Trump revoca la invitación de Canadá a su Junta de Paz
La rectificación del presidente de Estados Unidos llega después de que el primer ministro canadiense recibiera una ovación en Davos
BarcelonaEl discurso que hizo el primer ministro canadiense, Mark Carney, desde Davos –en la que enterró el viejo orden mundial– no gustó a Donald Trump. Al día siguiente de oírle, el presidente de Estados Unidos replicó que Canadá "vive gracias a Estados Unidos" y dijo al primer ministro que debería estar agradecido por la generosidad de Washington. "Recuerda esto, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones", remachó.
En un paso más para mostrar su descontento, el presidente de Estados Unidos ha decidido revocar la invitación a Canadá para sumarse a su Junta de Paz, el ente que presentó el jueves desde el foro económico mundial y que, además del conflicto de Gaza, pretende que sirva para resolver otros retos globales. "Por favor, permita que esta carta sirva para representar que la Junta de la Paz le retira la invitación respecto a la unión de Canadá a la que será la junta de líderes más prestigiosa nunca reunida", ha escrito el presidente estadounidense en Truth Social, sin dar más explicaciones. Canadá había indicado que se incorporaría al organismo, aunque no estaba dispuesto a pagar la cuota de mil millones de dólares exigida por ser miembro permanente.
La rectificación de Trump llega después de que el primer ministro canadiense recibiera una ovación con el público de pie en Davos. En una intervención que la presidenta del think tank Chantham House, Bronwen Maddox, ha definido como "el discurso de una generación", Carney hizo un llamamiento a los países que no son grandes potencias en cerrar filas y formar alianzas "porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú".
"La nostalgia no es una estrategia", alertó instando al resto de estados a aceptar que "el viejo orden no volverá". Sin mencionarlos directamente, Carney denunció la hipocresía de Estados Unidos señalando el vacío entre los valores que proclamaba y sus actuaciones, que a su juicio el resto de países aceptaban porque eso les beneficiaba: "El derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor en función de la identidad del acusado o de la víctima".
Dos visiones opuestas
Las palabras del canadiense han generado un gran alboroto. Más allá de la lucidez de haber señalado el derrumbe de la confianza en el sistema de normas vigente hasta ahora, el éxito del discurso de Carney recae en su capacidad de erigirse en brújula moral, opina el analista del Chantham House Grégoire Roos. Carney, dice, ofrece a los países perplejos ante el papel estadounidense un liderazgo y la esperanza de que una tercera vía es posible.
El ascenso repentino e involuntario del primer ministro canadiense en líder opositor en Trump viene precedida de un deterioro de las relaciones entre Washington y Ottawa. En el encuentro cara a cara que mantuvieron los dos dirigentes en la Casa Blanca en mayo, Trump aseguró que "la frontera entre Canadá y Estados Unidos es una línea artificial". El líder canadiense no se arrugó y defendió que "Canadá no está en venta", a lo que Trump respondió: "El tiempo lo dirá, pero nunca digas nunca".
Otros analistas interpretan la decisión de Trump como un intento de limitar la participación en la Junta de Paz a líderes afines para evitar que le cuestionen las decisiones del organismo. Por ahora, sólo 35 estados han confirmado que integrarán este nuevo ente impulsado por Washington. El resto, incluidas las demás potencias, se han abstenido de confirmar su presencia por los temores de que acabe convirtiéndose en un órgano paralelo a las Naciones Unidas que pueda minar su autoridad.