependencia económica de México respecto de los Estados Unidos obliga a Sheinbaum a mantener una relación más pragmática con la Casa Blanca, mientras que ante los "arancelazos" Brasil ha optado por abrir nuevos mercados.

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